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RECTA FINAL DEL TRASLADO

El nuevo Sant Antoni apuesta por ser ante todo mercado de barrio e intenta no sucumbir al turismo

El comercio está ilusionado con ganar visitantes, pero sin perder su identidad

Los tenderos han promovido un folleto donde se apela al civismo y a primar su esencia comercial

Patricia Castán

Fase final de obras en el mercado de Sant Antoni.

Fase final de obras en el mercado de Sant Antoni. / ALBERT BERTRAN

Hay emoción, nervios, ilusión y muchas expectativas entre los comerciantes de Sant Antoni por entusiasmar a su clientela. El próximo 19 de mayo se despedirán de una carpa provisional donde han pasado ocho largos años y ultimarán los detalles para abrir a lo grande el nuevo mercado -el día 23-, paradigma de la modernización de un equipamiento municipal centenario. Desembarcarán con la vocación de mantener su espíritu de gran servicio de barrio pero con la certeza de que, por la arquitectura y tamaño del nuevo mercado, va a ser una gran atracción de ciudad y previsiblemente para el turismo. Un equilibrio complejo, que abordan de antemano promoviendo un folleto que se distribuirá (en catalán, castellano e inglés) entre los visitantes, apelando a ese ADN de 136 años de trayectoria, a su función comercial y pidiendo civismo y respeto.

El documento se está terminando, pero abarca desde dar la bienvenida a cualquier visitante a pedirle cortésmente que no se amontone en los pasillos, que no dificulte la tarea comercial de los puestos o que -en el caso de turistas- descarte pasearse sin camiseta como quien recorre una atracción vacacional. En resumen, la aspiración es desarrollar "un mercado único, pero con toda su identidad", defiende Maria Masclans, presidenta del sector alimentario.

Y es que, sin criticar las estrategias de otros recintos, Sant Antoni no quiere morir de éxito ni parecerse a la Boqueria, mercado que por su ubicación atrae más visitantes que compradores que quieran abastecer su nevera. En la voluntad de muchos comerciantes está ese objetivo de preservar su función esencial en el carismático barrio del Eixample, donde de hecho el traslado a la carpa ya ha generado nuevos perfiles de cliente.

El folleto que se está consensuando con el ayuntamiento alude a buenas prácticas: ser cívico, no tocar el producto fresco, no colapsar pasillos para hacer fotos... Porque sería negar la evidencia no prever que el renovado mercado atraerá a miles de barceloneses con ganas de ver el resultado de una mutación de más de 60 millones de euros. Una rehabilitación que ha recuperado y potenciado su espectacular arquitectura y que agrega un componente cultural con las zonas de exposición de los hallazgos arqueológicos del subsuelo.

Desde la junta saliente de los Encants -el mercado de moda, complementos y otros artículos no alimentarios- , que ha representado a este sector durante la larguísima obra, opinan que cualquier macrointervención urbanística genera expectativas de negocio en el entorno, pero defienden el papel dinamizador de esta puesta al día en el barrio, recordando los tiempos en que hubo comercio cerrado en el entorno y paradas muy degradadas. El nuevo plan de usos -que llega tarde- deberá frenar la oferta monotemática en el barrio, donde se ha multiplicado la restauración bajo la cantinela del "barrio de moda".

Las mismas fuentes defienden que, por la magnitud de la obra, es lógico que pese a su papel de abastecimiento del barrio, se convierta también en un equipamiento de ciudad. 

La nueva junta de este ámbito -hace solo unos pocos días-, liderada por Joan Mestre, está tomando posiciones y prefiere asentarse antes de pronunciarse.

El encaje vecinal 

En los últimos meses parte del vecindario ha dado la alarma sobre el proceso de gentrificación que expulsa a vecinos ante la subida de los alquileres. Algunos comerciantes sacan pecho recordando que muchos de ellos suman generaciones al pie del cañón, tras el mostrador, durante lo bueno y lo malo. "No han venido operadores nuevos, somos los de antes", comerciantes de siempre, claman. Y han vivido una mudanza muy dura, mil veces prorrogada.

Dar un paso adelante, pero sin pasarse, implica haber dejado solo tres bares (antaño 10) y autorizado a seis puestos a contar con degustación. Algunos agregarán productos de cuarta gama (ensaladas preparadas o zumos) en pequeña proporción, para adaptarse a nuevas demandas, afirman.

Dejar atrás un recinto obsoleto y con puestos precarios -pero lleno de encanto- y abrir la puerta a los puestos modernos y con diseño se saldará con grandes alabanzas, pero también críticas. Y es que en su espectacularidad, intrínsecamente hay el riesgo de quien lo vea como un mercado pijo. Tal vez al levantar la vista hacia el impresionante techo la nostalgia se mitigue.

Los Encants reivindican su profesionalidad

El conflicto de los horarios comerciales que vive esta parte del mercado, con 111 operadores, genera un vivo debate en Sant Antoni. Por abrumadora mayoría han vencido en votación los que quieren mantener su horario de cuatro días de apertura -lunes, miércoles, viernes y sábado-, frente a quienes pedían abrir también los jueves para ir más de la mano del mercado de alimentación (de lunes a sábado) y no tener persianas bajadas, ahora que ambos convivirán en el mismo espacio. Algunos pequeños operadores partidarios de no ampliar horario han defendido hoy su profesionalidad y entrega, apuntando que prefieren el horario de siempre por su pequeña estructura -muchos sin dependientes- que les dificulta abarcar más jornadas. 

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