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BARCELONEANDO

El juego de los espías

Ramón de España

Francisco Veiga, en la librería Somnegra.

Francisco Veiga, en la librería Somnegra. / ELISENDA PONS

El jueves pasado, a media tarde, me planté en la estupenda librería especializada en el género policial Somnegra para asistir a una presentación que, finalmente, no se celebró: el dueño del establecimiento tiene otro trabajo -para compensar lo que no gana con el literario, intuyo- y las cosas se le habían complicado a última hora. Como era él quien debía presentar la primera novela del historiador Francisco Veiga (Madrid, 1958) y darle un poco de conversación al autor, la cosa se anuló sin tiempo de avisar al respetable público. ¡Así es la azarosa vida del librero independiente, amigos!

Me llevé a Paco a tomar un café y a enterarme de por qué le había dado a un catedrático de Historia Contemporánea de la Autònoma -lleva dando clases ahí desde 1983- por pasarse a la ficción y, concretamente, al 'thriller'. “Lo mío no son exactamente novelas policiacas”, me comentó en una terraza, sin quitarse una gorra muy adecuada para deambular por los alrededores del Checkpoint Charlie de cuando la Guerra Fría, “Me siento más cercano a Graham Greene que a Georges Simenon, del que nunca he podido llegar al final de ninguna de sus novelas. Prefiero insertarme en el género de la novela de espías. Y me mueven las historias inmediatas, prácticamente las que están sucediendo mientras escribo. Una especie de literatura del instante. Los atentados del verano de 2017 me pillaron acabando 'Ciudad para ser herida' y tuve que meterlos en la trama”.

Paco Veiga ha publicado 'Ciudad para ser herida',  una novela de espías en la Barcelona de hoy

'Ciudad para ser herida' es un libro de espías asaz trepidante que transcurre en una Barcelona en la que siempre parece que está a punto de suceder alguna desgracia. Agentes del Cesid son asesinados en diferentes puntos del planeta y todos formaban parte del Informe Pata Negra, un dossier capaz de causar graves daños al estado y que obraba en poder de Jordi Pujol. Un periodista investiga los hechos, asesorado por un amigo librero que compagina su independentismo con sus labores de soplón para los servicios deiInteligencia, mientras un equipo del Cesid en Barcelona intenta averiguar qué está pasando.

Uno de esos agentes, el catalán Genís -que aquí no pasa de personaje secundario- protagonizará la próxima novela de Veiga: “Empieza con un intento de asesinato de Puigdemont y pretende demostrar cómo todo está interconectado hoy día y un personaje aparentemente menor puede verse involucrado en conspiraciones mundiales. La mayor parte de la historia transcurre en Kazajstán, un sitio que me conozco bastante bien de cuando escribía en la prensa sobre la crisis de los Balcanes en el que subsiste una extraña tradición: dentro de un cercado, cuatro jinetes compiten entre sí para ver quién se hace con una cabra muerta -en sus orígenes, la cabra estaba viva y la iba diñando con cada embestida de los que montaban a caballo-, hasta que el bicho queda reducido a un pingajo sanguinolento. La novela se llamará 'Las reglas de la cabra'. Y la cabra es Puigdemont”.

La siguiente novela del catedrático de Historia empezará con un intento de asesinato de Puigdemont

Paco Veiga nació en Madrid por casualidad, ya que su padre, prototipo del gallego errante, se dedicó durante años a pasear a su familia por diversas ciudades españolas y extranjeras, hasta asentarse, más o menos, en Barcelona. Además de dar clases en Bellaterra -donde forma parte de un grupo de estudio sobre el regreso y el avance de la ultraderecha en Europa-, nuestro hombre ha publicado una quincena de ensayos geopolíticos y para algunos, entre los que me cuento, sus crónicas balcánicas de los años 90 en 'El País' nos ayudaron a entender un poco mejor el delirio criminal de los Milosevic y los Karadjic.

Publicada por la pequeña pero selecta editorial Mankell, 'Ciudad para ser herida' es la prueba de que la ficción, en estos momentos, interesa y entretiene más a su autor que cualquier nueva incursión en la ensayística: “La verdad es que me divierto más fabulando que insistiendo en lo mío. Debe ser cosa de la edad”. Esperemos que 'Las reglas de la cabra' se presente en sociedad como Dios manda.