El Periódico

EDICIÓN EN CASTELLANO 95 AÑOS DESPUÉS DE LOS HECHOS

El príncipe travestido que asesinó a Rasputin

Las memorias de Félix Yusúpov narran la conspiración contra el santón

ERNEST ALÓS
BARCELONA

Viernes, 30 de diciembre del 2011

  • Rasputin y uno de sus asesinos, el príncipe Félix Yusúpov (derecha).

  • Rasputin y uno de sus asesinos, el príncipe Félix Yusúpov (derecha).

Envenenado, tiroteado, apaleado y arrojado al río, el santón, sátiro e intrigante Grigori Yefimovich Rasputin fue asesinado en la noche del 29 al 30 de diciembre de 1916, hace hoy 95 años, en los sótanos del palacio del príncipe Félix Yusúpov, el principal de los conspiradores que decidieron eliminar al brujo que tenía abducida a la zarina Alejandra. El ejecutor material del crimen dejó su versión de los hechos en sus memorias, reeditadas en castellano por primera vez desde 1954 con el título de Memorias de antes del exilio (Alba). Una crónica cortesana de la Rusia zarista que caminaba ciega hacia la revolución y el retrato de un personaje tan liviano como interesante.

En sus memorias, Yusúpov, descendiente de los janes tártaros de Nogai, hijo del comandante de la Guardia Imperial, casado con una sobrina del zar que mostró «comprensión» por su vida pasada, hace poco por ocultar una juventud alegre, que narra, eso sí, con noble pudor. Sí explica cómo se inició en el sexo a tres, con 12 años, con un moreno argentino y su amiga (parece recordar más al argentino), tomó por costumbre vestirse de mujer (el rey Eduardo VII le tiró los tejos, pero el vital Bertie no tuvo oportunidad de averiguar qué se escondía bajo sus faldas) y defiende a los practicantes de los «amores singulares».

RELACIÓN ÍNTIMA / Uno de los personajes más decentes de la familia imperial, el gran duque Nicolás Mijailovic, escribió en sus diarios que los motivos de Yusúpov no eran exclusivamente políticos, sino resultado del despecho tras una relación íntima con Rasputín. Un rumor que Yusúpov parece querer conjurar describiendo su «asco» ante los abrazos, besos y palmaditas que el siniestro personaje le administraba y hasta qué punto se sentía «mancillado» por tener que tratar con él para ganarse su confianza (más bien seducirlo).

Con todo, ¿fue Yusúpov un sacrificado salvador de Rusia, un amante despechado o nada de eso? ¿Son sus memorias una maniobra de ocultación de los verdaderos inductores? Porque en el libro no encontraremos ningún indicio de la pista inglesa: la posibilidad, argumentada en la obra del británico Michael Smith Six: A History of Britain's Secret Intelligence Service, de que Londres ordenara la ejecución de Rasputín con el fin de atajar sus conspiraciones para retirar a Rusia de la guerra. Hay incluso dos serios sospechosos, los oficiales de inteligencia Oswald Rainer y Stephen Alley, el primero compañero de estudios de Yusúpov en Oxford (y el segundo amigo de su familia).

No obstante, el interés de las memorias de Yusúpov no está solo en su versión del asesinato de Rasputín, sino también en la descripción de las costumbres, las intrigas, el derroche, la frivolidad y la visión del mundo (antisemita, crédula, indiferente ante la miseria, paternalista con los sirvientes) de la aristocracia que administraba como si fuese una finca el imperio ruso en los años previos a la revolución.

Quizá las palabras de Yusúpov no sean la versión definitiva sobre uno de los crímenes políticos más novelados de la historia. Sí una buena manera para comprender por qué se tomó el Palacio de Invierno y por qué acabaron Nicolás II, su familia y sus cortesanos o en fosas comunes o en el exilio.

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