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Gente corriente

Manuel Vara: «El delirio del 'loco' tiene más color que el del político»

POR NÚRIA NAVARRO

Alguien dijo que la locura es la única reacción sana frente a una sociedad enferma. Estaría en parte de acuerdo José Manuel Vara (Badalona, 1965), que llegó a ser auxiliar psiquiátrico por un camino imprevisto y a través de los pacientes ha descubierto una veta de pura de humanidad.

-Yo había dejado la carrera de Psicología en quinto, a falta de dos asignaturas, y me puse a trabajar por necesidades familiares. Estuve seis años en una fábrica de pastillas de mantequilla industrial, hasta que en 1996 quebró cuando aún no quebraba nadie.

-Un amago de lo que vendría después.

-Pues fui a parar a la construcción. Como especialista en pladur, trabajé en el Museu d'Història de Catalunya, participé en la instalación del hábitat de los dragones de Komodo del Zoo y fui uno de los pocos obreros catalanes en la edificación del Hotel W, cuyas condiciones laborales fueron realmente infernales. Pero estalló la burbuja y en el 2009 me quedé en paro, con dos hijos.

-Una suerte que han corrido demasiados ciudadanos.

-Durante año y medio cobré la prestación. Y entretanto me apunté a un curso de auxiliar de psiquiatría del IMPO. Me tocó hacer prácticas con esquizofrénicos en un centro de día de Sant Roc, en Badalona. Ahí el cerebro me dio un giro de 180 grados.

-¿Por repescar su antigua vocación?

-Por redescubrir la emoción a través de los otros. Después de aquellas prácticas, me salió una suplencia en Sant Joan de Déu, antes conocido como Sant Boi. Me centré en los discapacitados psíquicos con trastornos de conducta. Gente que se autolesiona, que no tiene autonomía, pero que te abraza y te pregunta: «¿Tú eres de ellos o de nosotros?». Vi que detrás de un caos personal siempre hay algo muy valioso.

-¿Algún caso que recuerde?

-¡Tantos! Pero me llamó la atención el de un hombre con un diagnóstico complejo que se comunicaba con la mirada. Había que protegerlo mucho porque se comía la celulosa del pañal, pero en los buenos momentos cantaba temas de Pajares y de Esteso.

-De Sant Boi ha pasado a tutelar pacientes.

-Así es. Estoy en una fundación que lleva casos de tutela de personas derivadas de servicios sociales, de unidades de agudos y de juzgados. En Catalunya hay más de 5.000 tutelas de enfermos mentales, y nosotros supervisamos las vidas de 30.

-¿Diría que hay más locos fuera que dentro?

-Hay más fuera y más peligrosos. ¡Dar la espalda a la realidad es una locura! Pero a mí los que me desalientan son los normales que estigmatizan al otro. Hay usuarios que viven en pisos tutelados, así que cuando se instalan solemos pedir comprensión a los vecinos, y siempre hay quien te dice que solo quiere vivir entre normales. ¿Defíname normal, a ver? Quizá si ese normal fuera al psiquiatra, saldría medicado. No estamos acostumbrados a la diferencia.

-¿Por eso ha dado usted un paso más?

 

-Hace un año impulsé el colectivo El Club de la Lucha Emocional. Hacemos shows de pequeño formato en sitios como una panadería o un club social de enfermos mentales o de jubilados. El objetivo es emocionar, hacer que el vello se ponga de punta con temas como el cáncer, los conflictos de pareja, la locura. Si te emocionas, te vuelves humano y comprendes.

-No acaba ahí la cosa, ¿a que no?

-¿Se refiere a Neurótika Books? Es una editorial underground y de libre difusión en internet que apuesta por la locura como una alternativa a un sistema alienador, desintegrador, traumático. Reúne escritos de gente que ha pasado por alguna esfera del mundo psiquiátrico. ¿Sabe? El delirio de un loco tiene más color que el de un político, que es puro negro.

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