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INICIATIVA ANTICRISIS EN EL DISTRITO DEL EIXAMPLE

Un taller ofrece espacio, consejos y herramientas para que los ciudadanos arreglen con sus manos todo tipo de objetos

HELENA LÓPEZ
BARCELONA

Es lunes y son las seis de la tarde. En el taller de autorreparación de la calle de Floridablanca, el único de estas características en Barcelona, Xavier lima una vieja silla, mientras Cèlia corta una madera para un mueble para el decodificador de la TDT y Marta hincha las ruedas de su bici. Desde que abrió sus puertas el 18 de mayo, este peculiar taller, en el que no hay que pedir hora ni pagar el servicio y donde el único requisito es que sea uno mismo el que esté dispuesto a aprender cómo reparar su mueble, electrodoméstico o bicicleta, ha recibido 652 visitas y en él se han reparado 205 objetos. Y, lo más importante, gracias al taller Barcelona ha ahorrado 758 kilos de residuos (lo que pesan el conjunto de objetos que han pasado por el mismo que, de no ser reparados, hubieran acabado en la basura).

El taller forma parte del programa Millor que nou, impulsado por el Àrea Metropolitana de Barcelona, que, además del peculiar obrador, impulsa la campaña 100% Vell, consistente en la edición de unos trípticos en los que se ofrece un completo directorio de talleres de reparación y mercados de segunda mano (existen 10 folletos, uno por distrito).

Todas las tardes, entre las cinco y las nueve, un carpintero y un electricista-mecánico aguardan en el taller dispuestos a asesorar y ayudar en todo lo que puedan a los ciudadanos que acudan hasta allí con su objeto a reparar. «El objetivo es doble, por un lado reducir los residuos y por el otro aprender a reparar uno mismo sus muebles o electrodomésticos y pasar un rato agradable, en compañía, mientras se trabaja», explica Helena Sánchez, encargada de recibir y presentar el proyecto a los usuarios. Sobre el perfil de los mismos, Sánchez cuenta que es un público muy diverso, aunque predominan los extremos: las personas mayores que vienen con un transistor estropeado y los estudiantes que comparten piso y traen desde la tostadora hasta la bici, para hinchar las ruedas y arreglar los frenos. «Eso sí, la mayoría de gente que viene es del barrio, que lo conocen por el boca a oreja», añade la joven.

Cuando el usuario llega al centro, lo primero que hacen es pesar el objeto a reparar en una báscula situada a la entrada, para calcular los kilos de basura que se ahorra el planeta. Después pasan hacía la sala de trabajo propiamente dicha, donde son atendidos por uno de los dos técnicos del centro, según la reparación que se traigan entre manos. Estos analizan la reparación y asesoran al usuario. «Lo que sí deben pagar los usuarios es el material. El técnico les indica qué necesitan para la reparación y dónde pueden encontrarlo. Intentamos que sea en los talleres pequeños del barrio que participan en el programa 100% Vell», apunta Sánchez.

Además del asesoramiento personalizado, el local de Floridablanca ofrece talleres de carpintería, costura, reparación de calzado y electricidad todos los jueves (estos sí, con inscripción previa).

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