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Pobreza en BCN

Con empleo pero sin techo: trabajadores pobres en albergues

Los condenados a dormir en equipamientso municipales pese a tener trabajo son ya el 15% de los usuarios del servicio

El 80% de la pobreza en la ciudad está relacionada con el acceso a la vivienda

Helena López

Mohamed, en su último día en el albergue de Nou Barris.

Mohamed, en su último día en el albergue de Nou Barris. / ALBERT BERTRAN

La segunda teniente de alcalde, Laia Ortiz, habla de una situación "de urgencia sin precedentes". Según sus cálculos, que basta con levantar la vista para confirmar; "el 80% de la pobreza en Barcelona tiene que ver con el acceso a la vivienda". Esa imposibilidad de tener (o mantener) un piso, siquiera una habitación en unas condiciones mínimas, combinada con la precariedad laboral extrema hace que cada vez sean más las personas con trabajo que acaban durmiendo (y viviendo) en albergues. El número de personas atendidas por la Xarxa d'Atenció a Persones Sense Llar (XAPSLL) con trabajo ha pasado del 5% en el 2012 al 15% en el 2017. Un cambio de tendencia que se consolida, lo que hace cada vez más difícil salir del círculo asistencial. Con encontrar trabajo, la gran meta años ha, ya no basta, lo que hace incrementar el tiempo medio de permanencia en recursos públicos. La media ha pasado de 103 noches en el 2015 a 143 en el 2017. El contexto hace que estas personas queden atrapadas en estos espacios, creando un tapón.

En paralelo al fenómeno conocido como de los 'trabajadores pobres' -pobres extremos, sobra decirlo- los excesos en el alquiler hacen que las prestaciones sociales que hace unos años permitían acceder a una habitación de alquiler (pensiones no contributivas, rentas mínimas de inserción, etcétera) hoy sean también absolutamente insuficientes; además del callejón sin salida en el que se encuentran las personas condenadas a vivir sin permiso de trabajo (como los encerrados de la Massana).

La falta de salidas a los jóvenes extutelados baja la media de edad de los 'sintecho' en Barcelona

Estas son algunas de las cifras y de las situaciones puestas sobre la mesa durante balance de la aplicación de los compromisos municipales del Plan de Lucha contra el Sinhogarismo en Barcelona hecho este lunes, dos días antes del recuento de personas sin hogar  y pocas semanas después del desalojo de la acampada reivindicativa del colectivo de la plaza de Catalunya. 

Otra de los datos más hirientes es el incremento de la población (en la calle) de menos de 25 años. El 6 de abril en los tres centros de primera acogida del municipio había 30 personas de menos de 21 años, de los que 11 habían sido tutelados por la administración en alguna comunidad autónoma española hasta los 18, y solo cuatro manifestaban haber residido en Barcelona antes de llegar al centro (unos centros, todos llenos, que tienen una lista de espera de entre dos y cinco semanas). A estos 30 hay que sumar los 22 jóvenes, casi niños, que viven en el Maria Freixa, alojamiento abierto este enero para dar salida a estos chicos. 

Capitalidad (para lo bueno y para lo malo) 

Los jóvenes extutelados no son los únicos que buscan en Barcelona una oportunidad. Durante el primer trimestre del 2018, el 47% de las personas atendidas en los tres centros de primera acogida llevaba menos de tres meses viviendo en la ciudad.  "Estamos concentrando la atención de [las personas excluidas de] todo el país en la ciudad en la que es más difícil rehacer la vida", resume Albert Sales, coordinador del plan. Tanto Ortiz como Sales insisten la "absoluta soledad" con la que Barcelona lucha contra "un problema global". Estos centros, concebidos para dar servicio a personas procedentes de la calle, se han convertido a la práctica en recursos de emergencia para realidades muy diversas de exclusión, desde la salida de centros penitenciarios a personas excluidas de la red de refugio y asilo.

"Los recursos para atender a estas personas se han incrementado en un 46% desde el 2014, pero los usuarios han aumentado aún más", señala Joaquim Corral, voz de las entidades sociales en la XAPSLL, quien hace un último llamamiento a la ciudadanía para llegar a los 1.000 voluntarios en el recuento de este miércoles. El año pasado contaron a 1.026 personas (literalmente en la calle, cifra a la que hay que sumar las más de 400 que se estima que viven en asentamientos, más las 2.200 que pernoctan en recursos municipales y de entidades). Este miércoles no tienen esperanzas de que el número sea menor. 

La evolución del número de personas contactadas directamente en la calle por los servicios municipales no es optimista. En el 2017 se contactó con 2.278 personas (frente a las 1.674 del año anterior). Un incremento que se concentra en Ciutat Vella y en Sants-Montjuïc, zonas de de llegada de nuevas personas a la ciudad -por su centralidad, uno, y por la presencia de la estación central, el otro). En octubre de este año el ayuntamiento tiene previsto poner en funcionamiento 20 nuevos alojamientos de inclusión para personas solas y parejas en la calle de Tànger y durante el 2019 prevé abrir los centros de calle de Alí Bei, con 15 alojamientos, y de la calle de los maestros Casals i Martorell, con otros 14.

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