El Periódico

La Comissió de la Dignitat ha rescatado el archivo del fotógrafo de Mauthausen

Los expertos de la asociación Foto Connexió y Josep Cruanyes identifican las fotografías de la guerra civil que salieron a subasta como el trabajo de Francesc Boix durante la guerra civil, perdido en los campos del sur de Francia

Francesc Boix fotógrafo de los campos de Argelés

Francesc Boix fotógrafo de los campos de Argelés

ERNEST ALÓS / Barcelona

Miércoles, 24 de julio del 2013 - 16:36 CEST

  • Josep Cruanyes (izquierda) y Ricard Marco, con copias de las fotografías de la guerra civil de Francesc Boix.

  • Francesc Boix, tras la liberación de Mauthausen

El entusiasmo del abogado Josep Cruanyes, de la Comissió de la Dignitat, de los expertos del colectivo Foto Connexió y de los particulares y entidades (Ara Llibres y la revista 'Sàpiens') que aportaron de sus bolsillos 7.500 euros han conseguido un pequeño milagro. Evitar que saliese a subasta y acabase en un destino incierto un fondo de 1.368 negativos de la guerra civil y la república cuyos autores han resultado ser Francesc Boix, el heroico fotógrafo catalán que logró esconder de los nazis centenares de fotografías del campo de concentración de Mauthausen y que sirvieron de prueba en el juicio de Núremberg, y muy probablemente su padre, el sastre y fotógrafo aficionado Bartomeu Boix.

La Generalitat declinó adquirir el archivo, conservado en tres cajitas, después de que fuese analizado por expertos de varias de sus instituciones, que descartaron la compra por falta de recursos (el precio inicial era de 25.000 euros) y dudas sobre la relevancia de las imágenes. Pero el trabajo de investigación sobre un archivo hasta ese momento anónimo, desde la adquisición el pasado mes de marzo, ha tenido resultados muy rápidamente. El fondo, a partir del cual se hará una exposición, será donado finalmente al Arxiu Nacional de Catalunya. Están trabajando aún en la documentación de las imágenes, de forma desinteresada, los archiveros y fotógrafos Pep Parer, Mariano Blanco, Ricard Marco, David González, Lluís Saura, Laia Foix y Ramon Barnadas.

Varias pistas llevaron a la conclusión que hoy se ha presentado públicamente. El nieto de la pareja que aparecía fotografiada el pasado mes de marzo en la portada de EL PERIÓDICO llamó a la Comissió de la Dignitat después de identificar a sus abuelos, el capitán Ventura Pau Soler y su esposa Montserrat Sureda Pijoan: conservaba, además, una copia de la misma fotografía, con una nota en la que constaba Boix como su autor. Una antigua militante que también aparecía en las imágenes, Maria Fabregat, también recordaba a Boix, y, sorpresa, al examinar los negativos detenidamente en varias imágenes (se supone que tomadas en momentos en que dejó su cámara a un compañero para que tomase fotografías de sí mismo, aunque tampoco se puede descartar que aún hubiese un tercer fotográfo tras este archivo) aparecía el jovencísimo Boix. El archivo contiene escenas de combate, vida cotidiana y retratos de miembros de las divisiones 24ª y 30ª, encuadradas en el XIX cuerpo de Ejército en los frentes de Aragón y del Segre y formadas a partir de las columnas de voluntarios del PSUC, ERC y Estat Català, y de militantes de las juventudes del PSUC como el propio Boix y Gregorio López Raimundo.

Pero un análisis grafológico de las notas que envolvían los negativos ha identificado solo dos caligrafías: la de Francesc Boix en las fotos de la guerra civil contenidas en una caja de madera (unas 700) y las de otra persona (según el informe, por la similitud de muchos rasgos, un familiar suyo de más edad) en las dos cajas de lata que contenían 660 fotografías que se remontan a 1931.

Un jovencísimo Boix (nació en 1920) sirvió durante la guerra civil como fotógrafo de la 30ª división y colaboró en el órgano oficial de las Joventuts Socialistes Unificades (JSU). Marchó al exilio con una maleta a la espalda (así aparece en una foto de Robert Capa que recoge su llegada al campo de Barcarès) que podría contener las fotos ahora redescubiertas, fue enviado a un batallón de fortificación a la línea Maginot (ahí se perdería el rastro de las fotografías, que aparecieron 70 años más tarde en propiedad del militar jubilado francés que las puso a la venta) y allí fue preso por los alemanes y enviado finalmente a Mauthausen. En el campo de concentración trabajó en el laboratorio de fotografías de los SS del campo y se jugó la vida haciendo y escondiendo copias clandestinas de las imágenes que mostraban las salvajadas de los guardianes del campo y las visitas de jerarcas nazis. Estas fotografías fueron utilizadas como prueba en Núremberg y Boix fue el único español que testificó en ese proceso contra la cúpula del régimen de Hitler. Tras la guerra, Boix reemprendió su actividad como fotógrafo en el diario 'L'Humanité', pero con la salud muy debilitada tras la experiencia del campo de concentración falleció en 1951, a los 31 años.

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