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UNA SOPRANO MUY SOLICITADA

Jessica Pratt: "A algunos agentes no les importa arruinar una voz"

La aclamada cantante australiana se estrena en el Liceu como Adina en la reposición del montaje de 'L'elisir d'amore', de Donizetti, situado en la Italia de Mussolini

Marta Cervera

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Jessica Pratt, encantada en la platea del Gran Teatre del Liceu donde el público la verá debutar en Lelisir damore, de Donizetti. / RICARD CUGAT

Jessica Pratt (Bristol, 1979) ha mamado la música desde pequeña. Su padre, un tenor que abandonó la carrera profesional cuando ella nació, la ha ayudado a desarrollarse como artista. Y también tiene mucho de su madre, una artista incapaz de vender de sus obras. De personalidad fuerte y dulce voz, la soprano saborea su éxito en los grandes teatros como el Met, La Fenice de Venecia y el San Carlo de Nápoles. Planea sin prisa pero sin pausa sus próximos debuts, en una agenda que alcanza hasta el 2022. El más inminente es del de Adina, la joven por la que suspiran Nemorino (Pavol Breslik) y Dulcamara (Roberto de Candia) en 'L'elisir d'amore', de Donizetti, con la amortizada producción de Mario Gas ambientada en la Italia de Mussolini que el Liceu repone a partir del 7 de enero, con Ramón Tébar como director musical.

¿Qué espera de su debut en una ópera escenificada en el Liceu? ¡Que no sea la última! He tenido la oportunidad de hacer muchas óperas cómicas en el 2017. Adina es mi tercer rol donizettiano en un año después de la Marie de 'La fille du régiment' y la Norina de 'Don Pasquale'. Me encanta añadir más personajes de Donizetti a mi repertorio.

¿Cómo define a Adina? Me divierto mucho con ella porque es un personaje muy fuerte e independiente, aunque sufre un gran cambio cuando se percata de que su amigo de la infancia [Nemorino] ha pasado a ser otra cosa para ella. Cuando él cambia de forma tan repentina, ella debe madurar también.

¿Cree en los filtros de amor? ¡No! Pero el alcohol ayuda a deshinibirse y eso es lo que le ocurre a Nemorino. En realidad, se emborracha.

Usted nació en Inglaterra y se crio en Australia. ¿Por qué ha elegido Florencia para vivir? En realidad estoy en Fiesole, en el campo. Tenemos 700 olivos alrededor y soñamos con producir aceite algún día. Estamos muy aislados, lo que me permite cantar cuando quiero, pero a la vez estamos muy cerca de Florencia y a 20 minutos del aeropuerto y de la estación de tren.

"Mi hermano estudió en la universidad como tenor y salió convertido en cantante de rock. Mi hermana montó una guardería"

Antes de cantar estudió trompeta. ¿Eso la ayudó a la hora de cantar? Me ayudó a desarrollar los músculos que intervienen en la respiración. Mi padre fue cantante de ópera y no quería que ni yo ni mis hermanos empezáramos a estudiar canto hasta que hubiera madurado nuestra voz. Nos dijo que eligiéramos un instrumento de viento. Pero cuando empecé a cantar tuve que dejarlo, porque la trompeta me creaba tensión en el cuello. 

¿Qué fue de sus hermanos? Mi hermano estudió en la universidad como tenor y salió convertido en cantante de rock [ríe]. Mi hermana dijo que no quería saber nada del canto. Montó una guardería.

Mucha gente entra en la ópera sin conocer muy bien este mundo. No fue su caso. Mi padre era cantante profesional, pero lo dejó cuando mi madre estaba embarazada de mí. Crecí escuchando cómo él daba lecciones de canto, cantaba en corales o dirigía. La música ha sido algo natural, ha formado siempre parte de mi vida.

¿Su madre también es artista?  Artista visual. De hecho yo me matriculé en Bellas Artes porque quería ser escultora, pero al final no me dediqué a ello porque era incapaz de vender mis piezas. Todas eran demasiado personales. Y mi madre tenía el mismo problema. Una vez, cuando teníamos problemas financieros, aceptó deshacerse de una obra. Eso fue hace 25 años y aún habla de ello. ¡Sigue enfadada!.

¿Cuál es su principal sueño en estos momentos? El gran reto es poder mantener mi repertorio actual, porque con la edad la voz cambia. Me gustaría seguir con el bel canto e incorporar algunos roles ligeramente más pesados, como Lucrecia Borgia y ese tipo de cosas.

¿Qué criterio sigue a la hora de aceptar o no los roles que le ofrecen? La primera vez que me ofrecieron cantar 'Norma' tenía 28 años. Desde entonces me han ofrecido el papel dos o tres veces cada año. Siempre lo he rechazado. Y eso que hay un montón de presión: recibo llamadas del teatro, del director musical, hasta de otros cantantes del reparto. Pero no lo pasaría bien. En realidad, he interpretado 'Norma', en secreto, en China. Y me gustó. ¡Pero no me atrevería a cantarlo en Italia!

