09 ago 2020

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MOSSOS Y GUARDIA URBANA

El número 22 de la calle d'En Roig: La narcofinca del Raval

Mossos y Urbana han desmantelado esta semana cuatro domicilios ocupados por traficantes en Ciutat Vella

Guillem Sànchez / Barcelona

VÍDEO: GUILLEM SANCHEZ

Ninguna familia ha resistido el avance de la droga por la escalera del número 22 de la calle de En Roig. "Antes aquí vivían más de 25 personas, hoy no queda nadie", explica Josep, propietario del local ubicado en los bajos de un bloque de viviendas sobre el que se ha cebado la plaga de narcopisos que castiga el barrio del Raval de Barcelona.

En esta finca los camellos y los toxicómanos ya no son un problema de seguridad para los vecinos de la escalera sencillamente porque ya no queda ninguno. El edificio entero lleva meses convertido en un barco fantasma que ha embarrancado en el corazón de Ciutat Vella.

Este jueves los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana han entrado en la finca para tapiar uno de los tres pisos que siguen en manos de traficantes. Han recuperado uno, el que se había convertido en una sala que los toxicómanos usaban para pincharse. Los otros dos siguen funcionando como puntos de venta, sobre todo de heroína. 

Monumento a la degradación 

Lo primero que tenían que hacer esta mañana los investigadores que cruzaban el umbral del número 22 era poner atención por dónde pisaban. En la escalera había varias jeringuillas usadas. Y, justo antes de llegar al primer rellano, aguantar la respiración para contener las arcadas que provocaban los restos de heces humanas ennegrecidos sobre el suelo.

En las dos primeras plantas están los tres domicilios que seguían en manos de traficantes. Tras la operación de hoy, siguen quedando dos. El rellano de los dos pisos superiores se ha convertido en un lugar que usan para vivir personas sin techo. Los últimos inquilinos, la expresión más cruda de la vulnerabilidad, han levantado barreras físicas con mallas de colchón y cartones que utilizan para parcelar la escalera. En la azotea, los vecinos del bloque contiguo han levantado un muro para impedir que invadan también su techo comunitario.

Lo que se pregunta Josep, y también el resto de vecinos, es cómo ha podido degradarse hasta este punto un bloque de viviendas que hasta no hace tanto era el hogar de varias familias.

Justicia lenta, gentrificación voraz 

"Lo que está ocurriendo aquí no tiene una solución fácil", reconoce un mando policial. En el Raval cada vez hay más pisos vacíos en manos de bancos. Carlos, otro vecino, explica que en la finca de En Roig los narcopisos son propiedad de entidades financieras y de un "fondo buitre". Esto es parte relevante del problema. Si tras el paso de los policías no llega el dueño para tapiar la puerta, los camellos tardan "horas" en reconquistar el espacio, asegura Josep. Los bancos o los grupos de inversores inmobiliarios no colaboran, porque saben que su propiedad -en el centro de la codiciada Barcelona- tarde o temprano se revalorizará. Esa desidia extingue enseguida el efecto de las acciones policiales. 

"Cada semana se están haciendo entradas en pisos de este barrio", explica un agente de los Mossos. Detrás de cada registro hay semanas de vigilancias sin las que resulta casi imposible conseguir una orden judicial que permita a los policías poner un pie por la fuerza dentro de una propiedad ocupada. "Creo que los vecinos entienden que hacemos cuanto podemos", asegura.

Los primeros que saben que para los investigadores las órdenes judiciales no son sencillas de obtener son los propios camellos, que se "amparan" en el principio de inviolabilidad del domicilio para traficar "sin ningún disimulo", avisa un mando policial de la Urbana. 

La lección del Besòs

En el número 22 de En Roig arrancó hace algunas semanas una movilización vecinal que se ha contagiado a otras calles, como Riereta. Idénticas protestas terminaron trágicamente hace año y medio en el barrio del Besòs, aquejado por el mismo mal, cuando dos traficantes se encararon con los vecinos y terminaron matando a Cristian, un hombre de 30 años, acuchillado mientras se tomaba una cerveza. 

Cuatro pisos desmantelados

Los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana de Barcelona (GUB) han activado este jueves la segunda parte de un operativo que ha desmantelado cuatro narcopisos del Raval en dos días. El miércoles entraron en el de la calle Picalquers y en el de Carretas. Practicaron tres detenciones y dejaron tapiado solo el primero inmueble, porque el propietario acudió con la policía para recuperar su piso. En el segundo residían dos hombres dominicanos, que fueron arrestados por tráfico de drogas, pero sus mujeres y sus hijas se quedaron en la casa. Este jueves han entrado en un domicilio de la calle de Botella, desde de el que, según los investigadores, salía heroína que terminaba en el bloque de la calle de En Roig. En esta última finca han podido clausurar también un piso que los toxicómanos utilizaban para pincharse. En el 2017 ya se han registrado 19 viviendas en el barrio.