RETRATO DEL CAMBIO

Xavi ejecuta, ahora sí, la transición en el Barça

Xavi da instrucciones a Ansu antes de que salga en el Barça-Elche del Camp Nou.

Xavi da instrucciones a Ansu antes de que salga en el Barça-Elche del Camp Nou. / Jordi Cotrina

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Marcos López
Marcos López

Periodista

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No le quedaba otro remedio a Xavi. O ejecutaba, al fin, la transición, avalado por la potencia económica de las palancas de Joan Laporta y el plan deportivo compartido y guiado por Mateu Alemany y Jordi Cruyff o la situación se ponía delicada incluso para él. Por mucho que no lleve ni un año en el banquillo del Camp Nou. Aún le quedan dos meses para festejar su primer aniversario.

Pero el técnico, consciente de que no le quedaba margen de error tras llevar al Barça al segundo lugar la pasada temporada, ha intervenido, y con precisión casi quirúrgica, en casi todas las áreas.

Tanto en el vestuario, donde se está viviendo un nuevo liderazgo, acabándose ya la larga etapa de las ‘vacas sagradas’, como en el campo donde ha definido, y de forma muy clara, los roles, a pesar de que insista en la necesidad de "crear una familia" para superar una compleja temporada.

Ha sido más fundamentalista que nunca en la pizarra, aferrado al 4-3-3 como su principal forma de entender el juego. En siete de los ocho primeros partidos ha empleado esa fórmula táctica, rescatando el valor de los extremos (Raphinha, por la derecha, y Dembélé, por la izquierda, han sido sus preferidos), además de cambiar la jerarquía en la defensa.

Busquets charla con Piqué mientras Alba sigue el Barça-Elche desde el banquillo del Camp Nou.

/ Jordi Cotrina

Piqué y Alba son marginales ante la llegada de Koundé, el nuevo líder de la zaga junto a Araujo, y la irrupción de Balde, que ha alterado todos los planes. Especialmente a Alba. Solo modificó Xavi su plan en San Sebastián cuando empleó el 3-5-2, con tres centrales para ganar a la Real Sociedad.

Ha sido Xavi más fundamentalista que nunca en el plano táctico: siete de los ocho partidos los ha jugado con su tradicional 4-3-3

El dibujo es innegociable. La presión, también. Los protagonistas cambian. Pero no todos. Hay algunos que son imprescindibles para entender la mutación del Barça de Xavi, resumida en las manos fiables de Ter Stegen y la puntería clínica de Lewandowski.

22 jugadores utilizados de 24

A partir de ahí, ha armado el técnico su nueva estructura, aunque ha querido involucrar a la plantilla en la rueda para que nadie se sienta desenchufado del proyecto. "Los necesito a todos", no para de decir el entrenador. Hasta 22 jugadores de los 24 que posee en la plantilla ha utilizado el técnico en estos 36 primeros días del curso. Y ahí ya se aprecia la división por importancia de cada uno de los jugadores. Solo Iñaki Peña, el segundo portero, y Arnau Tenas, el tercero, no han pisado el césped. Los demás, sí.

Ter Stegen controla el balón en presencia de Balde en el Barça-Elche del Camp Nou.

/ Jordi Cotrina

A Ter Stegen, recuperado el ángel que perdió en los últimos meses, no se le discute. A Lewandowski, menos aún. Cuando el polaco no marca, el Barça se atasca: empate con el Rayo (0-0) y derrota en Múnich (2-0). Y después, o tal vez antes, queda la figura de Pedri, el joven que ilumina con su clarividente fútbol la ruta azulgrana.

Cuando se lesionó el canario la pasada temporada, Xavi y, por supuesto, el Barça se quedaron a oscuras. Tan desorientados y perdidos estaban que cayeron en un final caótico donde desperdiciaron la ocasión de pelear por la Liga.

Pedri celebra el gol que anotó y que fue invalidado por el VAR.

/ Jordi Cotrina

Ahora, Pedri vuelve a ser el faro que necesita Xavi. "Es un jugador superlativo", no para de repetir el técnico. “Está al nivel de los mejores jugadores que han pasado por el Barça. Tenemos que cuidar de él, tenemos que mimarle”, subraya el entrenador, consciente de que hay un Barça con el canario -luminoso, creativo, astuto y profundo- y otro sin él -opaco, triste y hasta demasiado horizontal-.

Ferran Torres lee un papel escrito por Xavi con instrucciones tácticas de acciones a balón parado en el Barça-Viktoria Pilsen de Champions.

/ Jordi Cotrina

Ya quiso Xavi hacer la transición de verdad la pasada temporada, pero no pudo porque el "esto es lo que hay" de Koeman era una verdad incontestable. Al técnico de Terrassa ya le tocó sufrirlo en los dos primeros meses (noviembre y diciembre) antes de que el club actuara con celeridad en enero ejecutando cuatro fichajes de urgencia.

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Solo continúa Ferran Torres (costó 55 millones más 11 en variables) ya que Alves, que venía del paro, y Adama, cedido por el Wolverhampton, no entraban en la nueva hoja de ruta. Aubameyang, sí. Pero el delantero tuvo que ser vendido al Chelsea por 13 millones.

Memphis festeja arrodillado el gol que le marcó al Elche en el Camp Nou.

/ Jordi Cotrina

Si en invierno fueron cuatro, en verano fueron siete (ocho si se incluye al joven Pablo Torre, cuyo destino o se queda en el primer equipo aunque tenga pocos minutos o baja al filial con Rafa Márquez se decidirá en este parón por las selecciones. Con los recursos que no tenía al llegar, Xavi ya va moldeando realmente el Barça que pensó hace tiempo, aunque eso implique dejar en la orilla del camino a amigos (Alba) y excompañeros (Piqué) en un inevitable y necesario cambio generacional.