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INCÓGNITAS DE FUTURO

El 'market' defiende su continuidad en el nuevo Palo Alto público

Pedrín y Paula Mariscal, impulsores del proyecto, sometido a la "incertidumbre" de un nuevo concurso, defienden su papel promotor de microempresas del diseño

Ernest Alós

Palo Market Fest, el pasado 1 de diciembre.

Palo Market Fest, el pasado 1 de diciembre. / JORDI COTRINA

No solo la Fundación Palo Alto deberá ajustarse al nuevo modelo de gestión pública del recinto de Poblenou, si consigue de nuevo la concesión para desarrollar sus actividades en el recinto (aunque solo el 45% de este, y por un tiempo limitado). Otra iniciativa nacida en la antigua fábrica, el Palo Alto Market, rebautizado como Palo Market Fest, vive también momentos de "incertidumbre" según su impulsor, Pedrín Mariscal, hermano del diseñador que impulsó la recuperación del recinto fabril salvado de los derribos del Front Marítim hace dos décadas. ¿Qué sentido tiene un mercado de productos 'premium' y clientela pudiente, con cobro de entrada, en un equipamiento de propiedad y gobernanza pública? Mucho si se pone la mirada en el centenar de pequeños creadores y emprendedores que comercializan sus productos , argumenta Mariscal, en plena ofensiva para defender la continuidad de su proyecto en su cuarto aniversario, tanto si la Fundació Palo Alto  (a quien paga un alquiler de 100.000 euros por usar el espacio) renueva su concesión como si se hace con ella otra entidad.

De momento, el distrito de Sant Martí ha renovado esta semana los permisos para seguir celebrando el Palo Market Fest hasta el mes de marzo, mientras avanza el nuevo concurso para gestionar el recinto, cuyas bases se espera aprobar definitivamente en enero o febrero tras pasar un primer trámite la próxima semana. Bases que en principio, indican fuentes municipales, no ponen ninguna objeción a que se desarrollen actividades como la del Palo Market Fest, aunque será el nuevo órgano de gobierno quien fije los usos: este, con mayoría municipal, integrará también a las asociaciones de vecinos; la del Poblenou no ha debatido el tema, pero su presidente, Pere Nieto, avanza que en principio "parece incompatible" cerrar el acceso, con pago de entrada, a un recinto público y en el que habrá otros usos, y no resulta obvio que la actividad, "que se podría desarrollar en cualquier otro lugar de la ciudad", atraiga ningún beneficio al barrio.

"Está bien que haya un cambio"

Pedrín Mariscal entiende perfectamente que la situación fundacional de Palo Alto ("Poblenou era una ruina"), cuando la iniciativa de su hermano y otros diseñadores salvó la fábrica y les brindó la posibilidad de explotar en exclusiva un recinto municipal durante dos décadas, "ya no es la misma en el siglo XXI". "Está bien que haya un cambio, pero también se tendría que respetar lo que se ha hecho bien", apunta. Si el 45% de la superficie del nuevo Palo Alto que será gestionado por el ganador de concurso debe centrarse en el papel de impulsor e incubadora de iniciativas creativas emergentes, "eso es lo que importa, más que quien lo tira adelante". Y eso es, defiende estos días ante quien lo quiera escuchar, el 'market' iniciado hace cuatro años, "que está como inquilino 24 días al año pagando 100.000 euros, un precio razonable de mercado, sin trato de favor" y aspira a seguir siéndolo.

Mariscal sostiene que cada vez más el 'market' ofrece un punto de venta y de difusión a pequeñas iniciativas creativas "de artesanía contemporánea, diseño y gastronomía" que se encuentran con un problema para arrancar. Sostiene su sobrina, Paula Mariscal, que la rotación que reclama como condición el nuevo proyecto "también se produce de forma orgánica en el 'market', que ha de funcionar como "lanzadora". "Seleccionamos microempresas, no gente que tiene un hobby sino que se quiere profesionalizar, siempre con producción local, lo más sostenibles posibles, que necesitan infraestructura y promoción, interacción y aprendizaje entre los que han despegado y los que no", enumera Pedrín Mariscal.

En cuanto a las posibles contradicciones entre el acceso con entrada a un recinto público y la nueva filosofía de Palo Alto, Mariscal alega que muchos otros equipamientos municipales se cobra entrada cuando se celebran actos en ellos (también en Fabra i Coats) y en el caso de Palo Market Fest, cada fin de semana, de los 10.000 visitantes de media (aunque este año ha sido "duro" por las lluvias) un millar son vecinos de Poblenou que no deben pagar la "modesta entrada" de 4 euros.

Precio alto o precio justo

El producto que se pone a la venta en Palo Market Place no es barato. Sus compradores tienen esa capacidad adquisitiva. No estamos hablando de una iniciativa de 'market' más claramente social como la de La Pionera (en la Mar Bella, con éxito bastante relativo). Y sus promotores son evidentemente una empresa con el objetivo de obtener un beneficio (aunque está abriéndose a iniciativas sociales, como los seis proyectos de moda que les ha propuesto Barcelona Activa). ¿Tiene sentido todo ello en un espacio público de propiedad municipal? Sí, argumentan.  De nuevo, invitan a mirar al vendedor, no al comprador.  "Lo reivindicamos como un precio justo y un consumo responsable: lo que pagas en una gran cadena está por debajo, lo que pagas en una tienda de lujo del paseo de Gràcia está por encima, aquí pagas lo necesario para que quien ha dedicado horas, por ejemplo, a un bolso de piel, cobre un sueldo digno", argumenta Paula Mariscal.

Pedrín Mariscal pone como ejemplo Lou Lab Bonenfant, una tienda de artesanía de cuero en la calle Agullers. "Tenemos la tranquilidad de que con la facturación del primer fin de semana de mes en Palo Alto empezamos el mes con el alquiler pagado", explica el artesano Xabier Clavero. "Allí va gente con un poder adquisitivo alto que paga por un producto hecho a mano, caro; trabajamos con cuero curtido en Igualada con corteza de árboles y flores, que dura toda la vida. Es una buena vitrina para que nos conozcan", añade.

"Las microempresas de diseño creativas se lo han de currar mucho: las tiendas multimarca cierran, no pueden acceder a locales comerciales bien situados por el precio, la gente sigue queriendo un lugar donde tocar el producto, aunque después lo compre 'online'…", enumera Paula Mariscal.

Temas: Poblenou