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EMERGENCIA CLIMÁTICA

Colau defenderá el peaje en Barcelona si la zona de bajas emisiones no basta

El Ayuntamiento de BCN se da seis meses para ver si el veto a los coches más sucios surte efecto

El gobierno no lo contemplaba hace un año pero ahora apela a la emergencia climática

Carlos Márquez Daniel

Ada Colau en el Saló Gòtic del ayuntamiento cuado presentó su acuerdo de gobierno con el PSC, en julio. 

Ada Colau en el Saló Gòtic del ayuntamiento cuado presentó su acuerdo de gobierno con el PSC, en julio.  / DANNY CAMINAL

La contaminación, que sin lugar a dudas será uno de los temas estrella del nuevo mandato en el Ayuntamiento de Barcelona -amén de los clásicos de la seguridad, el turismo y la vivienda-, se ha convertido este miércoles en el primer frente abierto por Ada Colau, justo un día después de aprobar su cartapacio. La alcaldesa ha deslizado la posibilidad de que la capital catalana, en un futuro no muy lejano, instale un peaje urbano (cobrar por circular por determinadas áreas) para intentar reducir el uso del vehículo privado en la ciudad, algo que lleva intentándose, sin demasiado éxito, desde inicios del mandato anterior.

La capital catalana pone en marcha la zona de bajas emisiones (ZBE) en enero del 2020. Ya está operativa desde hace dos años y medio, pero no ha habido ni una sola restricción de tráfico a pesar de que las alertas por contaminación han sido abundantes. En cualquier caso, con la llegada del nuevo año, el veto a los vehículos más contaminantes ya se aplicará por defecto, lo que debería dejar fuera del perímetro que marcan las rondas de Dalt y Litoral a cerca de 50.000 automóviles, que podrían ser, según cálculos municipales, 125.000 para el año 2024. “Tenemos que hacer esto y más”, ha dicho Colau, momento en el que ha citado el peaje urbano. “Quizás la zona de bajas emisiones permanente no es suficiente y tenemos que estudiar otras medidas como el peaje que nos piden las entidades”.

Al ser preguntada, en una entrevista a TV3, por los detalles de esta propuesta, ha señalado que si pasados seis meses a partir de enero, la contaminación por dióxido de carbono no se ha reducido como sería deseable, “será el momento de implementar otras medidas”. Quizás consciente de que no era buena idea prometer, la alcaldesa ha desviado el debate hacia la polución que generan infraestructuras como el puerto y el aeropuerto, para las que considera que habría que imponer un “límite a su crecimiento”. Para todo ello, ha añadido, al  gobierno local “no le temblará el pulso” a la hora de plantar cara al monopolio que todavía hoy el vehículo privado ejerce en la calle. No en cuanto a número de desplazamientos (el 17% se realizan en transporte privado frente al 46,5% a pie y el 33,4% en transporte público) sino por el espacio que ocupan en una ciudad tan apretada y sin opciones de crecimiento. Colau se ha acordado de las críticas que recibieron por la implantación de la supermanzana del Poblenou, por la implantación de nuevos carriles bici o por el plan fallido (por ahora) de unir los dos tranvías; proyectos todos ellos, para los que cree que ahora hay mayor “conciencia general” sobre su necesidad. “No podemos esperar ni dejarlo para más adelante”, ha sostenido.

Plan de emrgencia climática

La propia alcaldesa presidió la semana pasada la primera sesión de la mesa de emergencia climática de Barcelona, donde se abrió un periodo de reflexión para, en enero, coincidiendo con el veto a los autos sucios, decretar el estado de emergencia climática. Lo que sí hará el consistorio en estos meses es, entre otras medidas, pintar un carril bus en Aragó, eliminar un vial en Mallorca entre Diagonal y Meridiana y convertir en zonas 30 calles con dos carriles de circulación. Para muchos, la sensación fue que el ayuntamiento aprieto pero no ahoga contra el calentamiento global. El diario 'The Guardian' hacía referencia al clima barcelonés hace algunos días. Decía que Londres, en el 2050, podría tener las mismas temperaturas que aquí si no se mima un poco más el planeta. Cómo estará la capital para entonces, mejor no pensarlo.       

Para entender mejor qué significa el peaje urbano para Barcelona se impone antes un poco de contexto. Vaya por delante que este diario preguntó al gobierno de Colau hace exactamente 14 meses sobre la cuestión, y la respuesta fue “no se contempla” precisamente porque se fiaba la reducción de emisiones a la puesta en marcha del veto a los vehículos que más polucionan. El problema, sin embargo, no se entiende sin una mínima radiografía de la movilidad metropolitana, una reflexión sobre los complicado que sigue resultando acceder a la gran ciudad desde los municipios colindantes en transporte público, ya sea autobuses (se están mejorando frecuencias y rutas) como en tren (la eterna batalla Estado-Generalitat por la gestión de Rodalies). Se empieza a trabajar tímidamente en los park&rides (aparcamientos disuasorios en la estaciones ferroviarias) y se empiezan a crear conexiones ciclistas entre ciudades. Pero a la vista está de que lo hecho hasta ahora no basta. La pregunta es inevitable: ¿se entenderá la creación de un peaje urbano cuando la alternativa al coche privado no es eficaz ni rápida para recorrer unos pocos kilómetros? ¿Y cómo casa un peaje urbano con proyectos públicos detenidos como el tramo central de la línea 9 del metro? 

Los menores inmigrantes

En otro orden de cosas, Colau, ha denunciado "falta de recursos" para atender a los menores inmigrantes y ha reclamado la colaboración de todas las administraciones para atenderles.

"Como sociedad, queremos acoger y lo queremos hacer bien", ha afirmado la Colau en una entrevista en TV3, en la que ha destacado que el ayuntamiento "ha puesto millones de euros, hemos creado pisos" para atender a los inmigrantes que llegan a Barcelona, a pesar de que "no tenemos la competencia para ello". 

En este sentido, la alcaldesa ha pedido que Generalitat y Estado "aprueben presupuestos y trabajen al 100 %", porque "hay políticas que no pueden esperar más", a pesar de reconocer que "estamos en una situación de excepcionalidad, con presos políticos".