13 ago 2020

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La cita más multitudinaria del festival

El chapuzón impúdico

La descocada fiesta acuática, convertida en la postal mediática del festival cara al mundo, volvió a congregar a miles de homosexuales entregados a chapotear, bailar y ligar

PATRICIA CASTÁN
BARCELONA

Isla Fantasía: una fiesta acuática y musical / ANAHÍ GALLARDO Y MONICA PELLICCIA

Por separado, a nadie le llamaría la atención un supermán en microbañador. Ni dos chicas dándose un húmedo beso. Ni un grupo de efebos canadienses saltando al ritmo de la música. Ni un arrumaco entre dos tipos de casi dos metros en una piscina. Ni un escenario lleno de cachas en plena contorsión. Pero si a todo ello se le agregan al menos tres ceros, la estampa sigue impresionando, aunque haya cumplido siete ediciones. El Water Park Day, o fiesta acuática en Illa Fantasia, erigido en símbolo del festival Circuit y en postal internacional de las alegrías gais en Barcelona, volvió a llenarse ayer hasta la bandera de homosexuales (los más), lesbianas y transexuales y algún hetero afín a la causa, sin pudor y con hambre de fiesta.

Mezcla sin vetos donde las haya: más nacionalidades que en la ONU, desde jovencitos a maduros, desde cuerpos Danone a entrados en carnes, desde apagadas pieles nórdicas a negros hipermusculados, travestidos con biquinis imposibles, bañadores del formato calzón al suspensorio, lolitas y maduritas... Un patrón sin límites pero con un mantra común: desfogarse y dejar en el armario cualquier complejo o vida secreta. Lo resumía Ramón, andaluz, llegado hace dos días, mecánico de profesión y homosexual, aunque solo para los íntimos: «Es la segunda vez que vengo y me he pasado el año esperándolo. No me había sentido tan libre en mi vida, me compensa de muchas cosas...», explicaba, recién superada la fila de acceso.

Las colas se habían repetido en la plaza de Catalunya, de donde salían los buses por cinco euros ida y vuelta. Pero la organización, con una tropa de guías, seguratas, camareros, porteros y demás (previo cásting popular) funcionaba con precisión suiza y el único contratiempo de un cielo cubierto. A las cuatro de la tarde- tal vez por efecto del eslogan de Matinée Group, organizador: el sol sale igual para todos-, la jornada ya era de verano pleno, para alegría de las cajas registradoras. Aguas y cervezas a seis euros, combinados a 10. Una pequeña fortuna que no lo es tanto, sopesaban algunos, cuando «esto se hace una vez al año».

¿Y qué era esto? No había dos historias iguales, aunque muchas confluyeran bajo tanta proximidad de pieles. Unos pocos disfrutaban como críos/as de toboganes de agua, o se comían un bocata a la fresca, o se explicaban historias. La gran marabunta, no obstante, tuvo sumergido medio cuerpo durante horas en la piscina gigante, convertida en pista de baile al ritmo de todos los discjockeys Matinée y a golpe de superhits. Músculos y más músculos en movimiento, fruto de tanta puesta a punto previa. Y los que no, divertidos, y fascinados por el bodegón. «No he visto a tíos más guapos en la vida», confesaba un barcelonés menudito que ha dejado de veranear en agosto para no perderse el asunto. Y señalaba con picardía a cinco australianos (una de las nacionalidades estrella), en pleno contoneo.

Contrapunto castizo

Desde la zona VIP o mirador privilegiado, otra estampa pintoresca: varios alcaldes del Maresme sin saber si mirar al ruedo o centrarse en los cortadores de jamón del omnipresente Enrique Tomás, como contrapunto al cóctel castizo.

Al anochecer, momento de pirotecnia y emotividad al son de Imagine, con multitraducción simultánea y reconciliadora que no pasaba por alto las crisis de Israel ni Ucrania. De noche cerrada, la fiesta se trasladó a la discoteca, a cubierto y en seco.

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