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barceloneando

Del Pilar al día de Todos los Santos

Martí Gasull fotografió como nadie las luces y las sombras de la Barcelona de los 50

NATÀLIA FARRÉ

Martí Gasull i Coral (1919-1994) tomaba fotografías. De ocho a diez de la mañana. Y del Pilar al día de Todos los Santos. Las mejores horas y las mejores fechas para retratar Barcelona. Luces suaves y rasantes, y sombras alargadas. Unas luces y unas sombras que ya no existen -la contaminación, el asfalto y las limpias paredes que viste ahora la ciudad las han cambiado-. Y unas luces y unas sombras que Gasull captó como nadie en la década de los 50. Lo hizo por amor al arte, porque le gustaba. Y lo hizo fuera del horario de oficina, paseando cámara en mano por el barrio de la Ribera, su barrio, antes de entrar a trabajar. A veces también llegaba hasta Montjuïc, otras hasta Francesc Macià, y algunas hasta el Parc Güell o el Somorrostro.

Y el puerto, la gran atracción de los fotógrafos de la época. Quizá porque la entrada estaba prohibida sin el permiso pertinente. O quizá por su plástica. Ahí está la instantánea de los tres soldados caminando por el muelle con el petate a cuestas. La más espontánea de sus fotografías y una de las que más miradas atrae. Pero también una de las que menos gustaban a su autor. No en vano, el arte de Gasull estaba en las antípodas del de Xavier Miserachs. Este cazaba y Gasull componía. Que es lo mismo que decir que Miserachs no buscaba, encontraba y disparaba; y que Gasull no apretaba el disparador hasta dibujar la imagen en la retina. Y la del puerto no es una instantánea pensada; es una instantánea encontrada.

La pasión por la imagen acompañó siempre a Gasull, como fotógrafo y como laboratorista, aunque lo suyo fueron los números. Trabajaba como contable en el Col·legi de l'Art Major de la Seda, en el fantástico edifico barroco de Sant Pere Més Alt con la fachada esgrafiada con atlantes y cariátides. Y desde el cual tomó más de una imagen del Palau de la Música, como la que dibuja con todos los grises posibles la melancolía de un lluvioso día de otoño. Fotógrafo al amanecer, contable por la mañana y laboratorista por la tarde. Ya que después de los números, Gasull manejaba papeles, emulsiones, fijadores y cubetas. Sus positivados eran los mejores. Y su clientela la más reconocida: ahí llevaban su material Oubiña, Maspons y Masdéu. 

Martí Gasull i Avellán (1944), el otro Gasull, heredó la técnica de su padre y es uno de los mejores fotógrafos de arte que ha habido en el país. En él han confiado artistas como Miró, Tàpies, Guinovart, Subirachs, Clavé, Brossa, Plensa Ràfols-Casamada, por poner algunos ejemplos. Es también uno de los grandes defensores del arte de su progenitor: «Hay muchos fotógrafos de posguerra, como mi padre, que no es que hayan sido olvidados, es que han sido ignorados», afirma. Y de su técnica: «Positivaba de maravilla. La prueba son las fotos que encontré amontonadas en un trastero; pese a las condiciones extremas en las que han estado durante años, están intactas».

En El Quadern Robat

Anna Belsa es la tercera protagonista de la historia. La galerista durante 27 años trabajó en la Joan Prats y en el 2014 decidió reinventarse. El resultado es El Quadern Robat, un pequeño y personal espacio en un principal de la calle de Còrsega en el que solo expone aquello que le gusta. «La relación con un coleccionista o comprador es de extrema confianza. De manera que cuando recomiendas a un artista tienes que creer en él. Es la única condición. El arte ya es suficientemente intangible como para que haya otros condicionantes», explica.

La relación entre los tres personajes es evidente. Y la resume un flechazo artístico. Belsa vio las fotografías de Gasull i Coral que Gasull i Avellán había encontrado en el trastero y lo tuvo claro: «Merecía un reconocimiento y había que exponerlo». Dicho y hecho. En El Quadern Robat lucen, hasta el 3 de octubre, 26 copias de época realizadas por el propio Gasull, bajo el título Barcelona i la llum d'aquells anys. «Son las que más le gustaban, las que amplió y montó», afirma su hijo.

Y ya puestos, después de ver el trabajo de Gasull, pidan ver el de Oriol Jolonch, un joven fotógrafo barcelonés con exposición en Can Framis y fondo de arte en El Quadern Robat que es pura poesía.

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