¿De qué depende entonces la decisión de abordarlo? Son muchas cosas: dónde cantas, con quién, quién lo dirige... 'La traviata', por ejemplo, la he cantado en China. Probablemente ahora me sentiría cómoda interpretándola en Europa, pero tendría que ser en un teatro pequeño. Si el teatro es grande o la acústica no es muy buena, es preferible cantar algo ligero y fácil. Y el director musical es clave.

¿En qué sentido? Un director puede encumbrar o arruinar una ópera, especialmente en bel canto. Si no hay conexión con los cantantes, es muy fácil taparlos. Dirigir bien una ópera belcantista requiere muchísimo trabajo por parte del director, que debe desarrollar también una parte intuitiva, para saber por dónde va el cantante.

"Un director puede encumbrar o arruinar una ópera, especialmente en bel canto. Si no hay conexión con los cantantes, es fácil taparlos"

¿Cuantos personajes ha cantado ya? En estos 10 años llevo unos 33. Últimamente suelo hacer seis o siete debuts por año, aunque depende. También es cierto que si asumes un repertorio poco habitual entonces puedes arriesgarte con algo más fuerte, porque las expectativas del público no son tantas. Todo es relativo. Si te fijas, 'Norma' fue escrita para la misma cantante que cantó 'La sonnambula', y debería cantarse igual. Pero el público espera una interpretación más dramática. El papel en sí no es tan horroroso para la cantante, ¡pero lo que espera el público sí lo es!

Es complicado el mundo de la ópera... Es complejo. Y al principio, muy duro. Me siento fatal cuando pienso en los jóvenes cantantes, porque el mundo va en su contra.

¿Por qué? Por suerte, cuando somos jóvenes pensamos que lo sabemos todo. Yo era de ideas fijas, muy tozuda, y eso me ayudó. Algunos agentes solo buscan su beneficio y no les importa arruinar una voz. Nunca olvidaré una terrible discusión con uno que me pedía cantar la friolera de 17 actuaciones como Reina de la Noche. No quise hacerlo. Era  poco saludable para mi voz y tampoco me sentía prepararada. Entonces no tenía dinero, y tampoco ningún compromiso a la vista en los siguientes seis meses. Él me gritaba por teléfono: "No tienes dinero, ¿dónde esperas hallar un tesoro igual?". "Está en mi futuro", le contesté.

¿Tuvo muchas peleas de este estilo? ¡Uf! Imposible recordar cuantas hubo al principio de mi carrera.  Y no es que rechazara un papel para aceptar otro, porque lo cierto es que no tenía nada más. Nunca olvidaré una vez que, tras un año recibiendo presiones para hacer una obra de bel canto, acepté. Llego al teatro y me dicen: "No. Esto no es bel canto, sino Verdi".  No fue una buena experiencia. Acabé cambiando de agencia.

¿Se vengó después? No. Soy demasiado inglesa para eso. La mejor venganza es tener éxito en tu carrera. No vale la pena malgastar tus energías con venganzas o cosas negativas. Quienes empiezan en esto deberían ser conscientes de que la mayoría de las agencias harán más dinero si contratan a cinco jóvenes cantantes y los funden en 20 años que si toman solo a uno y desarrollan el tipo de carrera más apropiada para su voz. Al fin y al cabo, la misión de la agencia es hacer dinero, tener contactos y trabajar con teatros. Así que uno debe aprender a protegerse, porque nadie lo hará por ti.

"Una vez, en Zúrich, un hombre estuvo golpeando mi puerta y tuve que llamar a seguridad. ¡El tío hasta se meó allí mismo!"

¿Quiénes han sido sus grandes ídolos? No suelo escuchar mucha ópera para no dejarme influir por el trabajo de otros. Me encantan Joan Sutherland y Montserrat Caballé, grandes voces del bel canto. Pero si escucho a alguien será más a Fritz Wunderlich. Su emisión es muy sana, encuentro su voz relajante. Y no escucho nunca a Callas, aunque me encanta.

¿Y, de otros géneros? En la universidad canté en bandas de jazz. Me gusta Ella Fitzgerald, Nina Simone, pero también James Morrison y Crowded House…

¿Es la ópera más dura para las mujeres que para los hombres? Los prejuicios van en contra de las mujeres. Por ejemplo, se asume con normalidad que un cantante masculino viaje con su pareja, pero si yo hago lo mismo, nos miran raro. Y no es fácil viajar sola. Una vez, en Zúrich, un hombre estuvo golpeando mi puerta y tuve que llamar a seguridad. El tío hasta se meó allí mismo. ¡Y era un hotel de cinco estrellas!

Temas: Ópera Liceu

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