Innovación en el sector alimentario

Calconut, los frutos secos 4.0

  • La firma se reinventa y prepara el asalto a la gran industria y supermercados

El director general de Calconut, Héctor Serrano

El director general de Calconut, Héctor Serrano / Álex Domínguez

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David Navarro

Es uno de los ascensos más meteóricos que se recuerdan en un sector tradicionalmente tan inmovilista como el agroalimentario. En apenas una década, Calconut ha pasado de ser una modesta firma de trading de frutos secos -comprar un contenedor de almendra en California y llevarlo hasta un comprador en Marruecos-, que no alcanzaba los nueve millones de facturación y apenas contaba con dos empleados, a una compañía capaz de transformar más de 15.000 toneladas de producto en sus propias instalaciones. Ya cuenta con una plantilla que supera los 170 empleados y unos 130 millones de ingresos, que en sólo dos años prevé elevar de nuevo hasta los 190 millones. Una empresa que, además, apuesta fuerte por la innovación y que, en su afán por buscar nuevas elaboraciones, ya investiga para lanzar al mercado hasta queso y chorizo veganos.

La compañía ya trabaja para multinacionales como Nestlé o Unilever


Una transformación en la que la firma, además, se ha trasladado desde la localidad almeriense de Pulpí hasta Mutxamel, en Alicante, donde ha invertido 18 millones en su nueva fábrica y sede corporativa, cuyos pasillos y salas de trabajo recuerdan más a los de una compañía tecnológica que a los de un elaborador y envasador de frutos secos. También la filosofía de trabajo, que lleva a sus responsables a cuidar incluso la alimentación de sus empleados con menús elaborados por chefs procedentes del Sha Wellness  -la clínica de los famosos de l’Alfàs del Pi- o de un estrella Michelin, como es El Monastrell. Todo para atraer y retener talento.

Todo empezó cuando el fundador de Calconut y actual presidente, Juan Luis Peregrín, decidió dar cabida en la empresa a un nuevo socio, el ingeniero y experto en gestión empresarial Héctor Serrano, convertido ahora en director general de la compañía. Serrano llegó con nuevas ideas y empezó por aplicar la gestión de datos y las nuevas tecnologías al negocio de trading. Un primer cambio con el que pasó de operar con una cartera limitada de clientes y proveedores a tener el mundo literalmente a golpe de click.

El crecimiento fue exponencial. De 11 millones de euros de facturación en 2012 se pasó a 126 millones en 2015, lo que le valió que el Financial Times la incluyera en su lista de las empresas de mayor crecimiento del continente.

Sin embargo, como señala Serrano, "la empresa facturaba mucho, pero no ganaba tanto", por lo que decidieron dar un nuevo giro. En esta ocasión, la clave era pasar del simple trading a encargarse también de aquellas partes de proceso que generan mayor valor añadido. Es decir, la transformación y el envasado.

Empezaron subcontratando esta parte del negocio a terceros, hasta que se decidieron a poner en marcha su propia fábrica. Teniendo en cuenta que la mayoría de la mercancía entraba por el puerto de València, mantener la sede en Almería suponía un gasto excesivo, por lo que iniciaron un proceso de búsqueda. La oportunidad les llegó cuando se toparon con una nave que había pertenecido a una cadena de muebles y que, con la crisis, había acabado en manos de la Sareb. Su ubicación, en Mutxamel, estaba lo suficientemente cerca de València y, sobre todo, de uno de los puntos de mayor consumo de frutos secos del país, el municipio alicantino de Xixona, donde se encuentra la industria turronera.

La factoría incorpora la última tecnología, con un elevado grado de automatización y todo tipo de sensores para alertar inmediatamente de cualquier posible fallo en la cadena o, por ejemplo, detectores de metales o rayos x para garantizar la seguridad del producto. La puesta en marcha de la fábrica, a la que en breve acompañará una segunda nave en el mismo polígono, permitirá a la firma lanzarse a por dos nuevos segmentos de mercado mucho más rentables.

Por una parte, la compañía ya ha iniciado el asalto a las cadenas de supermercados, donde ve un gran potencial de crecimiento, con un primer contrato con la francesa Intermarché y otra española que no quieren desvelar. Pero, además, Calconut ha cerrado ya los primeros acuerdos para suministrar su materia prima o semielaborada a grandes multinacionales alimentarias, como Nestlé o Unilever, además de la alicantina Antiu Xixona, proveedora de turrrón y chocolate de Mercadona. 

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Por si esto fuera poco, la firma ha puesto en marcha su propia marca, Nut&Me, con la que ha abierto su propio ecommerce donde vende sus productos más elaborados, como sus cremas 100% de avellana, cacahuete o pistacho y donde confían que a finales del próximo año pueda llegar el queso y el chorizo vegano que preparan. En suma, todo un ejemplo de cómo se construye un gigante alimentario en menos de una década.