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BARCELONEANDO

La fachada gris de Ciutadans

Los propietarios del edificio donde está la sede del partido votaron en junta el nuevo color de la finca

El naranja corporativo de la formación de Rivera no fue una opción, como tampoco lo fue el amarillo

Carlos Márquez Daniel

La sede de Ciutadans, en los bajos de Balmes, 191. 

La sede de Ciutadans, en los bajos de Balmes, 191.  / ALBERT BERTRAN

La votación se produjo el pasado miércoles y fue más reñida de lo previsto. Porque la decisión no era ninguna tontería: ¿de qué color pintamos la fachada una vez restaurada? El edificio de marras, el que celebró esa trascendente junta de propietarios, sito en el 191 de la calle de Balmes, alberga en los bajos la sede de Ciutadans. Así que se presentaba el dilema de ver de qué manera el naranja del partido de Albert Rivera, que llena las cristaleras, podía o debía casar o influir con la elección en manos de los dueños de la finca. Nos lo cuenta todo el presidente de la comunidad, Eduardo Madruga, que aprovecha para compartir lo complicada que puede ser la política cuando la tienes debajo del despacho.

Eduardo es gerente de Fincas Madruga, negocio que ocupa la séptima planta de este inmueble levantado en 1964, de 10 plantas y 28 oficinas. Explica que fue uno de los primeros muros cortina de la ciudad. Es, por lo tanto, una fachada que no lleva ninguna carga más que su propio peso y cuya principal característica es el cristal rodeando toda la estructura. Cuenta el presidente que la carpintería nunca se ha cambiado, y que decidió dedicar su mandato vecinal a cumplir una sola e importante promesa: restaurar el frontis para despojarle de ese aspecto viejuno. Al margen de modernizar los materiales, también se imponía un baño de color.

Del PSOE al PP

Hubo cuatro finalistas: gris, marrón cobre, azul y rojo. Dos de ellos podían generar algún que otro problemilla a Ciutadans, ya que el rojo es el color corporativo del PSOE y el azul, el del PP. Pero la democracia es soberana y el partido de Rivera no es propietario, así que sin escritura, no hay voto. Terminó ganando el gris en la ‘photo finish’, seguido a muy poca distancia por el marrón. Por si alguien se lo pregunta, el amarillo nunca llegó a plantearse. El color criptonita para los unionistas quizás no habría sentado bien a los vecinos de abajo. 

Las obras empezarán en octubre y está previsto que se acaben en verano del 2019, así que Ciutadans se quedará sin sede-anuncio para las municipales del mes de mayo. Puede que tampoco sea ningún drama si termina por presentarse Manuel Valls, que seguramente se resguardará bajo un manto de siglas y padrinos diversos y puede que no haga falta echar mano de la sede de la calle de Balmes durante la contienda.

Madruga hizo tiempo atrás un acercamiento a C’s para ver si podía achicar la factura de la reforma. La idea era que el partido político financiara parte de la fachada a cambio de que el color elegido fuera el naranja. Le dijeron que ya lo pensarían, pero jamás hubo respuesta. Lo tomó como un ‘no’. De haber aceptado Ciutadans, obviamente lo habría elevado a la junta para que el resto de propietarios valoraran la propuesta. Esa habría sido sin duda una junta de palomitas y gafas 3D

Cerquita del 'president'

El partido que en Catalunya lidera Inés Arrimadas (su rostro aparece sonriente e inmenso junto al de Rivera, también risueño, en los ventanales) se instaló en este rincón de Sant Gervasi en septiembre del 2015, tras unos inicios discretos en la planta 17 de la Torre Urquinaona, obra del arquitecto racionalista Antoni Bonet Castellana. Eran los tiempos en los que Rivera aparecía desnudo en los carteles electorales. Luego se fueron a la Gran Via, para terminar en Balmes en plena ebullición del ‘procés’. Curiosamente, fueron a parar a unos bajos situados a 200 metros del piso del ‘president’ Artur Mas. En esas mismas oficinas instaló antes Josep Maria Bartomeu su sede electoral para las elecciones del Barça. También fue una librería y una tienda de discos. Regentada por el músico Augusto Algueró, por cierto. 

A la junta del pasado miércoles se presentaron casi todos los vecinos. No era para menos, ya que al margen de decidir el aspecto del edificio, tenían sobre la mesa un presupuesto por discutir de varios cientos de miles de euros. Para empezar la obra será necesario retirar una pequeña estelada que lo ha dado todo (está destrozada) y una bandera de Ciutadans con un poco de Catalunya y otro poco de España.  

Eduardo aprovecha la ocasión para romper una lanza a favor de todos aquellos barceloneses que comparten trabajo o vivienda con la sede de un partido político. A él le ha tocado identificarse, sortear policías, lidiar con cristales rotos. "Por la mañana venían los 'indepes' y esto era un lío. Por la tarde venían los unionistas y esto era otra vez un lío. Llegaron a dejarnos un montón de vallas de quita y pon para desplegarlas cada vez que había follón". Incómodo, pero siempre podrá decir que durante su mandato vecinal fue, de alguna manera, el auténtico presidente de Ciutadans.

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