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MOVILIZACIÓN CONTRA LA DISCRIMINACIÓN

Un grupo de inmigrantes se encierra en Barcelona para reivindicar sus derechos

La docena de personas se mantendrán en huelga de hambre hasta el próximo sábado

Entidades proderechos humanos secundan la protesta en la iglesia de Santa Anna

Cristina Buesa

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Los inmigrantes están instalados en la sala capitular de la iglesia de Santa Anna, en Barcelona. / RICARD CUGAT

Una vez más la parroquia de Santa Anna ha sido el lugar. El pasado sábado, cuando se manifestaron en la plaza Catalunya, no avisaron a nadie de que el espacio elegido volvía a ser la generosa iglesia del Gòtic. Una vez instalados y lograda la repercusión mediática y ciudadana, las instancias superiores no se atreverán a echarles del espacio, ríen indisimuladamente. El párroco Peio Sánchez, como nunca debería dejar de pasar, es cómplice de los más desfavorecidos.

Hay que cruzar todo el templo para encontrarles. De camino, en caballetes, una exposición fotográfica de Antonio Sempere con el drama de la inmigración transfronteriza recuerda cómo llegaron a la Península muchos de ellos. La asociación Stop Mare Mortum les apoya, explica una de sus colaboradoras, Angelina Lecha. "Son personas que están en el limbo. Si antes ya lo estaban, solo ha faltado el vacío de poder tras la aplicación del 155", describe la mujer mientras se acerca a la sala capitular.

Colaboración de todos

En ese espacio se está más caliente. Las estufas que alguien trajo el día anterior lo garantizan. "Las colchonetas del suelo son de Mataró, el agua de Cáritas de Blanes, los zumos de los ayuntamientos de Barcelona y Badalona, y así con todo", resume otro de los organizadores de la entidad, Ferran Moreno. Ellos están durante el día, de apoyo logístico y moral, aunque los que están encerrados en señal de protesta son otros 12. Están hartos de la explotación laboral y la discriminación.

"Yo soy como San Pedro, llevo las llaves", muestra Enrique Mosquera mientras las hace tintinear. Anécdota aparte, Mosquera es un histórico de la lucha social. "Ya estuve en el encierro de la Catedral de 2001, entonces se logró mucho pero ahora la situación vuelve a estar fatal", se queja. Esa sensación de desamparo recorre las conversaciones de la sala y las miradas de los presentes.

Todavía con fuerzas

La docena de personas encerradas en la parroquia de Santa Anna están en huelga de hambre y su intención es mantenerla hasta el sábado 23 de diciembre. De momento están fuertes físicamente, mantiene el nigeriano Ovier Kelvin, que llegó a Málaga seis años atrás y la crisis le llevó hasta Catalunya para encontrar trabajo. "Lo que nos ocurre es indigno, he tenido que pedir hasta limosna y yo quiero trabajar", reclama.

"Es imposible lograr un contrato de un año con un mínimo de 40 horas semanales para que te den una primera tarjeta de residencia temporal", se queja la ecuatoriana Norma Falconi, con 20 años en Barcelona. La mujer subraya que el desgaste psicológico de las personas sin papeles es enorme y que actualmente son medio millón. En la recta final de la campaña electoral, dicen que no se les escucha porque no votan.

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