El Periódico

Los SÁBADOS, CIENCIA

Manel Esteller

Manel Esteller

Médico. Institut d'Investigacions Biomèdiques de Bellvitge

Vida sintética, dioses del laboratorio

La biología permitirá editar nuestro ADN 'a la carta' como si se tratara de un programa de ordenador

Sábado, 27 de febrero del 2016

El maíz o el tomate primitivo no se parecen nada a lo que encontramos en la tienda. Durante muchos siglos hemos ido mezclando diferentes cepas para obtener los que se hallan hoy disponibles para el gran consumo de una población humana exponencialmente creciente. De la misma manera que hemos ido cruzando cánidos para acabar disfrutando de perritos pequeños y bondadosos que nos recuerdan poco al lobo. O de cerdos que tienen poco que ver con sus parientes lejanos. Hemos sido también capaces de inducir de forma más o menos azarosa mutaciones en plantas para hacerlas más resistentes a la sequía o a sus depredadores.

De esta forma los humanos hemos ido cambiando otras formas de vida. Y también nos hemos ido cambiando a nosotros mismos de forma natural, por ejemplo teniendo descendencia no solo entre homo sapiens sino también con la reproducción con otros humanos ,como los neandertales o los denisovanos, habiendo incorporado fragmentos de su genoma.

También personas con el material genético nuclear del padre y la madre, pero con ADN mitocondrial de un tercero. Nos hemos ido cambiando a nosotros y a los seres vivos que nos rodean. Pero ahora todavía se puede ir un paso más allá y la biología sintética, como si el programa de un ordenador se tratara, permitirá editar nuestro ADN 'a la carta'.

LA INFANCIA DEL PROCESO

Empezamos en su día con seres pequeños, minúsculos como las bacterias o las levaduras, y los modificamos para eliminar manchas de petróleo o para producir biofuel. E introdujimos nuevos genes en plantas para que produjeran medicinas de forma barata para llegar a los países más pobres. Y alteraramos virus para luchar mejor contra ciertas infecciones resistentes y luchar contra tumores terribles. Y un día también introdujimos un virus modificado para rescatar la función de un gen en un niño con una enfermedad minoritaria de la sangre. Pero estábamos en la infancia del proceso. Y ayer algunos imaginaron maneras para que la introducción de nuevos genes en el genoma no se hiciera de forma aleatoria sino muy precisa: en el lugar exacto donde queremos.

Y, entre otros, un científico llamado Francisco Mojica paseando por Alicante se dio cuenta de que las bacterias tenían un sistema para hacer esto. Y otros desarrollaron este sistema para iniciar otra revolución biológica. Y esta técnica la llamaron CRISPR. Una herramienta para eliminar o introducir específicamente un fragmento de ADN en nuestro genoma.

Podemos comprar peces fluorescentes producidos así. ¡Cuánta inocencia! Pero también podemos cambiar la línea germinal, es decir, que el cambio genético que hemos introducido se haga hereditario y pase a hijos, nietos, bisnietos... Los primeros estudios se acaban de aprobar en el Francis Crick Institute del Reino Unido.

CONSECUENCIAS

Quizá podremos reducir el riesgo genético de tener cáncer, demencia o enfermedad cardiovascular, los tres grandes asesinos del mundo occidental, pero ¿habrá consecuencias insospechadas? Siempre hay. Cualquier acción genera una reacción. Incluso la inacción provoca una reacción. Seremos pequeños dioses de laboratorio.

Y las nuevas posibilidades serán ilimitadas, casi infinitas. Empezamos a mezclar material biológico con sintético. No solo hablamos de personas que ya llevan un teléfono móvil implantado bajo la piel. Están en marcha las primeras combinaciones de semiconductores y neuronas. Fusionados de tal forma que no queda del todo claro dónde empieza uno y termina el otro.

Podremos crear máquinas híbridas 'inteligentes'. Y no estoy hablando de la computadora 'Deep Blue' que derrotó a Gary Kasparov al ajedrez, sino de redefiniciones de lo que llamamos ser vivo. La tecnología ya existe en buena parte hoy en día.

Un ejemplo significativo: podemos producir todo un nuevo material genético. No son los experimentos con electricidad del pionero leridano Joan Oró para crear biomoléculas a partir de la 'sopa primaria', estamos hablando de sintetizar todas las piezas de nuestro ADN. Ya se ha hecho con el genoma de bacterias y algún cromosoma humano.

ESTABLECER LOS LÍMITES

Los límites los tendremos que establecer entre todos. Científicos, técnicos, legisladores, humanistas... Y no será fácil. Seguramente saldremos adelante, como siempre. Los humanos siempre han sido una especie empujada por la curiosidad y la necesidad. Cualidades que la hicieron bajar del árbol, ponerse de pie y liberar sus manos para usar y construir herramientas.

De la piedra puntiaguda de sílex al iPhone 7. No tan diferentes. Y si un día somos capaces de reconstruir todo un genoma humano y ponerlo en el continente de una célula vacía, ¿funcionará? ¿Hay una chispa de la vida? ¿Generaremos superhombres? ¿Walking dead o Seating alive? Esperaremos los acontecimientos con interés y nostalgia de cuando las cosas eran más sencillas y seguiremos deseando que los descubrimientos sean hechos para el bien común.

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