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Los candidatos de la coalición nacionalista corsa, junto a una bandera de Córcega en un mitin en Bastia.

Catalunya, tan cerca y tan lejos

José A. Sorolla

La victoria de los nacionalistas en Córcega en esta primera vuelta de las elecciones regionales supera las previsiones, ya que los dos partidos coligados, el del actual jefe del Gobierno, Gilles Simeoni, y el del presidente de la Asamblea, Jean-Guy Talamoni, obtienen un 45% de los votos, 20 puntos más que en diciembre del 2015.

Este fuerte ascenso obedece a varias causas: por primera vez las dos formaciones, una autonomista, la Femu a Corsica, de Simeoni, y otra independentista, la Corsica Libera, de Talamoni, se presentaban en una lista conjunta ya desde la primera vuelta (hace dos años Simeoni obtuvo un 17,62% y Talamoni un 7.73%, y se unieron en la segunda vuelta, en la que sacaron un 36%). Otra causa del avance nacionalista es la alta abstención registrada (un 46,3%, seis puntos más que en el 2015) después de cuatro convocatorias electorales en dos años.

La nueva convocatoria a las urnas se debe a que Córcega se convertirá desde enero del 2018 en una sola entidad territorial mediante la supresión de los dos departamentos que hasta ahora la integraban, un hecho inédito en la Quinta República. Mediante la constitución de una sola entidad, con un Gobierno y un Parlamento regionales, se quiere dar una pátina diferenciada a la isla, en la que existe un cierto sentimiento nacionalista desde que hace dos siglos y medio fue comprada por Francia a Génova. Desde 1768, Córcega ha pertenecido a Francia excepto un corto periodo de tres años (1794-97), en el que se instauró el reino anglo-corso.

El referente catalán

Estas elecciones han adquirido una importancia mayor indudablemente por la cercanía del proceso soberanista de Catalunya, aunque las dos experiencias no tienen prácticamente nada en común. La derecha corsa ha utilizado el conflicto catalán como espantajo, alertando sobre una eventual independencia que no quieren ni los propios nacionalistas. Simeoni escribió el pasado día 22 una tribuna en 'Le Monde' en la que afirmaba que "Córcega no es Catalunya". El jefe del Gobierno regional reivindica únicamente una autonomía política que reconozca los aspectos jurídicos, culturales y simbólicos propios y contribuya al desarrollo económico y social de un territorio pobre y depauperado, que sufre la precariedad y la exclusión social, el clientelismo y la lucha de clanes.

Talamoni, al que el mismo diario llama el "Puigdemont corso", reivindica asimismo un estatuto de autonomía, sin renunciar a la independencia, aunque no prevé ningún proceso soberanista en los próximos 10 años. El dirigente independentista habla de Francia como un "país amigo" y es probablemente el dirigente más popular, pero su influencia en la coalición nacionalista no pasa de un tercio.

Desde el 2014, año en que el Frente Nacional de Liberación de Córcega (FNLC)  renunció al terrorismo, que practicó sobre todo en los años 90 del siglo pasado, los nacionalistas no han dejado de crecer. Pero las competencias son escasas, el presupuesto apenas pasa de los mil millones de euros (25 veces menos que Catalunya) y una de las principales reivindicaciones de los nacionalistas es que el idioma corso sea cooficial.      

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