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Los moderados siguen ahí

Astrid Barrio

La desaparición de CiU y la mutación de CDC han dejado un profundo vacío en la política catalana

La desaparición de CiU y la mutación de CDC en un partido abiertamente independentista ha dejado un profundo vacío en la política catalana, un vacío que de momento no ha sido ocupado por ninguna fuerza política, si bien son muchas las que aspiran a apropiarse de alguno de sus espacios. CiU tuvo la gran virtud de aglutinar a una parte muy importante de los electores moderados en los dos ejes alrededor de los cuales se articula la competencia política en Catalunya. Estos electores ocupaban posiciones centrales en el eje izquierda-derecha y eran catalanistas que deseaban un encaje que permitiese a Catalunya sentirse cómoda dentro de España, por utilizar la posibilista fórmula acuñada por Jordi Pujol, y que no predefinía el modelo de estado. Y ese fue el cóctel que permitió a CiU ser la fuerza hegemónica del sistema de partidos catalán durante más de tres décadas. 

Pero desde hace algún tiempo, la competencia parece haberse desplazado hacia posiciones más extremas. El proceso soberanista ha polarizado a los partidos en cuanto a la cuestión nacional incrementando el peso del secesionismo, pero también del antisecesionismo, y la crisis económica ha hecho emerger con fuerza opciones políticas más izquierdistas como Catalunya en Comú.Y en este contexto de elevada polarización las opciones más moderadas han tenido dificultades para hacerse un hueco como demuestran los malos resultados del PSC y la desaparición de UDC.

No obstante, la polarización de muchos partidos no parece corresponderse con las preferencias del electorado. Si nos fijamos en las posiciones respecto a la independencia por ser la cuestión que está monopolizando el debate político en Catalunya, y según los datos que aporta el libro 'Cataluña en Proceso' recientemente publicado, cerca del 40% de los electores partidarios del proceso estarían dispuestos a aceptar soluciones que no implicasen la ruptura con España, mientras casi el 60% de los que están en contra del proceso optarían también por esa vía. De ello se deduce que entre los electores hay una pluralidad de preferencias mucho mayor de las que actualmente ofrecen los partidos y también que muchos de ellos prefieren respuestas consensuales frente a las mayoritarias a las que parecemos estar abocados .

Con estos datos se puede pensar que existe una ventada de oportunidad para las iniciativas que se proponen recoger el testigo de CiU: Lliures, que se acaba de constituir en partido político, y Units per Avançar, el nuevo partido impulsado por el entorno de Unió que verá la luz en las próximas semanas. Ambos no solo apuestan por soluciones consensuales en la cuestión nacional, sino que claramente se sitúan en posiciones centrales en el eje izquierda-derecha, los primeros abrazando el liberalismo y los segundos la democracia cristiana, dejando que el PSC cubra el flanco socialdemócrata. Los electores moderados parecen seguir ahí, la incógnita es si la dinámica de la competencia permitirá a los partidos que quieren representarlos hacerse un hueco o si hemos entrado en una nueva fase en la que ya no son válidos algunos de los predictores de voto tradicionales.  

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