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Risto Mejide

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Risto Mejide

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Doscientos y pico

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Domingo, 17 de febrero del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

Este artículo no es para todos. Este artículo es para unos pocos. Con el permiso de lectores habituales y ocasionales, hoy me dirijo sólo a doscientos y pico.

FOTO: GUADALUPE <BR/>DE LA VALLINA/<BR/>`JOT DOWN MAGAZINE¿

Esto va por ti, una de las doscientas y pico personas que -dicen- hoy intentará suicidarse en España. Esto va por ti, una de las nueve -también dicen- lo conseguirá. Por esas tres que -aseguran- lo harán por causas relacionadas con la crisis. Al resto, por favor, sólo os pido vuestra complicidad, que lo hagáis llegar a potenciales doscientos y pico y que me perdonéis si en algún momento parece que hablo en vuestro nombre.

Vaya por delante que tienes toda la razón. No tengo ni idea de cómo estás. Jamás me he encontrado en tu situación, y sinceramente espero nunca tener que sentir lo que sientes como para abandonar la vida dejando atrás tanto dolor sin respuesta, así que perdóname si hablo desde mi más profunda ignorancia. No soy psicólogo ni pretendo serlo, no he estudiado tu caso y seguramente si lo hiciese no sabría qué hacer con él. Me falta formación por todos lados para poder ayudarte de verdad.

Igual también piensas que es muy fácil hablar desde donde estoy. Pero ahí te equivocas, te aseguro que para mí lo fácil sería callarme, seguir escribiendo como si no existieses y mirar para otro lado. No pienso hacerlo más, no sabes lo que me jode y me hierve la sangre cada vez que veo que desde los medios se convierte el suicidio en una estadística y que nadie o casi nadie se atreve a mencionarlo por miedo al maldito efecto llamada.

Antes de que mañana sea demasiado tarde, antes de que los demás tengamos que leer en este mismo periódico que lo has conseguido, déjame decirte algo. Tu éxito será nuestro fracaso. Y si aún me estás leyendo, déjame explicarte por qué.

En primer lugar, porque te necesitamos. Necesitamos tu historia, tus razones, tu desesperación. La desesperación, como la tristeza, como el azúcar, se disuelve mejor cuanto más la diluyes. Ya, ya sé que eso no soluciona mucho, pero a veces, compartir los problemas es trocearlos. Tú eres nuestra cara B, la trastienda de nuestro consumo, lo más parecido a una colonoscopia para esta democracia, y no podremos considerarnos una sociedad realmente saneada y civilizada hasta que no seamos capaces de ofrecerte una alternativa a tiempo. Y para eso, francamente, te necesitamos.

En segundo lugar, porque igual no eres tú, y son otros. Entre las muchas causas de suicidio están cobrando especial relevancia las económicas, y si éste es tu caso, me vas a permitir que te avise. Tú no eres el que debería desaparecer. Son los que se han lucrado llevando a gente como tú hasta este límite los que deberían dejar este mundo y todos los mundos posibles. Esos, que no se han ido, que ahí están, que quieren vendernos ahora la vacuna contra el virus que ellos mismos crearon. No permitas que tu exceso de honestidad te lleve a hacer algo que su falta de vergüenza jamás haría. Quién te ha dicho que su vida vale más que la tuya.

En tercer lugar, está la gente que te quiere y te puede ayudar. Gente a la que igual ni siquiera conoces todavía. Casualidades que se producen todos los días, y que alguna incluso te podría arrojar algo de luz. Pero por ahí no hace falta que siga, porque si te lo estás planteando seriamente es porque hace rato que has dejado de tenerlo en cuenta.

Y por último, mi argumento definitivo. Lo intentáis doscientos y pico y sólo lo conseguís nueve. Tal como está dejando este Gobierno la sanidad, tienes muchos números de acabar en un hospital público en vías de privatización en el que un becario indignado te ampute la pierna sana mientras se baja tu historial del emule, tu diagnóstico por twitter y el tratamiento por whatsapp. Y ya sólo por eso, me lo pensaría.

Perdón, se me descontrola el humor negro. Señal de que tengo que ir acabando.

Mira, yo odio la autoayuda. Pero con todas mis fuerzas. Los metería a todos en la cárcel en cuanto se declarasen autores de autoayuda. Creo que no hay nada más falaz, mentiroso y delictivo que un tipo vendiéndote la felicidad que sólo vivirá él a través del dinero que tú inviertas en creerle.

Sin embargo, reconozco que de tanto en tanto una frase cursi y ñoña puede rellenar aunque sólo sea un centímetro de vacío bajo nuestros pies. Si nada de lo que he dicho hasta ahora ha convencido aunque sólo sea a UNO de los doscientos y pico, ahí va mi último y desesperado intento, escuchado hace tiempo en una película:

Al final, todo acabará bien.

Y si no acaba bien, eso es que aún no ha llegado el final.

Por Risto Mejide

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