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EL GRAN GALARDÓN DE LAS LETRAS

Kazuo Ishiguro, un Nobel por mostrar el abismo

Nacido en Nagasaki, el autor de 'Los restos del día' es un perfecto escritor británico

Elena Hevia / Barcelona

Kazuo Ishiguro, Premio Nobel de Literatura 2017.

Kazuo Ishiguro, Premio Nobel de Literatura 2017. / LEON NEAL/AFP

Kazuo Ishiguro nunca está donde se le espera. A lo largo de los años se ha dedicado a redecorarse una y otra vez como escritor atravesando géneros y temas muy alejados entre sí, y haciendo honor a ello ha acudido a la cita con el Nobel cuando nadie lo esperaba. El pasmo ha sido absoluto porque en cualquiera de las quinielas que pusieran en el punto de mira a la literatura británica antes hubiera aparecido Julian Barnes, Ian McEwan o Martin Amis. Ishiguro es el raro en ese equipo, el dream team, nombre con el que los bautizó Jorge Herralde, editor que los ha cuidado a todos desde sus inicios en Anagrama y ahora ve premiados sus desvelos con el premio mayor.

Vayamos por la rareza. Ishiguro, pese a las apariencias, poco tiene de japonés. Nació en Nagasaki en 1954 y a los cinco años se trasladó con su familia primero a Londres, por poco tiempo, y luego a la campiña, al condado de Surrey, donde fue destinado su padre, físico oceanográfico. En sus entrevistas suele contar que en ese entorno de la Inglaterra profunda durante su infancia y su juventud jamás vio a otro japonés más allá de sus padres y su vinculación a esa cultura pasó por las películas de Yasujiro Ozu y Kenzi Mizoguchi. 

Un Japón abstracto 

Antes de nacionalizarse británico en 1984, ya había recorrido mucho camino en su formación en las universidades de Kent y East Anglia, donde estudió con Malcom Bradbury y Angela Carter.En esa época empezó a darse a conocer como escritor con dos novelas típicamente japonesas como 'Pálida luz de las colinas' (1982) y ‘'Un artista del mundo flotante' (1986), en las que vertió un imaginario nipón un tanto abstracto ya que por entonces no había vuelto a visitar su país de origen. Lo haría más tarde a los 35 años.

En esos inicios ya se podía percibir su estilo aparentemente simple que, paradójicamente, es difícilmente definible porque, posiblemente a causa de su adn japonés, tiene tantos silencios que es más expresivo por lo que calla que por lo que relata. La secretaria del jurado del Nobel, Sara Danius, ha destacado su capacidad para "mostrar el abismo bajo nuestro ilusorio sentido de conexión con el mundo" y es una buena definición. Más discutibles son las referencias a Jane Austen y Marcel Proust destacadas por el jurado. Quizá habría sido mejor mencionar a un Henry James simplificado en una prosa cristalina y esencial.

El primer volantazo en su trayectoria fue 'Los restos del día' (1989), una novela tan 'british' como 'Downtown Abbey' pero con muchísima más enjundia. Un importante éxito editorial que propició la adaptación cinematográfica (‘Lo que queda del día’ con Anthony Hopkins y Emma Thompson y puso en la palestra un tema no muy abordado por la ficción inglesa, el de los colaboracionistas británicos afines al régimen nazi, que no complació a algunos sectores del país.

La más extraña de sus novelas 

En 1995 y cuando todo el mundo parecía situarle como un novelista británico al estilo más clásico volvió a sorprender cambiando de tercio con una enigmática novela de ambiente centroeuropeo, ‘Los inconsolables’, muy mal recibida en un principio por parte la crítica inglesa que la tildó de pastiche, aunque con los años esa consideración cambió por completo y hoy es una de las obras más celebradas –y más extrañas- del autor. Los lectores de Ishiguro también se sintieron un tanto asombrados con el 'thriller' ‘Cuando fuimos huérfanos’ en el que despliega de nuevo su estilo frío y aséptico, en un ambiente brumoso marcado por la dificultad de apuntalar los recuerdos (quizá ese sea el vago nexo con Proust) que es sin duda uno de sus grandes temas.

'Nunca me abandones', novela de ciencia ficción con implicaciones filosóficas, siguió en la estela de la utilización de distintos géneros y fue otro de sus grandes éxitos que también acabó siendo película. Tuvieron que pasar diez años para que el escritor regresara a la novela con la reciente 'El gigante enterrado', un ejemplo de ‘fantasy’ a lo ‘Juego de tronos’ que volvió a dividir a sus lectores en detractores y defensores, de nuevo sorprendidos, a la que no se le puede negar la perfección de su construcción y una gran habilidad para tejer una novela de aventuras con el ciclo artúrico en el retrovisor. Ya se han comprado los derechos para su trasvase al cine. 

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