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Olga Merino

Olga Merino

Periodista y escritora

El meteorito manchego

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Lunes, 1 de abril del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

Es probable que a Pedro Almodóvar le haya fascinado la anécdota de sus paisanos manchegos: una familia de Retuerta del Bullaque (Ciudad Real) ha conservado durante más de 30 años un meteorito metálico de 100 kilos que usaba para prensar los jamones de la matanza. Lo habían encontrado bajo una encina, en una finca familiar cerca del parque natural de Cabañeros, y se lo llevaron a casa en la furgoneta creyendo que se trataba de un amasijo de chatarra bélica de cuando la guerra civil. Tres décadas después, viendo en la tele una noticia sobre la subasta de un meteorito, se les prendió la luz de una sospecha que los geólogos del CSIC han acabado por confirmar: resulta que el pedrusco es un tesoro extraterrestre, un siderito con aleaciones de hierro, níquel y carburo, que pudo haber caído a la Tierra hace unos 100.000 años, entre el pleistoceno medio y el superior, procedente del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter. Genial.

El cuento me ha recordado una historia, bastante más épica, referida por Solzhenitsin en Archipiélago Gulag. Contaba el disidente la peripecia de unos presos en un campo de concentración estalinista quienes, durante una excavación en el extremo más gélido de Siberia, descubrieron, no se supo cómo, una capa de hielo subterráneo donde se habían conservado congelados unos peces desde hacía decenas de miles de años. Desmayados de hambre como estaban, los reos devoraron el hallazgo zoológico con sumo placer tras desprenderles el hielo.

Hace tiempo que la realidad ya no es lo que era, y estos dos relatos sugieren que cada quien moldea sus circunstancias como buenamente puede: los presidiarios famélicos se zamparon las truchas prehistóricas pasando por alto, como no podía ser de otra forma, los intereses de los ictiólogos soviéticos. Y la familia manchega dio un uso lógico, chacinero y pesante a ese pedrusco marciano, del tamaño de un melón grandote pero con una densidad superior a ocho gramos por centímetro cúbico. Cada uno tiene su verdad individual y su carencia.

El respeto y el 'escrache'

Lo peligroso empieza cuando intentan adulterarnos las escasas verdades colectivas, cuando pretenden meter miedo y hacernos ver lo que no es. Bien es cierto que la convivencia democrática se sustenta en el respeto, pero aún resulta más irrespetuoso desacreditar la práctica del escrache -arrastrar la desesperación hasta el mismo portal de los dirigentes políticos- como un acto de kale borroka de esos peludos etarras de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

Algo parecido sucede, por defecto, en Mataró, capital de las preferentes: unas 6.000 familias padecen su verdad de haber perdido los ahorros de toda una vida en el agujero negro de Caixa Laietana/Bankia. Una realidad tan difusa, tan individual a fuerza de silencio, que acaso no exista. Nadie ha movido un dedo por los estafados salvo el alcalde, Joan Mora. Y ahí están, abandonados a su suerte, a la espera de que la solución les caiga del cielo. Como un meteorito manchego.

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