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Juan Tallón y el cuarteto de la muerte

El escritor gallego publica 'Fin de poema', que sigue las últimas horas de los suicidas Cesare Pavese, Alejandra Pizarnik, Anne Sexton y Gabriel Ferrater

Elena Hevia

El escritor gallego Juan Tallón, en el Restaurante Semproniana.

El escritor gallego Juan Tallón, en el Restaurante Semproniana. / CARLOS MONTAÑÉS

No es una novela sobre el suicidio sino sobre las horas previas que conducen a esa decisión. Los personajes convocados en ella son cuatro poetas que decidieron dar el paso y por eso el libro se llama 'Fin de poema'. Lo ha escrito Juan Tallón (Vilardebós, 1975), el escritor gallego al que hay que leer, dicen. 'Fin de poema' (Alrevés) es un libro sobre gente que se va a pique, un tema que al escritor le obsesiona e intriga, aunque eso lo afirme con ese irónico fatalismo galaico que le caracteriza. Ahí están, el italiano Cesare Pavese, la  argentina Alejandra Pizarnik, la norteamericana Anne Sexton y el catalán Gabriel Ferrater, notorios suicidas, cumplimentando los trámites de su muerte. "Lo he concebido como una caja negra que recogiese las voces y las acciones de esos momentos que podíamos intuir angustiosos”.

Así Tallón sigue con respeto esas últimas horas en las que hicieron cosas comunes, “porque la vida de un escritor tiene muy poca épica”, sin intentar cargar las tintas del dramatismo y respetando la decisión final, hasta el punto de abandonar a los personajes en ese momento cumbre. “Claro está que yo no les entiendo, pero sí soy capaz de imaginar su locura”, asegura.

 Ahí está Pavese como cliente en el Hotel Roma de Turín desde donde desesperado llamó a los amigos y a las mujeres a las que amó sin respuesta . Pizarnik, la loca (¿y quizás La Maga?), perdiendo y encontrando en el caos de su casa el manuscrito de 'Rayuela' que le confió  Julio Cortázar. Pero también Sexton, la más exhibicionista, fumadora compulsiva, conduciendo el Cougar rojo que se compró tras el Pulitzer, interrogándose sobre el cuerpo femenino. Y Ferrater cumpliendo la promesa que le hizo a Jaime Salinas de que no llegaría a los 50.

¿Qué une a estos poetas más allá de su final y del interés despertado en Tallón? Para empezar, aunque nunca llegaran a conocerse personalmente, compartieron un mismo tiempo. La novela establece sutiles vinculaciones en el cuarteto. Ferrater no ha devuelto a la Biblioteca del Instituto Británico un poemario de Sexton. Esta recuerda la brutal borrachera de Robert Lowell en Buenos Aires, para pasmo de Borges, y en la capital argentina vemos a Pizarnik recibiendo un ejemplar de 'Les dones i el dies' de Ferrater. Pero también muestra cómo además de su poesía, se dedicaron a tentar una y otra vez a la muerte, hasta que lo lograron, de la misma manera que se compone un poema. “Todos eran grandes bebedores, a todos les atenazaba la soledad y el miedo insoportable que eso genera y a todos les persiguió el silencio poético; sintieron cómo en un determinado momento se había acabado su capacidad creativa”. De hecho, en 'Fin de poema', una de las palabras que más se repite es, precisamente, silencio.

  Hay también un algo de punto y final para la propia historia de Tallón en este libro escrito y publicado hace dos años en gallego y traducido ahora al castellano por el propio autor. Será el último que escriba en su lengua natal, como respuesta al derrumbe de la siempre frágil industrial editorial gallega. “Allí no hay mercado, porque apenas hay lectores. Si llevas un original a una editorial gallega van a pasar varios años.  antes de que el libro aparezca. Así que a partir de ahora escribiré directamente en castellano”.  Y sí, claro que lamenta la claudicación frente al poderoso castellano que ha devorado en la escuela a un gallego cada vez más debilitado y españolizado, pero se encoge de hombros con resignación galleguísima. “Los gallegos siempre hemos tenido la capacidad de adaptarnos a los que nos echen”.

             

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