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Coladas fuera de casa

La costumbre anglosajona de acudir a lavanderías emerge en Barcelona, donde han abierto ya 40 locales

La mayoría de los usuarios lava piezas grandes porque cuestan la mitad que en las tintorerías

TERESA PÉREZ / BARCELONA

Estados Unidos Inglaterra tienen lavanderías de película, o al menos eso es lo que muestra a menudo la gran pantalla. Son lugares de encuentro, de reunión y espacios para pegar la hebra mientras la colada da vueltas y vueltas en la lavadora. Aquí, hasta ahora, los trapos sucios se han lavado en casa, pero poco a poco en Barcelona van apareciendo lavanderías autoservicio para hacer la colada. Se calcula que ya hay unas 40 y la cifra sigue aumentando. «Se está viviendo un pequeño 'boom'», afirma Albert Carrillo, uno de los dueños de la lavandería La Wash, frente al mercado de Horta, que se inauguró hace tres semanas. Precio y ahorro de tiempo son factores que juegan a favor de estos nuevos negocios que atraen a turistas y público de todas las edades.

Jonatan Oliver, vecino del barrio de Horta y uno de los primeros clientes en utilizar este servicio, valora el factor precio: «He traído el edredón porque no nos cabe en la lavadora. Cuesta mucho más barato que en las tintorerías tradicionales. Además, en 30 minutos te lo llevas a casa».

Lavar una pieza del tamaño de un nórdico de cama de matrimonio puede costar de 4,5 a 6 euros, según se decante el usuario por una máquina con capacidad para 10 o para 13 kilos. «Por esta misma pieza en una tintorería te cobran el doble», añade Carrillo. La secadora va aparte: 2 euros por escurrir 13 kilos de ropa. A su juicio, el ahorro para el cliente es considerable porque no gasta agua, ni luz, ni detergente, ni suavizante ni tiene que pagar la amortización de la lavadora y las posibles reparaciones. Un estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios demuestra que las averías se disparan a los tres o cuatro años de la vida del electrodoméstico.

En estos momentos, las autolavanderías viven la época con más trabajo del año debido al cambio de la ropa de temporada. «La gente saca la de verano y recoge la de invierno, pero antes pasa por la lavandería», indican fuentes del sector.

ZONAS TURÍSTICAS

El Gremi de Tintorers i Bugaders de Barcelona quita importancia a este negocio emergente, pero reconoce que «es cierto que en el último año han abierto más negocios de este tipo» aunque matiza que es en zonas turísticas. «Todo el mundo tiene lavadora en casa», recuerdan. Algunos de estos locales sí que están en áreas turísticas, pero otros están en los barrios de toda la vida.

La Bugaderia Kwlaqua, en la rambla de Brasil, es uno de estos negocios. No hay nadie que atienda al público, como sucede también en otro de la calle del Clot: solo un teléfono para incidencias. Una máquina vendes fichas: un euro, la unidad. Un letrero alerta: «Las máquinas quedan completamente desinfectadas después de cada lavado». Todo muy americano. La higienización atrae a los aprensivos que no quieren usar su lavadora para hacer determinadas coladas, como les ocurre a algunos propietarios de pisos turísticos.

Las ventajas de estos autoservicios no solo residen en el ahorro económico, también en el ahorro de tiempo. Carlos Sarmiento, dueño de Clean & Fresh, en Casp, 141, levantó la persiana el pasado marzo. «Yo vendo tiempo a la gente», puntualiza. Hay gente que va a hacer la colada semanal porque aunque «tiene lavadora en casa necesita poner cuatro para hacer la colada familiar. Aquí, con una máquina grande, para 17 kilos tienen suficiente y en 40 minutos se llevan la colada limpia», aclara. La tarifa asciende a 7,5 euros. Los precios no son uniformes, pero tampoco hay guerra de tarifas. La mayoría incluyen el detergente, pero otros te dejan traerlo de casa o comprarlo en el local, como sucede en el negocio de la calle del Clot donde Isabel Sueiro lava su ropa. «Mientras, ahorro para comprarme otra lavadora porque se me ha estropeado», dice.

ABIERTO TODO EL AÑO

El cliente puede visitar las lavanderías todos los días del año de 7.00 u 8.00 de la mañana a 22.00 horas. Para distraerse hay revistas y máquinas con bebidas para matar el rato. La amplitud horaria sorprende ya que Catalunya es especialmente vigilante con los horarios comerciales, pero a estos negocios no les afecta. «No están sometidos a la ley de horarios porque es una empresa de servicios, no de compraventa de productos», afirma un portavoz de la Direcció General de Comerç de la Generalitat.

Temas: Consumo

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