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BARCELONEANDO

"¡KITT, aún te necesito!"

La gente se abraza al capó para hacerse selfis. Hasta le han pedido que el coche les case. Se llama Michael, como el protagonista de 'El coche fantástico'. También tiene un Pontiac negro que habla

Ana Sánchez

Michael Miralles, con su réplica calcada de KITT, con el Hotel W de fondo. 

Michael Miralles, con su réplica calcada de KITT, con el Hotel W de fondo.  / ALBERT BERTRAN

Es verlo y flipar en colores, como se hacía en los 80. Cuidado, que de la impresión ochentera se te puede salir sin querer una teta a lo Sabrina. Por la Barceloneta se pasea un Pontiac negro con escáner de luz roja. Igualito que en la tele. Hasta circula con la banda sonora a todo volumen, como en la intro de la serie. Se te ponen más pelos de punta que a Marta Sánchez al cantar el himno de España. Te acercas el reloj a la boca como acto reflejo: “KITT, te necesito”, susurras. El coche te responde en cuanto te asomas por la ventanilla: “Soy moreno y guapo, pero solo alto cuando subo por una pendiente muy pronunciada”. No hay duda, es el coche fantástico

“¿Michael?”, preguntas por inercia al conductor. “¿Sí?”, responde un tipo con chupa de cuero. Sí, se llama Michael, como el protagonista de la serie. Michael Knight, no. Miralles. Así a simple vista no se parece a David Hasselhoff, aunque en casa tiene el mismo reloj para hablar con KITT y un pelucón con rizos. De hecho, lo llamaron Michael por 'El coche fantástico'. “Concretamente, por mi abuela”, sonríe él. “Le gustaba mucho la serie –recuerda-. Y cuando nací, hacía poquito que había fallecido”.   

Este KITT también escupe frases ingeniosas y tiene salpicadero luminoso con Turbo Boost, ese botón mítico con el que aceleraba de 0 a 100 km/h en 0,2 segundos

Este Michael catalán ni siquiera había nacido cuando se empezó a emitir la serie. Tiene 30 años. Él se enamoró del coche con las reposiciones de Antena 3. Y se terminó comprando un Pontiac hace cinco años. Un Firebird del 91 (el KITT original es TransAm, “la edición más alta”, del 82). Le costó 5.000 euros. Aún no era fantástico. Ahora hasta tiene web: www.elcochefantastico.cat. Michael le ha añadido escáner, ese volante que parece de nave espacial, salpicadero luminoso, dos mini pantallas, incluso la tapicería es una reproducción de la original. Igualito que el de la tele: escupe frases ingeniosas y tiene Turbo Boost, ese botón mítico con el que aceleraba detrás de los malos de 0 a 100 km/h en 0,2 segundos. Nadie se imaginaría que este coche fantástico ha llevado una sillita de bebé. (Michael tiene dos niños y una mujer muy paciente, añade él). En breve, el coche hablará a lo Siri. “Un compañero de trabajo es informático y quiere meterle un ordenador -explica-. Hacer una especie de software con la voz de KITT, y que cuando le preguntes, él interactúe contigo”.    

Detalle del salpicadero del KITT de Michael Miralles. / ALBERT BERTRAN

Michael habla como un famoso resignado. “Al principio lo pasaba muy mal -confiesa-. Te parabas en un semáforo y veías a todo el mundo grabándote”. Pues sí: le miran hasta los niños que no saben quién es KITT. Lo confunden con el coche de Batman. Un rato de copiloto en este coche fantástico y te entra complejo de Kardashian: ves por todas partes gente nerviosa intentando sacar rápido el móvil.

"Me han pasado muchas locuras –dice Michael-. Hasta se han metido en mi garaje". ¿Lo más raro? "Una persona de la tele me ha pedido que el coche le case” 

“Me han pasado muchas locuras –resopla Michael-. Gente que se abraza sobre el coche para hacerse selfis. Hasta se han metido en mi garaje. ‘Por favor, enséñame el coche’. Da miedo”. ¿Lo más extraño? “Una persona de la tele me ha pedido que el coche le case. No que le lleve a la boda, sino que le case”. 

“¿Llamo a Devon?”. KITT interrumpe la conversación. “Llámalo, KITT”, le dice Michael.  “Buenos días, Michael”, suena la voz de Devon (era quien encargaba las misiones en la serie). “Buenos días, Devon”, saluda el conductor con tono rutinario. “Michael, ¿te encuentras bien?”. “Un poco cansado”, responde. “No tienes buen aspecto, ¿por qué no te afeitas?”.  “Me afeitaré, Devon, me afeitaré”.

“Réplicas hay muchas –continúa Michael-. Llevándolo al extremo, como esto, hay poquitas. Quizá en España somos 7, 8. Aquí en Barcelona hay tres. Somos tres amigos”. Uno de ellos, Patrick, es quien le vendió su KITT. “Es la persona que me ha ayudado a hacer el coche”, agradece con la misma intensidad que a un maestro jedi. Los tres han creado Knight Élite: una página de Facebook que congrega réplicas de coches fantásticos “a nivel de élite”. Son más de mil miembros.

El mítico escáner con luz roja. Suena igual que el de la tele. / ALBERT BERTRAN

¿Que para qué sirve un coche fantástico? “Para nada. Es una maqueta gigante –se encoge de hombros-. Yo lo tengo para eventos, concentraciones. Es como lo disfruto”. Estará en Platja d’Aro del 8 al 10 de junio, en una concentración de coches americanos. Se expondrá con fines benéficos. 

"Ha crecido mucho la afición por el coche"

Michael empieza a apretar botones y se van encendiendo lucecitas, como en el futuro de antes. “Hay fabricantes que se dedican a hacer botoneras, el volante… Ha crecido mucho la afición por el coche y muchas piezas se han creado nuevas”. El salpicadero televisivo marca kilómetros, velocidad, gasolina. “Es funcional”. Así que le das al Turbo Boost, a ver. El coche suena como si estuvieras llegando ya a Cuenca, pero no se mueve. “Este es más lento –le disculpa su dueño-. Ha perdido bastantes caballos ya, está mayor”, se ríe. “Michael –replica KITT-, no lo olvides, ya no tengo blindaje molecular”.

Michael ha perdido la cuenta de lo que se ha gastado en el coche, dice. “Yo para conseguir esto me he tenido que quitar de muchas cosas.  Hay quien se ha ido de fiesta, de viaje, quien se ha comprado una moto. Yo todo lo meto aquí”. ¿Lo vendería? “No –se lo piensa-. Si me hiciera falta por mis hijos, sí. También soy mileurista. Si me dan 100.000 euros, no soy tonto", se ríe. Y volvería a hacerse otro. “Ya sé dónde conseguir todo”.   

“¡Y dicen que los milagros no existen!”, suelta KITT de repente. Es lo que dice siempre que pasa una chica por delante, aclara Michael.

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