Mientras CiU iba desgranando su lista de promesas electorales casi a diario, el PSC aguardaba el momento óptimo para abrir su baúl de compromisos. El líder de los socialistas catalanes, José Montilla, lanzó ayer el primero, que estuvo dedicado un sector muy castigado por la crisis: los jóvenes. En concreto, los 125.000 jóvenes que conforman la generación ni-ni de Catalunya, esto es, los que ni estudian, ni trabajan. El president les propuso el establecimiento de unas becas que les permitan mejorar su formación y encontrar así un empleo estable.
Información publicada en la página 19 de la sección de Política de la edición impresa del día 17 de octubre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Los jóvenes tendrían que firmar un «contrato de futuro» con la Generalitat. Los ni-ni menores de 25 años percibirían 633 euros mensuales -equivalente al salario mínimo- durante nueve meses para costearse estudios universitarios o de FP. Luego, seguirían cobrando la beca tres meses más mientras buscan empleo.
Caso diferente serían los ni-ni menores de 30 años que ya tengan formación. A estos se les otorgaría un crédito por un máximo de 11.399 euros, que devolverían sin intereses cuando consigan un trabajo. Esta medida se ha incorporado al programa electoral que ayer remataron los socialistas en una conferencia nacional.
La negociación de las enmiendas a dicho programa no deparó grandes sorpresas, aunque el sector catalanista del PSC logró incluir en el programa una mención a la posibilidad de que el partido discuta cómo «aumentar su visibilidad» en Madrid. No se cita el grupo parlamentario propio en el Congreso, y queda claro que, en todo caso, la decisión final recaerá sobre la ejecutiva.
TONO MÁS DURO / Los discursos oficiales sirvieron para endurecer el tono del partido en dos ámbitos: catalanismo e inmigración. La número dos de la lista de Montilla, Montserrat Tura, se encargó de insuflar energía identitaria, mientras que el todavía ministro de Trabajo y número tres de la candidatura, Celestino Corbacho, se ocupó de la inmigración, materia que él ha gestionado en el Gobierno central y que el PP utiliza como su filón preferido.
Reconoció que los inmigrantes han «metido presión» sobre la tasa de paro alcanzada en el actual contexto de crisis. Y advirtió: «Una ciudad nunca debe funcionar con las normas del último que se empadrona».