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CONVULSIÓN EN LA COMUNIDAD RELIGIOSA DE LAS ISLAS

Un rosario de casos de pederastia sacude a la Iglesia en Baleares

La cúpula eclesial subraya que es su deber estar al lado de las víctimas de abusos

Las misas de este domingo incluyen la lectura de una carta del obispo Salinas

MARISA GOÑI / PALMA

La proliferación de denuncias de casos de pederastia presuntamente cometidos por sacerdotes ha desatado una profunda convulsión en la Iglesia en Mallorca. Cuatro religiosos investigados por la Justicia han sido apartados de sus funciones en los últimos tiempos en diversos puntos de la isla. «Tenemos que estar al lado del menor que ha sufrido el abuso y mantener una tolerancia cero con quien ha abusado», dice la carta que el obispo Javier Salinas ha remitido a todas las parroquias mallorquinas para que sea leída en las misas este fin de semana.

«Ha cogido el tema por los cuernos», se alegraba ayer al salir del oficio de la iglesia de Sant Miquel, una feligresa palmesana, entusiasta con la contundencia del obispo, que, no obstante, también ha generado malestar en algunos entornos de los sacerdotes implicados.

Hace apenas una semana, Salinas dio muestras de su firmeza con la orden de suspensión en sus funciones al prior del monasterio de Lluc, Antonio Vallespir, denunciado ante el tribunal eclesiástico y la Justicia ordinaria por un joven de 35 años por presuntos abusos durante su infancia. Según relató ante la Policía en Barcelona, donde ahora reside y sigue tratamiento psicológico, siendo cantor en la escolanía de LLuc y más tarde como residente en el monaserio Real, Vallespir abusó de él. La policía investiga ahora la veracidad de unos correos electrónicos aportados por la víctima y publicados ayer por Diario de Mallorca. «Me comporté como un adolescente sin pensar que te estaba haciendo daño», admite en la misiva fechada el pasado septiembre el prior, quien se muestra como alguien «débil» y esperanzado de que el joven lo perdone: «Sé que no me devolverás mal por mal».

Exmonaguillos

Otros casos judicializados que han puesto estos días en la picota a algunos miembros de la Iglesia han partido de exmonaguillos, como uno del municipio de Selva. Ha denunciado haber sufrido abusos perpetrados por varios curas de Mallorca entre 1987 y 1990, entre los que citó al rector del municipio, Antonio Cano, quien ha sido suspendido en sus funciones, y al rector de Sa Pobla, Joan Pons, quien dejó el cargo de forma voluntaria tras abrirle expediente el Tribunal Eclesiástico. A este último también le denunció el pasado 9 de marzo ante la Justicia un exmonaguillo de 32 años por presuntos abusos perpetrados en agosto y diciembre del pasado año. La situación le llevó al joven a consumir alcohol y pastillas y tuvo que someterse a una limpieza de estómago en el Hospital de Inca, según contó a la Guardia Civil, que prevé imputarle por dos delitos de agresión sexual. Pons ha recibido muestras de apoyo en el pueblo de personas que ponen en duda los relatos de los denunciantes.

El pasado lunes, la Audiencia de Palma vio indicios de criminalidad en el comportamiento del excura de Can Picafort, Pere Barceló, imputado por presunto delito de agresión sexual con penetración y otro de abuso sexual a una menor de 12 años. La denuncia partió de una joven que aseguró haber sido víctima de abusos a finales de los años 90 por el sacerdote en Can Picafort, donde ejerció hasta 2011. A su testimonio se sumaron luego dos víctimas más. La Iglesia de Mallorca lo expulsó en marzo de 2013. El obispo Salinas ha sido implacable con todos estos casos y, en sintonía con la línea de firmeza que impulsa el papa Francisco, ha afirmado: «Olvidarnos de las víctimas de abusos sería una corrupción inaceptable».

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