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Martes 26 septiembre 2017

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LOS RESTAURANTES DE PAU ARENÓS

Can Ros: cuando el arroz engancha

Camino de los 110 años, esta taberna de la Barceloneta sigue siendo una dirección de confianza para el vecindario

Jordi Ballester, de Can Ros, explica cómo prepara un arroz con 'capipota' y langostinos.

Jordi Ballester, de Can Ros, explica cómo prepara un arroz con 'capipota' y langostinos.CHRISTIAN MORALES

Fui dos veces a Can Ros con diez días de diferencia: para compensar (y aclararme), puesto que están en activo desde 1908 y jamás había puesto los pies en el establecimiento. Sin embargo, conozco hace tiempo a los propietarios, Marta Cid y Albert Enrich, que concibieron La Mar Salada como apéndice de Can Ros y ha acabado superando a la casa madre.

Hace un par años apareció el cocinero Jordi Ballester (tres años con Rafa Peña en Gresca), sustituto de la señora Lucía, que estuvo casi medio siglo ante los fuegos: eso sí que es tostarse y no el 'panching' al sol de la Barceloneta.

Hicieron reformas y les ha quedado una taberna sobria, sin las horteradas de los decoradores de secano. En la primera visita pedí lo que llaman 'La paella', aunque la cocinan en cazuela de hierro, y la acaban en el horno. Buen arroz, gambitas al punto, subido de sal, como tantas veces sucede. ¿Qué pasa con las marcas, con los caldos? Amigos cocineros, ¡probad, por favor!

Albert Enrich, que ese día se pasó por Can Ros antes de que me metiera una cucharada en la boca, me recomendó el arroz de 'capipota' con langostinos. Regresé y esta vez sí, la cazuela rebosante de colágeno era de primera. Un arroz que engancha, de los que se recuerdan por su singularidad. Pregunté después a Jordi, el cocinero, de dónde había salido: «En un restaurante en el que había trabajado nos quedó 'capipota', necesitaba que cundiera y añadí arroz». Este año probé en la Fonda España la misma combinación (más atrevida: con manzana y anguila) y puntuó alto.

Can Ros

Almirall Aixada, 7 Barcelona
T: 93.221.45.79
Precio medio (sin vino): 30 €
Menú mediodía: 14 €

El precio de la ración es de 16 euros, menos de lo habitual por estas latitudes, donde lo corriente es quemar un billete azul por plato: una barbaridad. A mediodía imprimen un menú de 14 euros, con la posibilidad de un platillo arrocero (con suplemento, snif).

Pregunto a Jordi por el #arrozparauno y está dispuesto a sacarlo siempre que no se colapse la cocina.

Al principio de la crónica escribía: «Aclararme». Me pareció que Can Ros podía ser un ejemplo de taberna marinera, donde pusieran a navegar los platos de barca con nuevas velas. Vi un 'bao' y vi un 'dürüm' y no lo entendí: Jordi me explicó que incorpora y saca cosas y que va probando y que cuando ventea un 'suquet' de salmonetes, no lo piden. Es la sala la que tiene que vender la oferta particular, lo vertebral, y lo complicado. La comanda Guillem Faura con timón y simpatía, si bien algunas cosas deberían estar mejor controladas.

Texto Alternativo

Vinos frescos y ligeros, como Cuca de Llum y L'Abrunet. Me gustaron el carpacho de langostinos con tomate (demasiado praliné de cacahuete), los calamares a la romana, las alcachofas fritas y el 'tartar' de atún (mejor rebajado de soja, o con otro aliño). La sardina de la coca con escalivada era excelente, aunque cambiaría el hojaldre por pan y tiraría a la basura el bote de crema de balsámico (cuya misión era que no resbalara la pieza, según me contó el cocinero). De postre, sopa de piña con maríaluisa y helado de coco.

Aumentar el número de arroces y refinar la cocina marinera: Can Ros para otros cien años.

LO+

La hábil mano para los arroces y el tapeo clásico.

LO-

Algún despiste en la sala y platos alejados de lo marinero.