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Crónica

Guns n'Roses, o lo que queda de ellos

La banda de Axl Rose ofreció un 'show' irregular y basado en el clásico 'Appetite for destruction'

Lunes, 25 de octubre del 2010 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA
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Axl Rose es ese cantante que desea ser muchas cosas a la vez: eterno enfant terrible del rock, faraón de las superproducciones, lírico piano man y entertainer para las masas. Después de 17 años de espera, ¿qué tenemos? Pues a un grupo que basa su directo en aquel disco de 1987. Aunque lo de grupo es un decir: de aquella formación clásica solo queda Rose. Su puesta en escena también es muchas cosas al mismo tiempo: una reivindicación del rock'n'roll suburbano, una obra de pesado péplum y, en fin, un show irregular que vende virtuosismo en sus ratos muertos.

Axl Rose, durante su actuación del sábado en Badalona. MARTÍ FRADERA

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Información publicada en la página 50 de la sección de Televisión y Radio de la edición impresa del día 25 de octubre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)

El sábado, el Palau Olímpic de Badalona rozó el lleno, con más de 10.000 personas, para ver a esta especie de Axl Rose Band, que luce una formación extensa, con tres guitarras y dos teclistas cuya función está por desvelar. El grupo californiano apareció una hora y cuarto después de que Sebastian Bach terminara su pase de telonero, justo cuando el griterío de protesta comenzaba a ser alarmante. A partir de ahí, ofreció una actuación de dos horas y media, una muestra de generosidad excesiva: con una hora menos y recortados las jams y solos de entretiempo, y los estiramientos de algunas canciones, habría sido más efectivo.

Primera constatación: la voz de Axl Rose está muy castigada, y a lo largo de la sesión fue derivando hacia una expresión gutural histérica. La segunda: hasta sus fans más militantes saben que Chinese democracy es, digámoslo como homenaje al eufemismo, una obra menor que desarrolla los aspectos más opacos de los dos volúmenes de Use your illusion. La pieza que da título al disco abrió la actuación, pero rápidamente tomaron el relevo tres canciones de Appetite for destruction: Welcome to the jungle, It's so easy y Mr. Brownstone.

EL DISCO FETICHE / Ese disco fue el que marcó la pauta. Cada vez que sonaban canciones nuevas (Sorry, This I love, Street of dreams), la pista del Palau Olímpic reposaba. Cuando entraron en juego Rocket queen, Sweet child o' mine y Nightrain, el alboroto dominó el recinto. Lo peor fueron los solos de guitarra (Richard Fortus y DJ Ashba) y el artificio de Rose en el piano, preparando el terreno para November rain. ¿Y por qué esa porción de Another brick in the wall, de Pink Floyd?

Dos de los momentos más celebrados llegaron con sendas versiones: Live and let die (Paul McCartney) y una alargadísima Knocking on heaven's door (Bob Dylan). Dizzy Reed también tuvo su rato de lucimiento al piano, y varios fragmentos instrumentales se sucedieron incluso a la hora de los bises, difuminando el impacto del repertorio. En tiempo añadido, la banda repescó el éxito Don't cry, insertó una pieza nueva, Madagascar, con imágenes de Martin Luther King en la pantalla, y añadió, no sabemos por qué motivo, una versión de Whole lotta Rosie, de AC/DC, antes de culminar la noche con Paradise city. Estos son los Guns n'Roses del 2010 y, a este paso, asusta pensar cómo pueden ser los del 2020.

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