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David Torras

OBJECIONES A VALERO RIVERA

David Torras

Periodista

La ética del pluriempleo

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Sábado, 2 de febrero del 2013

Valero Rivera es el autor de un equipo campeón del mundo y de una de las finales más enormes de la historia del balonmano. Es indiscutible. Y en esta gran conquista también ha jugado un papel estelar el otro Rivera, el hijo del seleccionador, que ha demostrado que pesa mucho más su calidad que su apellido y que ha superado una situación de máxima presión. Hay que reconocer que habría sido fácil despotricar de esta decisión y denunciar el favoritismo del técnico si su actuación no hubiera estado a la altura. Valero, como cualquier técnico, es libre de elegir a los jugadores, y su espectacular currículo le avala. Tiene carta blanca.

Pero hay una cuestión que le condiciona y que emborrona su papel como seleccionador. Ni siquiera el éxito le disculpa, porque entra en el terreno de la ética, y ahí el fin no debería justificar nunca los medios. Este diario publicó hace meses que Valero compaginaba su cargo de seleccionador con el de representante, y que siete de los 16 de los seleccionados pertenecían a su propia agencia. Si cualquier selección ya implica siempre objeciones, ni que sean puramente deportivas, es inevitable que este componente aumente las suspicacias, sobre todo cuando uno de sus representados es el suplente del suplente del descartado Juanín.

Pero lo que parece una incompatibilidad manifiesta -y que desde luego no se justifica por el hecho de que el presidente de la federación aceptara la situación (Juan de Dios Román es más responsable que Valero por permitirlo)- apenas tuvo eco entonces y mucho menos ahora, con el éxito. Al contrario. Parece que el hecho de haber ganado el título justifique cualquier actuación, y Valero se presenta como víctima de una campaña y no como el responsable de una actuación inaceptable.

Son dos debates distintos. El deportivo es incuestionable. La actuación personal es otra cosa, y aquí parece que haya distintas varas de medir. Es curioso que uno de los reproches que se le hace a Mourinho es su debilidad/facilidad para fijarse en jugadores con quien comparte representante: Jorge Mendes. Se ha hablado de una presunta connivencia y hay coincidencia en poner bajo sospecha esa práctica, a pesar de que no está demostrado que Mourinho reciba un beneficio económico de esa elección. Y, en cambio, nadie parece darle importancia al doble papel de Valero, que sí supone un beneficio, no solo porque se antepone su trabajo como técnico sino también porque siempre ha gozado de muy buen trato con los medios.

Pero pongamos el ejemplo de alguien que también merece ese máximo respeto. ¿Se imaginan a Del Bosque ejerciendo de seleccionador/representante? Por supuesto que no. De hecho, a la simple pregunta de si un entrenador puede actuar también de agente, sin poner ni cara ni apellidos, la respuesta sería unánime: NO. Y tampoco vale que el mundo del balonmano no sea comparable al del fútbol. Incluso dando por hecho que a la hora de configurar la selección prescinda totalmente del lazo empresarial que le une a los jugadores, y sea totalmente honrado y escrupuloso, cosa que no tiene por qué ponerse en duda, no es suficiente. Valero se ha ganado sobradamente el derecho a seguir como seleccionador, aunque no ha decidido si lo hará. Y a tener un contrato mejor. Pero que deje un pluriempleo que no se justifica ni con un Mundial.

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