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PATRIMONIO

Rastreadores de mosaicos en Barcelona

La iniciativa participativa El mosaic del Meu Barri reunió imágenes de 1.456 piezas en su primera campaña en su segunda convocatoria llama a recibir más imágenes y a participar en itinerarios de descubrimiento

Ernest Alós

Pavimento de gres cerámico en Ronda de Sant Antoni, 47.

Pavimento de gres cerámico en Ronda de Sant Antoni, 47.
Mosaico hidráulico en Astúries, 38.
Mosaico de gres cerámico en Fabra i Puig, 13.
Mosaico hidráulico en la calle Fraternitat, 24, de Gràcia.
Barandilla del patio interior de la Casa Batlló.
Fachada decorada con mosaicos en la calle Elkano, 4.
Mosaico con baldosa cerámica en la finca Güell de Pedralbes.
’Trencadís’ en la calle Llançà, 20.
Mosaico en el arte urbano: calle Valeri Serra, 2

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El 2017, el Comité Internacional para la Conservación de Mosaicos se iba a reunir en Barcelona. En su breve fase como responsable de memoria municipal, el historiador Xavier Doménech dio el visto bueno al congreso, pero pidió que algo dejase en la ciudad. A bodas me convidáis, pensó la responsable de restauración del Servei d’Arqueologia de Barcelona, Montserrat Pugés: de allí nació el proyecto El Mosaic del Meu Barri, una iniciativa colaborativa que el año pasado logró que participantes voluntarios hicieran llegar  imágenes de 1.456 mosaicos, que han quedado registrados en la web del proyecto. Este lunes se ha puesto en marcha la segunda campaña de recogida de imágenes, y se pueden ver los resultados de la primera. Porque no se trata de acumular un álbum de fotografías sino, a partir de implicar a los ciudadanos, “descubrir el mosaico que hay en Barcelona, que se le dé valor artístico y histórico que tiene y que eso impulse su conservación”, explica Montserrat Pugés.

La participación tiene dos caras. Por un lado, han llegado imágenes de piezas de las que los especialistas no tenían conocimiento. Por el otro, “si implicamos a los propietarios y vecinos y les hacemos protagonistas, es más fácil que quieran conservar los mosaicos”, explica Pugés. Y aún otra más: El Mosaic del Meu Barri recuerda que hay obras más allá de Ciutat Vella y el Eixample, y recuerda que Barcelona es, al mismo tiempo, un mosaico en sí misma.

Evitar su destrucción 

¿Es necesario aún sensibilizar a la gente para que no destruya un mosaico? Sí. Sobre todo si tenemos en cuenta que se ha decidido partir de una definición amplia de esta técnica (el primer apartado de la web se titula ‘qué es un mosaico’), que incluye el mosaico de teselas, el alicatado, el de baldosa cerámica, el ‘trencadís’, el de cartón piedra, el terrazo, el de gres cerámico y el hidráulico) e incluir los mosaicos contemporáneos, no protegidos. Los suelos hidráulicos y de gres son los más susceptibles de ser arrasados: por un lado se han puesto de moda, hasta el punto de que haya sintasol que los imita, pero por el otro lado siguen siendo arrancados (“la imagen de las sacas de obras llenas de baldosas siguen produciéndose una o dos veces al mes, hasta generar un mercado secundario”, lamenta la restauradora Kusi Colonna-Preti) para instalar en su lugar moqueta o parquet. O porque se han deslucido y no brillan. En este sentido, la web tiene otro apartado que fomenta la conservación: ofrece técnicas y consejos para limpiar, reparar y restaurar cada tipo de mosaico. “Pero la gente debe valorar los colores grises o mates, el desgaste del tiempo”, opina Colonna-Preti. “La gente quiere colores Titanlux”, lamenta Pugés.

Historia del mosaico en la ciudad

El objetivo a largo plazo del proyecto es reunir un cuerpo de obra e información que faciliten la redacción de una historia del mosaico en Barcelona. La investigación sobre este pasado que avanza paralela a la recogida de imágenes ha identificado a dos artesanos italianos, el friuliano Luigi Pellarin y el genovés Mario Maragliano, como los reintroductores de las técnicas del mosaico en Barcelona en los años inmediatamente anteriores y posteriores a la Exposición Universal de 1888.

Pellarin trae con él técnicas como el terrazzo y es muy activo en Barcelona entre 1880 y 1900, y Marigliano se instala en Barcelona en 1884, se casa con una reusense y abre taller en Madrid. Marigliano, por ejemplo, es el autor de la mayor parte de los mosaicos del hospital de Sant Pau y de gran parte de los del Palau de la Música, y firma el de las Saleses del paseo de Sant Joan. Instalado en Barcelona, llega a colaborar con los arquitectos modernistas, como Gaudí y Doménech i Montaner.   

Esa Barcelona pujante atrae a profesionales extranjeros, que aportan técnicas decorativas, “que no se conocían, o que se habían perdido”, a lo que podríamos denominar promodernismo. “Sin ellos, no tendríamos ese estallido del modernismo”, valora Kusi Colonna-Preti. Es tanta la demanda que no pueden satisfacer los italianos que Doménech i Montaner sugiere a Lluís Brú que viaje a Italia para formarse él también, e iniciar así la saga de mosaicistas catalanes con la apertura de su taller en 1904, una historia mucho mejor conocida que la de sus predecesores italianos.

Itinerarios sugeridos

La web del proyecto ha incorporado en su segunda campaña una novedad: itinerarios con fichas y mapas descargables por los mosaicos de la ciudad. De momento ya se han colgado los dos primeros, que sugieren una ruta por los mosaicos de las farmacias de Ciutat Vella y las casas de veraneo de Horta, respectivamente. Los dos siguientes propondrán un itinerario por Gràcia que mostrará las diversas técnicas y un paseo por los rótulos de comercios con mosaicos de baldosas de Poblenou. Finalmente serán diez y en un futuro próximo, posiblemente a partir de diciembre, se ofrecerán visitas guiadas en grupo.