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LA CUNA DE LOS ATENTADOS

"La convivencia ha saltado por los aires"

Los vecinos no musulmanes de Ripoll prevén una difícil reconstrucción del clima de respeto entre comunidades

"Las familias de los terroristas no tienen la culpa de nada, pero habrá quien no lo verá así", dice una mujer

Víctor Vargas / Ripoll

Control de los Mossos a la entrada de Ripoll, este domingo.

Control de los Mossos a la entrada de Ripoll, este domingo. / AFP / PAU BARRENA

La gran mayoría de los vecinos de Ripoll que se avienen a hablar sobre el drama que asuela la localidad, cuna de los ataques terroristas de Barcelona y Cambrils, prefiere quedarse en el anonimato o que nos refiramos a ellos recurriendo a un nombre ficticio. "Es un pueblo pequeño, aquí nos conocemos todos; bueno, o eso pensábamos...", se justifica una señora mayor. Ese mismo anonimato es el que también les gustaría que se mantuviera para el pueblo que llevan en el corazón. Que siguiera siendo conocido por los forasteros como un bello paraje natural prepirenaico o como la población que acoge uno de los monasterios románicos de referencia en Catalunya y España. Pero no, todos los detalles de la cotidianeidad en Ripoll les mantienen inmersos en una cruda resaca que "promete durar semanas, si no meses", añade esta misma mujer.

"Volver a la normalidad como la vivíamos desde siempre va a ser un reto más que difícil entre nosotros. La gente está muy tocada. Piensa que había dos extremos, dos comunidades, que con el paso de los años habían acercado posturas hasta tal punto que compartían un clima de mutuo respeto y convivencia. Pero esa sensación ha saltado por los aires. Los extremos se han separado de golpe y va hacer falta mucho tiempo y mucha paciencia para tapar esta herida", describe Maria, buena conocedora del tejido social local como dependienta de la localidad.

A todos ellos les gustaría que el resguardo del pueblo siguiera viniendo de parte de las frondosas montañas que lo flanquean. Pero no, desde el jueves es una legión de los Mossos d'Esquadra la que blinda los accesos a la población. Colas kilométricas, hasta 45 minutos de lenta marcha para cumplir con el escrupulosísimo control policial de la 'operación Jaula', como muestra la televisión de uno de los bares de la localidad. "¿Y para qué tanto control aquí? ¿Acaso piensan que de todos los lugares que tiene [Younes Abouyaaqoub, el yihadista que permanece fugitivo] iba a regresar precisamente aquí?", espeta una mujer. Sus palabras suena más a frustración e impotencia que a reproche por el despliegue policial de excepción. 

Anormalidad

Agentes, periodistas, curiosos... Nada ayuda para que Ripoll empiece a recomponerse, a enfilar sin tantos lastres la ardua tarea de pasar página. "¡Joder, es que ha tocado aquí! ¡Si esto es lo más tranquilo que te puedes echar a la cara!", clama Antoni. Alejado de él, en la distancia, que no en el pensamiento, Eduard dice sentirse "muy desubicado", mientras comparte pitillo y charla con un colega en la terraza de un bar. "Pero si aquí, por no haber, no hay ni suicidios. Te lo puedes esperar en Barcelona, que no es el Bronx, pero de vez en cuando pasan crímenes y noticias tan macabras , ¿pero aquí?", dice Eduard, sin saber que los estudios revelan todo lo contrario.

Tiempo detenido

Tan tranquilo es el lugar "que no hacen [o hacían] falta mediadores" entre comunidades, como sí se precisan "en poblaciones como Manlleu", explica Laura, vecina de Campdevànol, pero veterana trabajadora en un comercio de Ripoll. "En Manlleu hay guetos en sitios como los pisos de Can García, aunque uno de esos edificios ya lo han tirado abajo. Pero aquí no había problemas de convivencia, nada hacía dudar de ellos ni de nadie", dice Laura.       

El tiempo parece haberse detenido en Ripoll, pero esta vez, desafortunadamente, no por la habitual quietud de este enclave. "La mala pata es que, encima, ha pasado en agosto, con todo al ralentí. Aquí lo que hace falta es que pasen los días rápido, que llegue septiembre y se recupere la rutina para ir superando todo esto, poco a poco", desea Eduard. Un retorno paulatino a la normalidad que también precisan las familias de los yihadistas. "Están esperando que les devuelvan los cuerpos para llevárselos a Marruecos y seguir allí su ritual. Raramente los entierran aquí", dice una amiga de una de las familias. "De esta no se recuperan nunca. Y nadie debería olvidar que ellos no tienen culpa de nada -expone-. Pero estoy segura de que hay vecinos que no lo van a ver así. Y me temo que los familiares van a tener que marcharse de aquí. Mudarse a otro sitio, tratar de empezar de cero, si es que eso es posible". 

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