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La 'marca Barcelona' se impone en el mundo del cine documental

Un estilo cinematográfico que combina la realidad y la ficción cosecha premios y éxitos

El festival DocsBarcelona se abre al público y proyecta hasta el domingo lo último del género

GEMMA TRAMULLAS / BARCELONA

Desde París hasta Nueva York se reconoce la existencia de un movimiento de cine documental innovador hecho en Barcelona, una combinación única de realidad y ficción que cosecha premios y elogios en los festivales internacionales. "No es que se esté creando una marca, es que esta marca ya está cocinada", asegura Joan González, director de la productora Paral.lel 40 y del festival DocsBarcelona. Esta muestra profesional se abre este año por primera vez al público. Hasta el domingo programará una selección de documentales en los cines Alexandra, Casablanca Kaplan y la Filmoteca.

El laboratorio central (aunque no el único) de este cine barcelonés es el máster de documental de la Universitat Pompeu Fabra que dirige Jordi Balló. La leyenda del tiempo (Isaki Lacuesta), El cielo gira (Mercedes Álvarez) y Aguaviva (Ariadna Pujol) han salido del máster, obras que desbordan las costuras del género y que están cambiando el modo de explorar la realidad con una cámara. "Es evidente que se ha producido un movimiento de referencia internacional --dice Jordi Balló--. Y lo más interesante es que las propuestas más radicales son las que funcionan mejor".

MIRADA ORIGINAL

El interés del público de Barcelona por este género de autor, radical en el sentido de innovador, se confirmó con el éxito de En construcción (José Luis Guerin, 2001), aunque esta mirada original hacia lo cotidiano nace más lejos, con Víctor Erice y Joaquín Jordá. Desde En construcción, los cines se han abierto a exhibir películas que hasta entonces tenían su difusión limitada a festivales como Docúpolis y L'Alternativa. Sin salir del ámbito catalán, en DocsBarcelona (www.docsbarcelona.com) se presentarán también 3055 Jean Leon, de Augustí Vila, y Llach: la revolta permanent, de Lluís Danés.

Sin embargo, se dan paradojas como el caso de La casa de mi abuela, de Adán Aliaga. Siendo el documental español más premiado (ganó, entre otros, el prestigioso festival Amsterdam, en el 2005), apenas permaneció unos días en cartelera. La casa de mi abuela, como Honor de cavalleria (Albert Serra) y El taxista ful (Jo Sol), han surgido al margen del máster de la Pompeu pero se han incorporado a la marca Barcelona

Según el productor Paco Poch (Gaudí, de Manuel Huerga, Innisfree, de José Luis Guerin, y La leyenda del tiempo, de Isaki Lacuesta), "se está dando una conjunción en la que la universidad, la televisión, las instituciones públicas y la industria avanzan en paralelo con cuatro o cinco autores que han despertado el interés de los periodistas". Pero, según él, para que este caldo de cultivo cuaje en una explosión de la marca Barcelona faltan cosas: "El sector de la exhibición tiene que comprometerse más con el documental, se necesita una televisión como la francesa Arte, una distribuidora internacional de documentales y otra especializada en DVD. Y los creadores no deben frenar su creatividad. Tienen que lanzarse al vacío, quemar las naves, y hacer propuestas sin pensar si resultarán comerciales o elitistas".

EXPERIENCIA VITAL

Poch es el más atrevido a la hora de establecer paralelismos. El productor ve semejanzas entre la confluencia de circunstancias que han facilitado el nacimiento del documental made in BCN y los momentos históricos que alumbraron el nuevo cine alemán de Herzog y Fassbinder, la nouvelle vague de Godard, Resnais, Truffaut y Chabrol, y el free cinema inglés. Los directores, en cambio, son prudentes y se resisten a confirmar que estén creando escuela.

En lo que sí coinciden casi todos es en su aproximación al documental como experiencia vital, un sacerdocio que no da para la hipoteca pero que proporciona grandes satisfacciones emocionales e intelectuales. "Existe un punto de pequeña familia --cuenta Isaki Lacuesta desde Rotterdam, donde busca financiación para su próxima película de ficción--. El que Joaquim Jordà tuviera tanto contacto con los jóvenes ha hecho que haya un intercambio"

Cuando uno de estos directores jóvenes monta una película, los demás van a verla y dan su opinión. De manera que cualquier estreno se convierte, no en competencia, sino en una aportación al movimiento, en un nuevo reto a superar. Mercedes Álvarez , que como Adán Aliaga vino a Barcelona para hacer el máster y ha terminado instalándose en la ciudad, coincide en que "ha sido esta cercanía entre maestros y alumnos la que ha dado lugar a unas obras dentro del ámbito documental que dialoga con la ficción". Este movimiento "tiene una originalidad profundísima que es la idea de la filiación", añade Jordi Balló.

El sector público también ha detectado el auge del documental. A través del Institut Català de les Indústries Culturals de la Generalitat se ha reforzado el apoyo.