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VENTA CALLEJERA

Se recrudecen los desalojos del mercado de la miseria en Glòries

Los antidisturbios de la Guardia Urbana siguen actuando contra los vendedores de material de desecho

Ernest Alós

El mercado de la miseria de Glòries, después de ser desalojado por enésima vez hoy.

El mercado de la miseria de Glòries, después de ser desalojado por enésima vez hoy.

Para 28 entidades de la ciudad, la actitud del ayuntamiento de Ada Colau con la venta ambulante no autorizada, desde el 'top manta' de artículos falsificados al mercado de la miseria en el que se intenta vender material rescatado de los contenedores en la plaza de Les Glòries, es de una tolerancia excesiva. Desde el punto de vista de los vendedores en esta plaza, la historia se ve al revés: la presión de la Guardia Urbana se ha intensificado desde que se reemprendieron las obras de los túneles y el futuro parque hasta niveles insostenibles, lo que les llevará a manifestarse la semana que viene en la plaza de Sant Jaume.

Hoy, de nuevo, efectivos de la Guardia Urbana, incluyendo furgonetas de antidisturbios, han desalojado en cosa de un minuto el espacio donde en los últimos días se intentaba acomodar el mercadillo, en el tramo ajardinado de la Diagonal situado frente al centro comercial de Glòries y la torre de Jean Nouvel. La llegada de los policías ha desencadenado carreras y el abandono de gran parte del material puesto a la venta, que ha sido recogido por el servicio de recogida de basuras entre gritos de algunos de los vendedores menos resignados.

El mercado de la miseria de Glòries, hoy, minutos antes de ser desalojado.

"Nosotros no vendemos droga, ni material malsificado, solo chatarra para comer porque no yo tengo trabajo, ni este lo tiene, ni este tampoco... pero con los del top manta del paseo Marítimo no se atreven", clamaba un vendedor marroquí. 

Uno de los vendedores de nacionalidad española lamentaba no tener interlocución con el ayuntamiento para encontrar una solución aceptable: "Un primo me ha dicho que en Madrid, en Fuenlabrada, les dan un recinto cerrado y pueden vender si pagan una cuota de 5 euros al día. Que nos busquen algo así. Antes nos dejaban una hora, nos movían, nos íbamos a otra parte de la plaza, nos dejaban otra otra. Ahora esto es una guerra, nos montan encerronas, no nos dejan respirar".

Ahmed, otro vendedor, con papeles de residencia, casado con una española y esperando la nacionalidad desde hace cuatro años tras 20 viviendo en España, es de los más exaltados. "Mi mujer gana 630 euros, yo he trabajado tres meses en la construcción por 5 euros a la hora y me han dicho que se ha acabado: he vuelto a la calle para sacarme lo que pueda, vuelvo a tener pupas en la nariz por los microbios de meter la cabeza para rebuscar en los contenedores... y nos echan para que no nos vean los turistas, que filman la miseria de esta ciudad desde el autobús turístico cuando pasan por la Diagonal. Somos el culo de Europa y no quieren que lo vean".