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'Truman' conmueve

Cesc Gay se gana el aplauso con su emotivo relato sobre la vida, la muerte y la amistad entre dos amigos

Ricardo Darín y Javier Cámara bordan su trabajo en una película sutil y alejada del sentimentalismo fácil

BEATRIZ MARTÍNEZ / SAN SEBASTIÁN

A veces son las cosas más sencillas las únicas capaces de alcanzar mayores niveles de significado y complejidad. En el cine y en la vida. Y la última película de Cesc Gay, Truman, tiene un poco de eso, ya que aporta una mirada transparente y directa a muchos de los temas fundamentales sobre los que se asienta la condición humana. La vida y la muerte, el miedo inherente ante el fin de la existencia, a la propia y a la ajena, y la manera en la que afrontamos esa pérdida, ese último tramo del camino.

Truman nos habla de ese final del viaje desde dos puntos de vista, del que se va y de los que se quedan. Ricardo Darín es Julián, enfermo de cáncer. Javier Cámara, su mejor amigo, que regresa para decirle adiós. Y Truman, el perro de Julián, el espectador silencioso dentro de una película en la que la palabra, las conversaciones y la exposición de los sentimientos se convierten en protagonistas.

El cine de Gay siempre se ha caracterizado por la brillantez de sus diálogos, por su capacidad para hacer radiografías generacionales sobre la sociedad del momento, para escarbar en los miedos e inseguridades de sus personajes. Pero en esta ocasión va mucho más allá. Sigue siendo importante lo que se dice, pero también lo que no, porque hay cosas que no se pueden expresar de ninguna manera. Y ese es precisamente el milagro de Truman, presentada ayer a competición: poder explorar emociones tan profundas y dolorosas desde una perspectiva profundamente humana y humilde. Sin necesidad de subrayar, dejando que lo que se ve penetre en la experiencia de cada espectador.

Dice Cesc Gay que comenzó a gestar esta historia cuando tuvo que acompañar a un ser querido durante el proceso de su enfermedad. Que le sirvió como terapia, como una forma de exorcizar su dolor. Pero su acercamiento a la historia se encuentra alejado del sentimentalismo fácil y lacrimógeno. Es una película que llora por dentro, pero reconcilia por fuera. «He intentado balancear el drama y la comedia, como si fuera un funambulista. No podía frivolizar, y tampoco quería ponerme intenso», nos cuenta el cineasta barcelonés. «Era difícil encontrar ese punto medio, no cruzar nunca la línea».

Terence Davis brilla

Truman es una película sobre la libertad, de cómo vivir y cómo morir. También una grandísima historia de amistad. Y la oportunidad de ver a dos actores en estado de gracia. Estamos quizás ante la película española del año, al menos la que va a conseguir un mayor consenso por parte de crítica y público. De esas que perduran.

Pero además de Truman, también han podido verse dos películas importantes en la sección oficial. La primera es Sunset song, del británico Terence Davis, que adapta la novela de Lewis Grassic Gibbon y le sirve para seguir ahondando en algunos de los temas recurrentes en su filmografía, como el destino de un pueblo, las heridas de la guerra, las raíces y la identidad. Su elegancia a la hora de rodar es exquisita, su aura crepuscular y elegíaca, de una delicadeza extraordinaria. Sus imágenes parecen cuadros. Y su sonido es el de canciones populares de destinos inciertos y resignación. El de las mujeres que lloran solas en casa tras perder a sus maridos.

'Evolution'

La francesa Lucille Hadzihalilovic presentó Evolution, su segunda película tras Innocence y es curioso que en ambas lata la misma idea de misterio, de enigma, de cuento perverso en el que se pervierte la inocencia. Tiene esta realizadora un imaginario visual portentoso, repleto de ideas y sugerencias. Profundamente sensitivo y perturbador, el filme utiliza los códigos del fantástico con una libertad kamikaze. De nuevo la mirada de la infancia, del extrañamiento, del elemento femenino como motor engendrador de vida, del agua y la humedad, del origen de la vida. De lo que significa nacer. Y todo esto a través de imágenes que invitan a la sugestión, que proponen ideas y asociaciones casi subconscientes, fuera de toda lógica racional que nos acerca a las entrañas del mito, de la magia.

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