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Puigdemont y Marta Rovira, en el centro de la cabecera de la manifestación del 7-D en Bruselas.

21-D: Nada ha cambiado

Enric Hernàndez

El 'neopactismo' de los programas independentistas contrasta con el unilateralismo que pregonan. ¿Qué "mandato democrático" se arrogarán si ganan el 21-D?

Las fuerzas independentistas, a juzgar por las encuestas, llegan al 21-D en condiciones de librar la batalla por la hegemonía. Con su innegable habilidad para cabalgar sobre las emociones hasta los confines de la razón, y más allá, los prestidigitadores del relato político mantienen fiel a su público, incluso tras quedar el truco al descubierto.

Solo unos apuntes para refrescar la memoria colectiva. A los comicios del 2015 concurrieron juntos CDC y ERC porque eran, según Artur Mas, el plebiscito que “no nos dejaron hacer”. Hoy, aun vindicando la legitimidad del 1-O, Marta Rovira también presenta el 21-D como el referéndum que se prohibió. Ello, pese a que esta vez se presentan por separado y no comparten siquiera hoja de ruta.

Tras jurar que el 1-O sería vinculante pese al veto del Estado "opresor”, la represión policial se esgrimió, precisamente, para excusar la ausencia de garantías democráticas. La república iba a ser proclamada y mundialmente aclamada tras 18 meses de gestación (luego fueron 24), pero a la hora de la verdad la DUI fue “simbólica”, las “estructuras de Estado” eran una filfa y los apoyos internacionales ni están, ni se les espera.

Con la autonomía suspendida y varios candidatos presos o fugados la campaña es anómala, refunfuñan con razón las plañideras ‘processistes’. Callan, en cambio, que si Carles Puigdemont hubiera tenido los arrestos de convocar las autonómicas y renunciar a la unilateralidad no habría querella, ni prisión, ni extrañamiento, y el 155 solo habría ejercido el papel disuasorio con que fue concebido.

¿"SIN PERMISO"?

Los programas de Oriol Junqueras y Puigdemont hablan de diálogo y amplias mayorías, pero en los mítines se repite el mismo soniquete: con acuerdo o "sin permiso". Por lo que cabe preguntarse cuál será esta vez el “mandato democrático” que se arrogará el soberanismo si gana en las urnas. ¿Lo impondrá de nuevo la CUP? ¿Acaso pactar con el Estado un referéndum de autodeterminación es hoy más factible que antes del 1-O? Y ante todo, ¿qué ha cambiado para que la república que no pudieron imponer el 28 de octubre pueda hoy instaurarse a la brava? Nada, absolutamente nada.

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