El Periódico

Sábado, 28 de mayo del 2016

Está dormido con una camiseta amarilla sobre el sillón blanco. El flequillo rubio le tapa parte de la cara. Duerme plácidamente la siesta en una tarde de verano. El delicioso sueño se ve interrumpido por una mano que acciona la música de un teléfono móvil. Comienzan a oírse los primeros sones del himno del Atlético de Madrid a todo trapo. Y él empieza a parpadear y a frotarse los ojos en cuanto lo escucha. Un segundo después se incorpora, todavía medio dormido, y empieza a cantar «Atléeeeti...Atléeeeti...Atléeeetico de Madrid» mientras no para de mover los brazos de arriba a abajo.

Jan tiene 6 años y me cuenta su padre, Bernardo, que hacer sonar de esta manera el himno de su equipo es la única manera que hay de despertarle cuando se pone perezoso en la siesta. Bernardo es montador de películas de cine y acaba de firmar su gran obra maestra. Ha grabado durante los últimos seis años su propia vida. En realidad, se trata de su propia vida a través de la historia de su hijo.

El día que nació, Bernardo y Mónica notaron que algo ocurría. Enseguida les dijeron que Jan tenía síndrome de Down. Como el propio Bernardo escribió entonces en su blog personal: «Todo está siendo nuevo para nosotros. De pronto la vida pega un giro y cambia su sentido. Silencio. Emoción». Ese blog que Bernardo ha seguido alimentando cada día desde entonces ha terminado ahora por convertirse en una película ('La historia de Jan') que se va a estrenar en los cines españoles este próximo otoño.

Para sus padres todo el proceso ha servido como terapia. Y se ha convertido en una herramienta para otras familias en su lucha contra el miedo y la ansiedad que provoca no saber qué va a pasar al día siguiente.

LÁGRIMAS DE ESTRELLA

Hace unas semanas la distribuidora A Contracorriente organizó un pase especial para el preestreno. Ese día Jan pudo ver por fin la película terminada. Acudió como una estrella. Llevaba sus gafas rojas, una americana azul y una pajarita a juego. Cuentan sus padres que al terminar el pase lloró porque quería verla otra vez.

Decenas de horas de rodaje condensadas en un filme en el que hay un intento por normalizar la vida con todos sus baches y sus hoyos, todos sus saltos y sus parones. La vida al fin y al cabo.

En unas horas se juega en Milán la gran final de la Champions entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid. Bernardo dice que Jan no se la va a perder. Así que si los madridistas no conseguimos traernos la undécima de la capital italiana, en casa de Jan podrán celebrar a lo grande, y quizá grabar, su felicidad que tendrá la banda sonora de todos sus despertares a media tarde, de todas sus sonrisas...

De la vida al fin y al cabo.

No le asusta tener que ganarse la titularidad, pero tampoco quiere aburrirse en el banquillo