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CRÓNICA

Un Víctor Manuel integral

El cantautor recorrió su carrera con un recital intimista en su estreno en el Liceu

Sábado, 22 de diciembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

En Vivir para cantarlo, Víctor Manuel asume todo su pasado y su obra, incluidas algunas canciones, las más lejanas, que seguramente le chirrían a los oídos y un poco más hondo. El jueves las sacó a pasear en su debut en el Liceu con orgullo y entereza, acompañándolas de apuntes autobiográficos, en un exhaustivo recital de más de dos horas programado por el Festival del Mil·lenni.

Víctor Manuel, durante su actuación del jueves en el Liceu. ELISENDA PONS

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Información publicada en la página 47 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 22 de diciembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Fueron 34 piezas con las que Víctor Manuel recorrió sus cerca de cinco décadas de trayectoria discográfica arropado por solo dos músicos, un teclista, su hijo David San José, y el guitarrista Ovidio López. Recital de estética desnuda y amplio margen para que el protagonista se extendiera en explicaciones teatralizadas que encontraron la complicidad del público. Empezando por la melancólica Mis recuerdos y por algunos de sus canciones primerizas, como La romería y Paxarinos.

ESTROFAS PATRIÓTICAS / Entre esas partituras juveniles hubo viñetas obreras realistas (la épica minera de El abuelo Vítor y La planta 14), precoces frescos antimilitaristas (El cobarde) y un canto patriótico a ritmo de pasodoble que interpretó sin tomárselo en serio, con sonsonete burlesco: Soy de España, en la que proclama «Yo soy español / la tierra del fútbol / del toro y del sol», y cuya interpretación resulta de lo más oportuna estos días en Catalunya. No, no cantó Un gran hombre, la loa a Franco que compuso a los 18 años. La aceptación del pasado tiene límites razonables.

Poco a poco entraron en acción las canciones de corte más libidinoso. «Yo no dije 'te quiero' en una canción hasta los 21 años», recordó el cantautor, y repescó Quiero abrazarte tanto, con invitaciones como «vente conmigo al huerto» y alusiones a cuerpos, pechos y lobos en celo. «Una canción que tenía sexo. De 1970, sí, pero sexo», precisó.

Ana Belén irrumpió en el temario, en espíritu, a través de Canción para Pilar, pórtico de la etapa de mayores aciertos comerciales, ya tras la transición. «Cuando los políticos recuperaron su espacio me dediqué solo a cantar», apuntó antes de entonar Solo pienso en ti con un arreglo encrespado. Recorrió los éxitos de una era (Soy un corazón tendido al sol, Luna, España camisa blanca de mi esperanza, Ay, amor) y aterrizó en piezas modernas como La doble muerte de Juan Diego, sobre los simpapeles que murieron en el atentado del 11-S, antes de culminar la noche volviendo a casa con Asturias. Víctor Manuel, en una serena y cómplice versión integral.

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