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MIRADOR

Artur Mas, anteayer, en una conferencia en LHospitalet de Llobregat.

Mas, inhabilitado

José A. Sorolla

Como con el 'procés', el 'expresident' no toca 'de peus a terra' con la corrupción

Las confesiones sobre la financiación ilegal de CDC en la 'semana horribilis' del juicio del Palau de la Música inhabilitan prácticamente a Artur Mas para volver a ser candidato a la presidencia de la Generalitat. Los jóvenes líderes del PDECat y, al parecer, la mayoría de la dirección no desean el regreso de Mas, aunque es cierto que carecen por ahora de un candidato reconocido e indiscutible. Mas es políticamente responsable de las irregularidades en la financiación porque muchas se produjeron durante su mandato, pero se resiste a abandonar la política.

Como le ha ocurrido en los años del proceso soberanista, da la impresión de que Mas no toca 'de peus a terra' porque de lo contrario no se entiende su reacción a las acusaciones de Fèlix MilletJordi Montull, la hija de este último y, no se olvide, al menos dos empresarios implicados. Los dos saqueadores del Palau y Gemma Montull acusaron directamente a CDC de beneficiarse de las aportaciones de Ferrovial a cambio de contratos de obra pública, y los empresarios Juan Manuel Parra y Miguel Giménez Salinas aseguraron que facturaban directamente al Palau los trabajos hechos para campañas electorales de CDC.

Pero, además, las nuevas revelaciones sobre la intervención de Germà Gordó, exgerente de CDC y exsecretario del Govern, en las adjudicaciones apuntan a Mas. Un testigo protegido señala incluso por primera vez a Mas como participante en una reunión, en su despacho de la sede de CDC, en la que el entonces jefe de la oposición le habría dicho que los contratos debían hacerse a través de Gordó.

Ante esta avalancha y otros muchos detalles comprometedores (el caso del matrimonio Bassols, el rescate en otro puesto de trabajo del ya imputado exresponsable de Infraestructures.cat, Josep Antoni Rosell), Mas se limita a negarlo todo, a volver a poner la mano en el fuego por los tesoreros y por Gordó, y a decir ahora, después de ocho años de silencio como si los saqueadores del Palau fueran personas honorables, que Millet y Montull se lo inventan todo para rebajar sus penas.

Mas centra también la defensa de CDC en que no se revisan las adjudicaciones. "No investigan las adjudicaciones en obra pública porque saben que están bien hechas”, dijo en RAC-1. Pero que una adjudicación esté bien hecha, que reúna todos los requisitos, que sea incluso la más favorable, no impide que después la empresa adjudicataria entregue la mordida previamente pactada. Mas llega a reconocer las aportaciones, pero asegura que son donaciones altruistas. Como dijo en el juicio el gerente Daniel Osàcar, para que hubiera menos música andaluza y más sardanas.

Por eso no renuncia a la política y no descarta que vaya a ser candidato del PDECat a la Generalitat. “¿Qué quieren, que lo deje todo? ¿Debo molestar mucho, no?”, declaró en la misma entrevista. En la respuesta estaba implícito que esa molestia se refería al Estado, no a su partido. Porque Mas cree aún que CDC irrita más que ERC, “que no da tanto miedo”, y que esa es una de las razones de los “ataques” a su partido, “que en Madrid saben que puede dar la mayoría a favor del Estado catalán”. Afirmaciones que desmienten todas las encuestas y la realidad de un partido que ha perdido más de la mitad de los escaños en cinco años.

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