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caos inmobiliario

El Raval, gran circo de la ocupación

El ayuntamiento descubre que una finca suya en el barrio ha sido ocupada mientras vecinos ofrecen un 'narcotour' a los periodistas

Beatriz Pérez

Uno de los pisos ocupados en la calle de Sant Ramon, en el barrio del Raval.

Uno de los pisos ocupados en la calle de Sant Ramon, en el barrio del Raval. / FERRAN NADEU

La finca de Sant Ramon, 1 es propiedad del Ayuntamiento de Barcelona. Los 11 pisos están acabados de rehabilitar y a punto de ser adjudicados a solicitantes de un alquiler social. Pero han sido ocupados. Todos. Por unas 30 personas. El consistorio lo ha descubierto en la tarde de este miércoles porque los ocupantes estaban transportando sus objetos y ha mandado a agentes de la Guardia Urbana, que no han podido hacer nada, pues los ocupas ya habían constituido su hogar en las viviendas. 

Para más inri, la estéril si bien ruidosa actuación de la policía se ha producido mientras los vecinos del Raval, hartos del tráfico de drogas, ofrecían a la prensa un recorrido por los puntos calientes de los narcopisos en el Raval. Recordémoslo: los narcopisos son viviendas ocupadas en las que se trafica con heroína y suponen una auténtica ruina para la convivencia en la finca a la que le toca la siniestra lotería. De hecho, para el barrio entero.

La coincidencia entre el descubrimiento de la ocupación de una finca municipal y el narcotour ilustra a la perfección el caos inmobiliario que reina en el Raval.

Convivencia ciudadana

"Los narcopisos van contra la convivencia ciudadana. Lo hecho hasta el momento por la Administración en el Raval es insuficiente", explicaba por megáfono Carlos, vecino del barrio, frente al número 22 de la calle de En Roig. Eran poco más de las seis de la tarde y alrededor de 30 periodistas de diferentes medios con libretas, cámaras y micrófonos en mano se agolpaban a las puertas del que, hasta octubre, fue el mejor ejemplo de la gravedad del tráfico de drogas en el Raval.

Y es que esta finca de En Roig llegó a tener en su interior tres narcopisos y una sala de venopunción. "En los momentos más álgidos, hemos llegado a contar hasta 195 personas entrando cada 90 minutos", proseguía Carlos, que además es portavoz del eje vecinal Robadors-Picalquers-Roig (RPR). Los periodistas podían incluso acceder al interior del edificio, donde aún hay jeringuillas, pruebas de un pasado escalofriante.

"Este barrio ya ves lo que es, cariño", decía a una periodista una vecina de la calle de Robadors. Esta vía sufre, además de drogas, problemas de prostitución. "Esto es el Bronx. La prostitución afecta a nuestra vida familiar", señalaba por su parte Laura, también miembro del eje vecinal RPR, frente al número 14, donde hay instalado un meublé. Y justo en ese momento un hombre con gafas de sol salía del mismo y se encontraba, de frente, con el inesperado aluvión de flases. Nadie parecía entender nada.

"Vivir con un meublé es un horror. Es como un narcopiso, pero sin jeringas", añadía Laura. "¡Y como un matrimonio con cinco hijos!", gritaba alguien de fondo. A continuación, un hombre con la cara tapada atravesaba la estrecha calle abriéndose paso entre los periodistas, a los que uno por uno dedicaba un corte de mangas.

Puede entenderse. El Raval no está para que, a su humeante día a día, se sume el circo mediático. Cuando los periodistas se encontraban en la calle de la Riereta, que durante tres años fue un nido de narcopisos (desde otoño ya no), otro joven, circulando velozmente en bicicleta, les espetó: "¡Todos a Sant Ramon! ¡Ahí está el espectáculo! ¡Están desalojando a 30 personas!".

Ese joven era Hatim, que una hora después, desde un piso de Sant Ramon, 1, que ahora habita con su pareja y su bebé de nueve meses, explicaba su situación a esos mismos periodistas. "Quieren echarnos para especular y enriquecerse. ¿Una casa como esta es para alquiler social?". Cuenta que la propia asistenta les dijo a él y su pareja: "¿No tenéis casa? Ocupad". Esta es la tercera que ocupa en el Raval, donde lleva desde 1988.

Todos los jóvenes ocupantes de esta finca, muy conocida porque en sus bajos se ubica el histórico bar Marsella, reivindican que son del barrio y que no son narcos. Que ocupan por necesidad. La policía les ha dicho que los desalojarán este jueves.