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INCENDIO EN PORTUGAL

"Las llamas golpeaban muy fuerte la camioneta"

Los supervivientes relatan el terror que han vivido durante toda la noche y como lograron salvar sus vidas

Al menos 57 muertos y 59 heridos en un incendio forestal en Portugal

Las llamas han arrasado casas y bosques enteros. / AP / ARMANDO FRANCA

“Las llamas golpeaban muy fuerte la camioneta, choqué contra un pino y caminé”. Hugo Santos, de 33 años, explica de esta manera como ha conseguido salvar a su familia del fuego en Portugal. Hablaba desde el Hospital de Avelar, en el municipio de Ansiao. Su padre, de 57 años y con poca movilidad se ha quedado ingresado. No tienen donde vivir. “La casa ardió toda, quedó todo quemado. Me he quedado sin nada”, relata este vecino de la población de Figueira. Los márgenes de la carretera quedaron calcinados.

Hugo logró salvar a su padre, a su mujer y a su hija de 11 años. “Temía por la vida de todos, pensé que nos quedábamos allí”, repite al recordar como las llamas “golpearon” insistentemente el vehículo. Temió por perder el control de la camioneta “varias veces”, admite. Le cuesta encontrar las palabras para explicar cómo se salvó y como sucedió todo. “Nunca, nunca, he visto una cosa igual”, asegura, refiriéndose al modo en el que incendio de Portugal se desencadenó y la intensidad con las llamas se propagaron.

En el banco de la parada de autobús de Nodeirinho, en Pedrógão Grande, descansa Eugenio. “La noche terrible” pasó, pero perdurará durante años en su memoria y en los habitantes del municipio. “Nunca he visto nada así, el fuego volaba”, afirma al Diario de Noticias. Mientras, consuela a su amigo Manuel. Ambos pasaron la noche en vela. No combatieron el fuego, sino huyendo de él. En la aldea queda la memoria de los muertos: “la suegra de Anibal y la mujer”, “la hija de Ricardo”, recita. Gente de la tierra.

"EL VIENTO TRANSPORTABA LAS LLAMAS"

La forma en que el fuego se expandió sorprende. “El viento transportaba las llamas”, subraya Manuel Faria, dueño de una serrería que sólo ha resultado afectada parcialmente. “En el aire se veía un tifón con el fuego que barrió todo”, le apunta un compañero, que se deja caer tranquilamente en el mismo banco del autobús. La noche anterior, como Eugenio, ayudó a mucha gente, pero aún no tenía noticias de su hijo.

Mientras en las aldeas se lloran a los muertos y quien está vivo da “gracias a Dios”, en el centro del pueblo de Pedrógão Grande se ha instalado el centro de mando que coordina las operaciones de lucha contra el fuego, así como la identificación de las víctimas.

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