El Periódico

UNA CURIOSA HERRAMIENTA OPUESTA A LA CALIGRAFÍA

La luz que enseña a escribir

Una maestra de Manresa ha creado un método con el que los alumnos aprenden los trazos de las letras siguiendo el recorrido de un 'boli luminoso'

La técnica ha resultado eficaz para niños con dificultades

RAFA JULVE
BARCELONA

Lunes, 31 de mayo del 2010

El 'pupitre mágico' Maria Àngels enseña a escribir su nombre a una alumna en la mesa de cristal.

Psicopedagoga y maestra de educación infantil, Maria Àngels Arnau siempre ha sentido curiosidad por saber «por qué a los niños les salen sin darse cuenta números y letras cuando hacen garabatos y, en cambio, no los saben escribir».Ese interés se acrecentó al ver que a Guillem, un alumno suyo de 5 años con parálisis cerebral (problemas de vista, poca movilidad en brazos y piernas, dificultades de atención...), le sucedía precisamente eso, que era incapaz de reproducir a conciencia ese 6 o esa a que deslizaban sin saberlo en sus pintarrajos. «Entonces me planteé crear un método para enseñarle y pensé que usando una luz en movimiento podría ayudarle a visualizar y guiarle en el recorrido de los grafismos», explica esta maestra. Fue el primer paso de un ingenioso sistema basado en un boli luminoso con el que ya han aprendido a escribir decenas de escolares de P-4 ,

P-5 y algunos de P-3 del CEIP Bages de Manresa.

El primero en probar la técnica fue el propio Guillem. Maria Àngels escribió en un folio el nombre del chico y lo pegó en una puerta de cristal de la clase. Después puso al niño delante de la puerta y ella se situó al otro lado (viendo el nombre a la inversa). Cogió un puntero de luz roja y siguió lentamente con él los trazos de cada letra mientras el niño observaba con atención. «Tú, Guillem, tienes que seguir la lucecita», le dijo. Y el chaval, lápiz en mano, repasó la palabra. Era solo el principio.

Cuidadas reflexiones

El curioso método, que su creadora ha bautizado (y registrado) como La comprensión del grafismo por la imagen visual, no fue fruto de la casualidad, sino de cuidadas reflexiones. Como que «el punto de luz tenía que ser pequeño y concentrado para no distorsionar el recorrido del grafismo», razón por la que Maria Àngels pensó que el haz debía ser rojo, «ya que visualmente es un color que la vista retiene con rapidez y ayuda a la memoria visual».

Animada por los resultados de Guillem, Maria Àngels encargó a un carpintero que le construyera un pupitre en el que el tablero estuviera ligeramente inclinado y que, en lugar de madera, fuera de cristal. Así, los alumnos podían escribir en la mesa mientras la maestra paseaba el puntero por la parte inferior. Primero, con la letra o el número dibujados en el papel. A continuación, con la única referencia del punto de partida del trazo y con el grafismo elegido situado al lado para tener una guía.

A medida que los niños iban probando el método (se tuvo que construir una pizarra especial para que todos los alumnos pudieran ver a la vez el movimiento de la luz), su inventora comprobó que también servía «para detectar problemas visuales, de lateralidad, de atención...» y que, además de convertir el aprendizaje en un divertido juego, era muy útil para todo tipo de alumnos. Incluidos los que tienen dificultades motrices, de vista, falta de concentración o descoordinación.

Aumento de la autoestima

Uno de los chavales que experimentaron considerables avances fue Jaume Martí, un niño con un trastorno generalizado del desarrollo cuya madre, Aroa, aún recuerda que «de no escribir nada pasó a escribir su nombre al día siguiente». «A mi hijo le costaba relacionarse y adquirir conocimientos. En cambio, esa vez aprendió rápido, con lo que aumentó su autoestima y se abrió más al exterior», añade la mujer.

Una de las claves del éxito de esta técnica es que «ayuda al niño a comprender el proceso de realización de los grafismos mediante el movimiento visual. No hace falta que hagan caligrafía», comenta Maria Àngels, que no obstante explicita su respeto por los otros métodos de aprendizaje.

Beneplácito de expertos

Eva Sanllehí, madre de Núria Barrera, una alumna de 6 años, califica el invento de esta psicopedagoga nacida en Cardona de «sorprendente al principio, pero muy positivo después, porque en P-4 ya saben escribir con letra de palo». Los resultados son «muy buenos» y por eso no habido ningún padre que pusiera impedimentos.

También recuerda su creadora que el método obtuvo el beneplácito de la Conselleria d'Educació, que le permitió explicarlo en abril del año pasado en el centro de recursos pedagógicos del Bages. «Además, pedí opinión a asociaciones de maestros y demás expertos», explica la autora, que ha visto cómo otros docentes ya han empezado a aplicar su idea. Y no solo ellos. Más de una familia ha decidido probarlo en casa. El próximo paso es aprovechar las ventajas de las pizarras digitales y demás herramientas de la Escuela 2.0 para sacarle el máximo provecho.

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