El Periódico

La libélula delató al asesino

Un broche con forma de paleóptero, decisivo para condenar a un hombre por el asesinato de su esposa

El crimen se produjo en el 2010 y el esposo y su amante han sido condenados este viernes

La libélula delató al asesino

EL PERIÓDICO

Joan y Carme, marido y mujer, asesino y víctima, poco antes del crimen.

Viernes, 19 de febrero del 2016 - 19:08 CET

Carme Blanch estaba acostada en su cama, tapada con una sábana que se había vuelta roja por culpa de su sangre derramada. La cosieron a puñaladas mientras dormía tumbada boca abajo. De su marido, Joan P., cuentan que, tras verla, de camino a la ambulancia, sollozaba y lanzó un grito que recuerdan bien quienes lo escucharon: "¡Me he quedado solo!". Todo esto sucedió en Vilassar de Dalt, el 12 de noviembre de 2010. Era un viernes.

A Carme la enterraron y todos los que la querían pusieron en marcha un reloj que contaba las horas y los días que pasaban sin que apareciera su asesino. Los que la querían eran Núria y su marido, Josep. Pero no Joan, como se supo algunos meses después.

La fallecida Carme Blanch, con el broche con forma de libélula que se encontró en casa de Sandra. 

Núria y Carme eran primas hermanas, y vecinas. Se tenían la una a la otra de una forma mucho más cercana que la mayoría de hermanas.

LA ESCENA

Los Mossos no encontraron ninguna huella dactilar en la escena del crimen, ni restos de ADN que facilitaran la identidad de un sospechoso. Tampoco apareció el arma homicida. Sin embargo, había demasiados indicios que descartaban que se tratara de un robo. ¿Por qué?

El asesino preparó la escena del crimen como si hubiera habido un robo

Uno: Carme apareció tumbada boca abajo, de una forma que indicaba que su atacante la sorprendió mientras dormía. Es decir, ella no sorprendió a ningún ladrón que robaba, fue el asesino quien la sorprendió a ella. Dos: en el interruptor de la luz había sangre porque lo había pulsado una mano manchada de sangre -protegida con un guante-. Es decir, a oscuras, el agresor acertó al primer intento donde estaba el interruptor porque conocía esa habitación. Tres: sobre el cuerpo de la mujer, el asesino lanzó una prenda interior cómica, para humillarla. Es decir, tenía algo personal contra ella. Cuatro: se habían llevado joyas de poco valor, la casa estaba mal revuelta y junto a la puerta inferior había tres o cuatro naranjas tiradas por el suelo. Es decir, más que el desorden que dejan delincuentes que buscan algo, la casa parecía recoger las pistas que se dejan para que la policía piense que había delincuentes que buscaban algo.

UN CULPABLE EN LIBERTAD

A mediados de marzo del 2011, los Mossos detuvieron a Joan, su marido. Tras declarar y dormir dos días en el juzgado de guardia, salió sin pasaporte. En libertad con cargos. Su arresto destrozó a Núria y a Josep. Aquel "¡me he quedado solo!" cobraba un significado completamente opuesto. A pesar de las evidencias, sin confesión, ni huellas, ni arma homicida, ni un móvil claro, el caso, amontonado junto al resto de carpetas que se acumulan en un juzgado de violencia machista, se encalló.

El tesón de los amigos de la víctima evitó el archivo del crimen

El crimen habría terminado archivándose sin llegar a juicio si no llega a ser porque los que querían a Carme se rebelaron. Se presentaron como acusación particular y no dejaron de insuflarle aire a la investigación hasta que alguien les escuchó en el Grupo de Homicidios de Granollers. Estos investigadores reabrieron el caso y lo revisaron todo de nuevo, buscando pruebas que permitieran darle un reposo más justo a Carme. Tocaba volver al principio y buscar un móvil.

EL MÓVIL

El móvil tenía un nombre: Sandra. Y un apellido: dinero. Joan estaba enamorado de Sandra, la cuidadora de sus padres. Cuando estos fallecieron, casi seguidamente, en verano del 2010, Joan comenzó a mostrarse más taciturno y esquivo que de costumbre con Carme y con sus amigos, Núria y Josep. Se distanció de ellos y se entregó a Sandra para tramar la forma de que pudieran estar juntos. El problema y la solución era su mujer, que tenía en propiedad dos casas y dos almacenes. Si se libraban de ella no solo tendrían la pista despejada para estar juntos, también heredarían sus bienes.

Los Mossos sabían que si conseguían demostrar que Sandra y Joan eran amantes aportarían un móvil que daría más sentido a la investigación. Lo lograron. Descubrieron que Carme ya sospechaba de la infidelidad de su marido antes de que él la matara. De hecho, guardaba facturas telefónicas en las que había señalado con bolígrafo todas las veces que Joan llamaba a Sandra. Pincharon sus teléfonos móviles, escondieron micrófonos en su coche y grabaron vídeos que destaparon su relación. Incluso comprobaron que Joan se gastó más de 30.000 euros en una pitonisa para limpiar su aura, que cargaba con el peso del crimen.

Los Mossos consiguieron pruebas de que el marido y su amante querían librarse de Carme y heredar su dinero

La perseverancia de estos policías encontró más pruebas en la casa de Sandra. En uno de sus cajones apareció un broche de Carme, con forma de libélula. No solo la libélula de Carme no había desaparecido a manos de los supuestos ladrones en el 2010, sino que ahora aparecía en posesión de la amante de su marido.

EL VEREDICTO

La Audiencia de Barcelona ha juzgado esta semana a Joan por asesinato y a Sandra por encubrimiento. Durante la vista oral la fiscal no les ha dado tregua, tampoco los Mossos que reanimaron el caso. El jurado les ha condenado a los dos este viernes, por unanimidad.

Cabe suponer que los policías de homicidios de Granollers esta noche se tomarán unas copas para celebrar una condena que han luchado. Josep hoy se esfuerza en digerir tanta impotencia acumulada y quiere sentirse satisfecho porque la justicia, finalmente, ha llegado. A Núria, su prima, le ha fallado la voz cuando ha intentado decir algo.

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