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VIVIENDAS OCUPADAS

El Raval reconquista el símbolo de la plaga de los narcopisos

Mossos y Guardia Urbana entran en los dos últimos pisos de traficantes de heroína del número 22 de la calle de En Roig

El ayuntamiento tapia las viviendas cuando el edificio ya ha quedado casi desierto a causa de la droga

Guillem Sànchez

Mossos y Guardia Urbana entran en los dos únicas viviendas que quedaban ocupadas en el número 22 de la calle de En Roig

Mossos y Guardia Urbana entran en los dos únicas viviendas que quedaban ocupadas en el número 22 de la calle de En Roig / ALBERT BERTRAN

El número 22 de la calle de En Roig se ha convertido en un símbolo del fenómeno de los narcopisos que han destrozado comunidades vecinales enteras y que han devuelto la heroína a las calles del Raval de Barcelona. En este bloque los traficantes anidaron en tres domicilios distintos. A finales de julio se desalojó uno de ellos, el 1º 1ª, que los camellos habían convertido en una sala de venopunción clandestina para sus clientes. Este viernes la Guardia Urbana y los Mossos d’Esquadra han entrado en los otros dos, el 1º 2ª y el 3º 2ª, ambos puntos de venta de cocaína y, sobre todo, de heroína.

La intervención policial ha comenzado a las diez de la mañana y ha permitido arrestar a tres personas y tapiar las dos viviendas. Este bloque explica mejor que ningún otro en qué ha consistido y consiste esta feroz plaga. Los tres pisos ocupados eran propiedad de un fondo de inversión, Budmac Investments, y de un banco, Catalunya Caixa. Dos empresas que no 'vivían' allí y que se despreocuparon del calvario que su inacción desencadenó sobre las familias que sí habitaban en esa comunidad. Amparados por el principio de inviolabilidad del domicilio, los traficantes se pusieron a vender droga con total descaro. El ajetreo de adictos llenó de jeringuillasorínheces y sangre la escalera, un espacio que muchos incluso comenzaron a usar para pernoctar. Solo en un piso han resistido los vecinos. El resto se han visto obligados a marcharse.

El problema ha sido siempre que los policías necesitan una orden judicial para poder irrumpir en un narcopiso. Cuando la consiguen y detienen a los traficantes, el grupo organizado al que pertenecen los reemplaza por otros. Si las empresas propietarias de los domicilios ocupados no aparecen para tapiar las puertas, los nuevos camellos los reabren a las pocas horas y los policías deben poner el contador a cero, otra vez, para desesperación vecinal. Así han transcurrido casi dos años en la narcofinca de En Roig, uno de los puntos desde donde se propagaron los pisos de la droga, que ahora se cuentan por decenas en el distrito de Ciutat Vella (fuentes policiales hablan de unos 60). Hoy, finalmente, los dos de En Roig han sido tapiados por iniciativa del Ayuntamiento de Barcelona. Carlos, un vecino residente en una finca anexa que ha liderado las caceroladas de protesta, esta mañana parecía feliz. Llevan casi 70 noches de lucha.

Tres detenidos 

Durante la operación policial se ha detenido a tres personas, todas de nacionalidad paquistaní e inquilinas del 3º 2ª. La investigación ha acreditado que ellos eran quienes vendían la heroína a los traficantes del 1º 2ª, de nacionalidad rumana. Este segundo domicilio era el más conflictivo. Porque era el que más visitas de heroinómanos recibía y porque los camellos también eran toxicómanos que se habían enfrentado con los vecinos o peleado entre ellos. La mayoría de las transacciones eran dosis de 10 euros de heroína, altamente adulterada tras cambiar varias veces de manos desde su desembarco en Barcelona procedente de Pakistán

Últimamente, sin embargo, los vecinos habían detectado que estos narcopisos también abastecían de cocaína a clientes que la buscaban para consumo recreativo. A diferencia de los heroinómanos, a menudo 'mochileros' italianos de salud endeble, quienes compraban cocaína eran hombres a menudo con traje o mujeres arregladas para salir de fiesta. "Vestían tacones, minifalda y el pelo recién planchado", explica Carlos.

Dentro del 3º 2ª, los agentes han encontrado otro huésped, más inesperado. Un cachorro que ha presenciado cómo se llevaban a su dueño esposado. La Guardia Urbana lo trasladará a la perrera municipal, hata que encuentre otra familia.

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