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REALIDAD POCO VISIBLE

Ancianos doblemente vulnerables

El Servei d'Atenció d'Urgències a la Vellesa atendió en el 2016 a 700 personas de la tercera edad sin recursos o sin red

Helena López / Barcelona

Conchita junto a su marido José, hace unos días en la residencia. / JOAN PUIG

Conchita junto a su marido José, hace unos días en la residencia.
Mercedes Catalá, hace unos días en la terraza de la residencia en la que vive en Barcelona.

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Conchita Montijano no se separa de su marido, José Palazón. O quizá sea más justo decir que es al revés. Él no se separa de ella. Llevan 52 años casados, "más cinco de novios", apunta la mujer, a punto de cumplir 75 años.  Conchita y José han vivido toda la vida en el Poble Sec, en un segundo sin ascensor del que Conchita llevaba ocho años sin salir, por su imposibilidad de subir y bajar las escaleras. "De salud más o menos estaba bien, pero al estar tan gruesa me había caído unas cuantas veces", cuenta la mujer en una sala de la residencia SARquavitae, en Sant Antoni Maria Claret, donde vive desde hace unos meses.

"Tenía diabetes y serios problemas para respirar, llamamos a la ambulancia y me ingresaron. Desde entonces no he vuelto a casa", explica Montijano, que recibe a diario la visita de José, a quien ya esperan todos los residentes.  "Ahora estoy muy bien. La mala suerte son las piernas...", explica desde su silla de ruedas y conectada a un sistema de respiración asistida.

No podía volver a casa

"Cuando le dieron el alta hospitalaria, era evidente que no podía volver a su casa, que no está acondicionada para ella. Por eso se le buscó esta plaza desde el Servei d'Atenció d'Urgències a la Vellesa (SAUV)", señala Glòria Navarro, responsable del servicio, que durante el 2016 atendió a 704 personas como Conchita Mercedes Català, una alicantina vecina de Sant Antoni.

Mercedes llegó a Barcelona a los nueve años con sus padres, a los que cuidó hasta su muerte.  Desde entonces vivía sola, hasta que sufrió dos infartos. A sus 84 años se emociona al hablar del trato recibido por las trabajadoras de la residencia. "Me dan mucho cariño, y cuando una viene de estar muy sola, se agradece", señala la mujer, cuya familia más cercana vive en Alicante, mientras abraza a una de las trabajadoras del centro, quien la saca a pasear y la acompaña a hacer gimnasia y al fisio. "Yo de joven había sido muy deportista. Hacía senderismo y jugaba a baloncesto", explica Mercedes. 

Incremento de la demanda

La responsable del SAUV -cuyo objetivo es facilitar la acogida residencial de carácter temporal hasta que los ancianos puedan regresar a su domicilio o tengan plaza en una residencia definitiva- señala que el servicio experimentó un incremento de demandas muy notable en el 2013, y apunta otros posible motivos, además de la falta de plazas crónica en residencias públicas en la capital catalana. "Las valoraciones de la ley de dependencia se centran mucho en el deterioro físico y la edad, pero hay personas con problemas de salud mental o sin techo, cuyo grado de dependencia no puede hacerse con el mismo filtro", manifiesta la técnica municipal. Un 20% de los atendidos por el SAUV -servicio en el que el consistorio invertirá este año 10 millones de euros- son personas sin techo mayores de 65 años.  

"En los meses de verano nos cuesta encontrar plazas incluso en residencias privadas, ya que hay muchas familias que durante el año tienen cuidadores para sus ancianos, pero en verano les ingresan", concluye Navarro. 

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