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El año de los abrazos

Una interna en una residencia de mayores abraza a su sobrino a través de un plástico habilitado para que los familiares se puedan dar su primer abrazo. Junio de 2020.

Una interna en una residencia de mayores abraza a su sobrino a través de un plástico habilitado para que los familiares se puedan dar su primer abrazo. Junio de 2020. / Biel Aliño (EFE)

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Este será el año en que recuperaremos los abrazos. Tal vez, no enseguida, pero la paulatina aplicación de la vacuna nos hace prever el fin de la pandemia hacia la segunda mitad del año. Al menos, en los países desarrollados, ya que la OMS tardará más tiempo en levantar la alarma mundial y siempre que no suceda otro evento inesperado. 

Si aceptamos esta hipótesis como la más probable, habrá que plantearse cómo llegar al final de la pandemia en las mejores condiciones económicas posibles y cómo será el mundo post Covid, dado que podemos asegurar que no regresaremos al punto de partida. La pandemia nos ha cambiado como personas, pero también como sociedad y pocas cosas volverán a ser como antes.

Evitar que el optimismo desatado por la vacuna se traduzca en una tercera ola más destructora que las anteriores, es lo primero. Y, de momento, estamos fracasando en ello, tanto en España, como en toda Europa donde el “salvar la Navidad” se está traduciendo en un repunte de contagios y de muertes. En estas condiciones, parece claro que habrá que prorrogar durante el primer semestre las medidas puestas en marcha al inicio de la pandemia, como ya ha hecho el BCE. Pero serán insuficientes cuando el paso del tiempo haga que los problemas de empresas y trabajadores ya no sean de liquidez, como al principio, sino de solvencia, tras casi un año con restricciones sanitarias a la movilidad, con el impacto que ello puede tener sobre empresas (quiebras), bancos (morosidad) y empleo (ERES tras los ERTES). 

Con datos disponibles solo hasta octubre, en 2020 había en España 32.500 empresas y 209.000 ocupados menos, que el año anterior. Y estos números crecerán hasta pasado el verano de 2021, porque resulta improbable que los millones de turistas que dejaron de visitarnos durante la pandemia lo hagan de golpe este año, pese a la vacuna.

La necesidad de ayudas directas a las empresas de los sectores más afectados es ya urgente, como demandan las organizaciones empresariales. Pero que no puede esconderse detrás de nuevas ayudas a la liquidez como las aprobadas recientemente por el Gobierno en forma de aplazamientos de impuestos y de alquileres o más deuda avalada. Si esto va a durar hasta el verano, harán falta ayudas directas de renta para mantener la solvencia y no más ayudas de liquidez que solo aplazan en el tiempo el pago de ciertas obligaciones. Estas ayudas directas no figuran en los Presupuestos, ni pueden confundirse con los Fondos europeos para la reconstrucción que están pensados para nueva inversión en grandes proyectos transformadores. Por cierto, el Decreto Ley aprobado para facilitar la gestión de estos fondos, aun sorteando la burocracia más que reformándola, representa un gran avance en la simplificación de tiempos y trámites, pero, a la vez, incrementa demasiado el protagonismo público en una de las figuras más prometedoras como son los llamados PERTES donde, ahora, la colaboración público-privada parece traducirse en que lo público decide y lo privado, ejecuta.

Aunque en 2021 veamos un espectacular incremento del PIB, que el consenso de los expertos sitúa en el 7,3%, ello no compensará la terrible caída del menos 12% que se prevé como cierre del 2020. Necesitamos hacer las cosas con mucho cuidado para mantener al máximo nuestro tejido empresarial que es quien debe traducir en empleo y bienestar la recuperación prevista. Si nos dejamos llevar por quienes quieren aprovechar los fondos europeos para impulsar, bajo el pomposo nombre de “cambiar el modelo productivo”, una reconversión industrial similar a la de los años 80 del siglo pasado, con cierre de empresas y despidos en sectores considerados, desde los despachos, como “obsoletos”, estaremos asegurando una prolongada recesión adicional a la provocada por el Covid.

Ni la necesaria transición ecológica (energía renovable+ eficiencia energética + economía circular + cuidado de los ecosistemas), ni el avance en valor añadido asociado al impulso de la digitalización que el Gobierno lidera, pueden ser contemplados como una amenaza a su supervivencia por la mayor parte del millón doscientas mil empresas existentes en España. Cambiar el modelo productivo no es “menos ladrillo, menos turismo y más ordenadores”, sino más ladrillo y más turismo, sostenibles y con ordenadores, acompañado de una apuesta por las tecnologías asociadas a la Inteligencia Artificial, como se está haciendo en la Comunidad Valenciana. No es un problema de “sectores”, sino de “vectores” productivos y de valor añadido.

Europa deberá consolidar, este año, la nueva situación alcanzada tras el Covid. Sin Reino Unido, pero con una política presupuestaria y monetaria que, a diferencia de lo ocurrido cuando la anterior crisis financiera, representa un claro salto adelante en el proyecto solidario de construir más Europa. Un BCE facilitando toda la liquidez necesaria; la aprobación de unas ambiciosas perspectivas financieras plurianuales que incluyen un volumen sin precedente de inversión en los fondos Next Generation UE, la aceptación de financiarlos con deuda conjunta y el acuerdo de que para acceder a los fondos, los Estados Miembros deben respetar el estado de derecho (un claro revés para los populismos autoritarios que están surgiendo), representan hitos impensables hace unos meses que refuerzan la confianza en que Europa ha decidido avanzar en su integración, después de mucho tiempo temiendo que el proyecto saltara por los aires. A resaltar, el importante papel jugado por la Alemania de Merkel y las dudas que suscita la anunciada retirada de la canciller.

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La salida de Trump de la Casa Blanca abrirá unas nuevas perspectivas en el panorama mundial. Pero, tampoco aquí, volveremos al pasado. Aunque la nueva administración americana recupere un mayor grado de multilateralismo y ponga freno a algunas iniciativas proteccionistas de su antecesor, la necesidad de repensar el modelo de globalización pre pandemia seguirá estando sobre la mesa. No creo posible, ni beneficioso, una desglobalización, pero muchos países quieren recuperar una cierta autonomía nacional en productos estratégicos, es claro que las reglas de la OMC deben revisarse para evitar abusos como los cometidos por China durante años y la confrontación tecnológica entre China y USA (la llamada nueva guerra fría) seguirá presente, marcando un porvenir en el que Europa se encuentra peligrosamente desdibujada.

El cuadro que mejor representa el pasado año en la política española es “Duelo a garrotazos” de Goya. Debemos intentar que el año recién estrenado sea diferente. Si la vacuna permitirá que los ciudadanos recuperemos los abrazos, sería exigible que los políticos, cuya función es fundamental para la buena marcha de una sociedad plural, pusieran por delante el interés general a sus propias ambiciones partidistas. Pero no en la forma de rendición de una parte, como en el cuadro “El abrazo de Vergara”, sino en la idea expresada por el cuadro “El abrazo” del valenciano Genovés, que habla de la reconciliación social que hizo posible la transición desde la dictadura franquista, a la democracia del 78 en la que seguimos. Sea este mi deseo para el año recién estrenado.

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