El Periódico

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Jordi Évole

Periodista

El 'jet lag'

@jordievole

"Conocí a varios votantes de Donald Trump. Y oigan: ni parecían unos extremistas, ni unos radicales, ni unos locos fanáticos"

El 'jet lag'

REUTERS / MIGUEL VIDAL

Leo Messi, bajo la fuerte lluvia que ha caído en el transcurso del Deportivo-Barça. 

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No sé muy bien dónde, encontré una especie de definición de 'jet lag'. Dudo que tenga algún valor científico. Bueno, no lo dudo, no lo tiene. Pero ahí va: "'Jet lag'. El cuerpo viaja primero. El alma llega después. Como amantes que quieren encontrarse en una cita clandestina". Teniendo en cuenta que en tres días he ido y he vuelto de Estados Unidos, diría que mi cuerpo y mi alma deben como mucho haber coincidido unos minutos desayunando en el calórico 'breakfast' del hotel de carretera en Michigan.

Lo bueno del 'jet lag' es que te lleva a una especie de colocón permanente que hace que no me crea mucho lo que pasa a mi alrededor. Por ejemplo, recién llegado al aeropuerto de Detroit me enteré de que Montull había dicho que las comisiones del Palau de la Música no eran de 3%, si no del 4% a petición de Convergència. No me lo creí. ¿Qué partido de gobierno va a pedir más dinero ilícito para financiar sus cosas? Imposible.

Luego conocí a varios votantes de Donald Trump. Y oigan: ni parecían unos extremistas, ni unos radicales, ni unos locos fanáticos dispuestos a hacer cualquier cosa por volver a hacer grande a América, como decía el eslogan de campaña del presidente americano. Era tan normal esa gente que había decidido votar a Trump, que también opté por no creérmelos. Seguro que estaban disimulando su fanatismo para despistar a un pobre europeo que está convencido de que los americanos están locos y que tienen sus casas llenas de armas por lo que pueda pasar.

INCREDULIDAD

Igual mi incredulidad era tan alta porque todavía no había aterrizado mi alma. Pero llegó el miércoles y me pasé la mañana buscando un bar para ver el Barça-PSG. Lo encontré. Y claro, ahí sí que no tuve dudas. Aquello no podía estar pasando. Un gol del Barça marcado en el minuto 95 por un tío de iniciales S.R. y que no es Sergio Ramos. Que no hombre, que no puede ser.

Para corroborarlo, miré el Twitter (con lo bien que estaba yo sin él). Y ahí me encontré con el 'president' de la Generalitat escribiendo esto: “No hay nada imposible. El Barça lo acaba de demostrar jugando al fútbol. Catalunya lo demostrará decidiendo su futuro. Y diremos yo estaba allí". Estaba claro que yo seguía colocado con el 'jet lag'. ¿Cómo un presidente iba a mezclar fútbol y política si eso nunca ha pasado? Pero para asegurarme visité algunas webs de periódicos de tendencia independentista y vi que esas palabras no habían suscitado mucha polémica. Era otra señal inequívoca de los efectos del 'jet lag'. Con lo que hubiesen dicho si el tuit lo hubiese escrito Mariano Rajoy vinculando, yo que sé, la recuperación económica con una victoria del Madrid. Cada vez lo tenía más claro: nada de lo que estaba viviendo, estaba pasando.

Mi cuerpo creo que llegó a Barcelona ayer. Mi alma debe andar haciendo un enlace en algún aeropuerto europeo. Igualmente me senté el domingo por la tarde a ver otro partido de fútbol. Aquí no hubo remontada. Que alguien me confirme que tampoco pasó, por favor.

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