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Sabina emociona en el Sant Jordi

El cantante defendió su reciente 'Lo niego todo' y recorrió sus clásicos

Serrat salió al final por sorpresa para interpretar 'Paraules d'amor'

JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

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JOAQUIN SABINA en el Palau Sant Jordi / FERRAN SENDRA

En la canción que da título a su nuevo disco, Lo niego todo, Sabina se presenta como antihéroe, «ni ángel con alas negras / ni profeta del vicio», pero su público sigue reservando para él los mayores honores: así lo expresó este miércoles con un lleno en el Palau Sant Jordi, dos años después del último, y con otro recital más en la recámara programado para el 13 de septiembre. Difícilmente puede haber un tratamiento más expeditivo contra sus inseguridades que las ovaciones dispensadas al paquete de nuevas canciones que abrió la noche.

Sí, Sabina ha vuelto exhibiendo cierto músculo compositivo, ese material que, de la mano de Leiva, el excomponente de Pereza (que no toma parte en la gira), y del poeta Benjamín Prado, abre un poco su espectro estilístico y estira su lírica de madurez. Se trata de volver a empezar, como pareció querernos decir con ese Begin the beguine, de Cole Porter, que arropó la introducción de la noche, con fotos de recortes de prensa en la pantalla de video que reproducían esos clichés al estilo de «el Bob Dylan español» a los que pasa revista en Lo niego todo. Esta pieza-manifiesto abrió la sesión con su trayecto solemne, tocado por un estribillo largo y sentimental. Sabina, plantando cara a la literatura que ha envuelto su carrera y desmintiendo lo que se ha dicho de él, «incluso la verdad».

AQUELLA NOCHE CONMOVEDORA / Antes de introducirse más a fondo en el nuevo disco con Quien más, quien menos, tomó la palabra y recordó que hace 30 años ofreció el que considera su primer concierto importante en Barcelona, en la Monumental. «Fue un día siniestro, el del atentado de Hipercor. Yo creía que había que suspender, pero la gente, los amigos, me dijeron que no, que había que cantar». Un referente «conmovedor» que tres décadas después dijo tener «metido en el corazón».

El nuevo repertorio aportó aires mexicanos en Postdata, de country fronterizo en la trotona No tan deprisa, dedicada a J. J. Cale, y jamaicanos en la más ligera de este tramo, ¿Qué estoy haciendo aquí? Rock más corpulento en Lágrimas de mármol, un punto álgido: «Superviviente, sí, 'maldita sea! / Nunca me cansaré de celebrarlo». Otra pieza destacada del disco, Leningrado, con música del guitarrista Jaime Asua, ex-Alarma!!!, queda fuera del repertorio por ahora. Cerró ese tramo de siete canciones nuevas Las noches del domingo acaban mal, rematadamente stoniana. Hacía, sí, mucho que Sabina no apostaba tanto en una gira por su disco del momento: una apuesta valiente, o un modo de soltar lastre para así poder dedicar con tranquilidad los más de dos tercios restantes del recital a los éxitos. Con cuñas para lucimiento de los miembros de su banda, a quienes se refirió como «mi familia». Recordó que «algunos ya estuvieron en esa plaza de toros de hace 30 años, ¿verdad, Panchito?», apuntó mirando a Pancho Varona. «Cuando crean que están cantando una canción mía, en realidad están cantando una canción nuestra», remató.

PARA CARME RUSCALLEDA / La corista, Mara Barros, cantó la jazzística Hace tiempo que no, de su reciente disco en solitario Por motivos personales, y Sabina pidió que fuéramos a verla este jueves, que actúa en la sala Vivaldi. En contraste con su escena de swing, Varona tiró de la rockera La del pirata cojo. Barros volvió a centrar focos cuando hizo la répica a Sabina en Una canción para la Magdalena. Y si días atrás, en Madrid, Sabina cantó Yo me bajo en Atocha, en el Sant Jordi rescató Ahora que..., con su medio tiempo de rock latino y sus punteos de guitarra a lo Santana, y la dedicó a «una reina de los fogones, Carme Ruscalleda».

Paseamos, cómo no Por el bulevar de los sueños rotos, y Mara Barros lució chorro de voz en la copla Y sin embargo, te quiero, enlazada con Y sin embargo. Tras otros clásicos, ese Peces de ciudad que dedicó, como hace dos años, a la periodista Rosana Torres, y 19 Días y 500 noches, la presencia inesperada: Joan Manuel Serrat, evocando las camaraderías a bordo del Titanic en un Paraules d'amor entonado por todo el Sant Jordi. Traca final con hitos como Noches de boda, Princesa y Contigo, material con el que volver a empezar siempre resulta un poco más fácil.

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