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BARCELONEANDO

El pulpo y el garaje

La producción de videojuegos se dirige a los más jóvenes, como se pudo comprobar en la Barcelona Games World

Algunos padres contaban a sus retoños que habían jugado con los juegos 'retro' y los chavales los miraban como momias egipcias

Ramón de España

Imagen aérea de la feria Barcelona Games World, el pasado sábado.

Imagen aérea de la feria Barcelona Games World, el pasado sábado. / EL PERIÓDICO

Gracias a la editorial Malpaso, hace unos años pasé una larga temporada rodeado de miembros de la familia Amis: me toco traducir la mitad (corría prisa) de 'Sobrebeber', una recopilación de artículos del padre, Kingsley Amis, sobre el bebercio al que dedicó toda su vida y que lo convirtió en sus últimos años en un viejo muy desagradable, un mean drunk, que dicen los anglosajones, y 'La invasión de los marcianitos', que narraba la adicción del hijo, Martin Amis, a los videojuegos rústicos de principios de los años 80 (el autor se desintoxicó en seguida y, además, abominó públicamente del librito, que tenía su gracia).

A diferencia de Kingsley Amis, yo dejé hace años de darle al frasco. Y a diferencia de Martin Amis, mi experiencia con lo que entonces llamábamos las máquinas de marcianitos se redujo a unas partidas de tenis en pantalla y a la destrucción de algunas naves extraterrestres. Otros se engancharon a los videojuegos y siguen en ello, aunque la actual producción se dirige a los más jóvenes, como pude comprobar hace poco en mi visita al centro ferial de Gran Vía, donde se celebraba la tercera edición del Barcelona Games World, que este año ha alcanzado la muy respetable suma de 138.000 visitantes.

¿Qué hacía un pulpo analógico como yo en un garaje virtual como el BGW? Supongo que me movía la curiosidad. Aunque me considero un tipo del siglo XX, a veces me gusta asomar la nariz por el XXI, más que nada para ir reuniendo motivos para no quejarme cuando el Señor se me lleve, ya que soy de natural apocalíptico y cada día me gusta más no moverme de mi apartamento, en la tranquilizadora compañía de libros, cómics, películas y discos viejos. Ahora entiendo a aquellos carcamales que, en mi adolescencia, hablaban de su época, como si la que todos vivíamos ya no lo fuese. Y es que no lo era. La época de cada uno se concentra en su juventud y primera madurez: a partir de ahí, uno se pierde, sobre todo si las cosas transcurren a la velocidad actual.

La sección de Retro Games

Para no sufrir un 'shock' de entrada, me fui directamente a la sección Retro Games, donde había máquinas que a los niños les debían parecer del pleistoceno. Algunos padres jóvenes les contaban a sus retoños que ellos habían jugado con esos engendros, y los chavales los miraban como si fuesen momias egipcias. Menos mal que no me miraron a mí, pues me habrían reconocido como el diplodocus que soy.

Deambulaban unos adolescentes  disfrazados de sus héroes favoritos que inspiraban tanta penita como ternura

Como en toda 'frikada' que se precie, en el BGW se practica el 'cosplay', así que deambulaban por ahí unos cuantos adolescentes disfrazados de sus héroes favoritos que inspiraban la misma penita y la misma ternura que quienes hacen lo propio en los salones del Cómic y del Manga. Algunos cedían a pasiones ocultas, como el chaval que vi embutido en un traje de conejo, totalmente absorto en la pantalla que tenía delante. Otros se entregaban a las alegrías de la realidad virtual -lo más cerca que he estado de ella es en la película de Kathryn Bigelow 'Días extraños', donde Ralph Fiennes interpretaba a un ex poli reciclado en traficante de virtualidades varias-, como el tipo que vi suspendido boca abajo y agarrado a los mandos de algo que parecía hacerle muy feliz. También vi zombis como los del desfile anual del festival de Sitges, aterrorizando a quienes accedían a una enorme 'Escape room'. Nunca había visto una tecnología tan apabullante al servicio de una chiquillada, la verdad: me sentía como un niño de Berlín Este la primera vez que accedió a una juguetería de Berlín Oeste.

Para alguien cuyo hábitat natural son las librerías de viejo y el mercado de Sant Antoni, visitar el BGW es sentirse como Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí. Y aunque mi único contacto con los videojuegos se ha reducido a las adaptaciones cinematográficas de 'Lara Croft' y 'Assasin's creed', que tienen tanta enjundia como los comics de Stan Lee -un hombre que pasó la mayoría de sus 95 años escribiendo memeces-, no me parece que el medio conceda mucha importancia a unas tramas sólidas y unos personajes con fundamento. Opiniones de carcamal, ya lo sé. Y aquí lo voy a dejar, antes de que empiece con lo de que en mi época….